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25 Ene

La Cámara de Comercio advierte de la necesidad de vincular las políticas educativas con las de empleo

Santa Cruz de Tenerife/ El espectacular crecimiento del número de personas en búsqueda de un empleo en Canarias durante los últimos tres meses del año 2017 ha impedido que, a pesar de haber aumentado la ocupación, esta no haya sido suficiente para reducir el número de parados, los cuales crecieron en 7.100 personas.

A pesar de ello, Canarias siguió generando empleo y reduciendo su número de parados durante el año 2017, aminorándose la tasa de paro un 2,9% hasta situarse en el 22% de la población activa, un 5,4% superior a la tasa media nacional.

El principal motivo por el que la tasa de desempleo no se ha reducido en mayor medida, a pesar del descenso en el número de parados, ha sido por al incremento de la población activa, esto es, la población que puede y quiere trabajar. Una mayor presión de personas buscando un empleo en las islas que aumentó en 18.000 activos en el último año (1,6% de crecimiento frente al 0,1% nacional) hasta situar la cifra total de en 1.118.300 personas, un nivel no visto en la historia de Canarias.

Así, el número total de ocupados se situó a finales de 2017 en los 871.800, 45.500 más que un año antes; mientras que los parados ascendían a 246.400, 27.600 menos que los existentes a finales de 2016 y el primer valor por debajo de los 250.000 desde diciembre el año 2018.

Unas cifras que ratifican cuatro años consecutivos de recuperación del mercado de trabajo en las islas, durante los que la ocupación ha crecido con 113.100 empleos más, el desempleo se ha visto reducido en 95.800 personas y la tasa de paro ha retrocedido un 11,1%.

Resultados esperanzadores, pero que también señalan que todavía hay 106.600 parados más que a finales de 2007 y que la tasa de paro está un 11,1% por encima de la de hace diez años, debido a que Canarias tiene 119.080 activos más. Una realidad que según apunta el presidente de la institución cameral, Santiago Sesé, nos debe hacer más exigentes con las políticas activas de empleo y con las políticas económicas dirigidas a mejorar la actividad y el desarrollo empresarial de las islas.

Pero la principal baza para conseguir la recuperación sostenida del empleo en las islas es la educación y la formación. "Canarias tiene que planificar sus políticas educativas de acuerdo con las necesidades presentes y futuras de nuestro mercado de trabajo. Una obviedad que no parece aplicarse, dado que cada vez más son los empresarios que encuentran dificultades para cubrir determinados perfiles profesionales, que no se encuentran en la bolsa de desempleados inscritos en las oficinas de empleo público, de las que también deberíamos de hacer autocrítica pues todos sabemos que no son prioritarias a la hora de ofertar o buscar un empleo", apunta Sesé.

Si queremos que nuestra sociedad avance y sea competitiva tenemos que cambiar el patrón de crecimiento del empleo, primando la productividad y diversificando las fuentes de creación del mismo ya que están excesivamente sustentadas en la hostelería, sector que pudiera estar llegando a sus límites de ocupación, atendiendo al extraordinario número de turistas que están recibiendo las islas.

Además, continúa destacando el presidente cameral, "la sociedad en general y los gestores públicos en particular, hemos de asumir que el mercado laboral está cambiando de manera vertiginosa y que necesitamos adelantarnos a los mismos si no queremos que desaparezcan muchas empresas y con ello, muchos puestos de trabajo".

Canarias ha de afrontar los nuevos desafíos en el ámbito del empleo que en estos momentos están liderados por la robótica, la digitalización y la globalización. Cambios que ya están ahí y que modificarán la forma de producir bienes y servicios de las empresas y, por tanto, las relaciones laborales y el empleo del futuro y de los que solo podremos salir airosos con la educación y la formación adecuadas, sin obviar la predisposición al cambio y la necesidad de la actualización permanente de empresarios y trabajadores para adecuarnos a la que se ha denominado "cuarta revolución", liderada por el desarrollo de las tecnologías.

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