El montaje, del que se ofrecerán cuatro funciones hasta el domingo 24, está inspirado en un hecho real, un inexplicable crimen de dos criadas modelo que se ensañaron en los cuerpos de su señora y su hija. Un crimen horrible perpetrado por dos empleadas domésticas perfectas y limpias a cuya señora llamaban secretamente ‘mamá’.
A partir de esta tragedia, el texto se sumerge en el terreno de los simbólico, el propio terreno del arte, y nos propone una historia paralela en la que indaga sobre la identidad. Dos sirvientas que aprovechan las ausencias de la señora para ponerse sus ropas y joyas, para jugar a ser la señora y la criada. Juego que llevan hasta sus últimas consecuencias. Profetas sigue el consejo de Genet para su puesta en escena ‘en proceso’, por lo que cada representación pasa a ser singular según el escenario en el que se represente.
Las criadas se ofrecerá de jueves a sábado, a las 20.30 horas, y el domingo 24, a las 19.00 horas, en el Teatro Guiniguada que gestiona el Gobierno de Canarias. Las entradas pueden adquirirse en www.entradas.com y en la taquilla del teatro los días de función, al precio de 12 a 15 euros. La compañía ha puesto además precios especiales para grupos y descuentos del 50 por ciento para parados, jubilados y estudiantes.
La compañía canaria ha elegido este espectáculo para celebrar su treinta y tres aniversario, una larga trayectoria profesional que se ha nutrido principalmente de textos contemporáneos de calidad e interés en sus temas y contenidos, aderezados con humor como herramienta lúcida e inteligente para llegar a la sensibilidad del espectador, y la imaginería como herramienta plástica para multiplicar los sentidos de la propuesta. Han sido casi una treintena de espectáculos, con muchos de los cuales han superado los límites de la insularidad para situarse en muchos escenarios peninsulares y también de México, Cuba y Venezuela.
Para Profetas del Mueble Bar, esta pieza ‘encuentra eco en este tiempo histórico que nos toca vivir, un tiempo en el que también estamos hartos de ocupar el último escalón, un tiempo de crisis, un tiempo de indignados que ven como los mercados, que hasta ayer nos convencieron de que todos podíamos ser señores, hoy ni nos concede las migajas y se reservan para sí el papel de la señora devolviéndonos a nuestro miserable rol de sirvientes’.










