De Alexander Borodin, el Nocturno, el fragmento más popular de un cuarteto de cuerda que compuso dedicado a su esposa. Esta parte es un andante de cantabiles melodías cuyo tema principal es presentado por un violonchelo, sostenido del acompañamiento de acordes de violines y violas, el cual va variando a lo largo del tema, evitando la monotonía. Termina con una reexposición del tema principal a cargo del primer violín.
La Serenata para orquesta de cuerda en Mi mayor, op 22, de Dvorak, cierra el concierto. Es una obra deliciosamente poética, intimista y de una extraordinaria melodía. Consta de cinco movimientos en los que Dvorak renuncia del todo a cualquier efecto exterior, buscando más bien la unidad del conjunto a través del principio cíclico de una cadena de melodías interminables.
Un buen programa y un grupo de excelentes músicos, así que espera un lleno total.