Una de las labores que realizamos aquí es el atender a los chavales que van a la escuela pero tienen importantes deficiencias en lo estudiado. Los profesores no tienen la cualificación que sería deseable y antes de cenar nos ponemos con ellos a explicarles los deberes u otras cosas que creamos importantes. Digamos que nuestro centro, donde dormimos, es la casa de los Pérez, siempre llena de niños. Uno de ellos es Ben. Quizás os resulte pesado, pero Ben también es huérfano y va hecho un desastre siempre que lo veo. No es sólo él, la mayoría viste con harapos todo el día. La aguja y el hilo no son herramientas comunes y antes hay que comer que coser.
Antes de conocer a Ben me habían comentado que era un chico un poco
travieso, pero os tengo que decir que no es ni ha sido nunca así
conmigo. Es un encanto. Cada vez que me encuentra por la calle me
recuerda que le tengo que ayudar en los deberes por la tarde. Y así lo
hacemos, yo y los demás voluntarios. Hoy mismo me ha dicho Bonnie, la
mejor voluntaria que conozco, es de Canadá, que le eche una pequeña
bronca a Ben porque lleva varios días sin ir a clase y cada uno de
ellos pone una excusa distinta. Ella sabe que a mí me hace caso. Con
esto os digo que aquí nadie se preocupa de los niños que van por la
calle solos. Son huérfanos y no tienen a nadie que les marque las
pautas a seguir.

Ben, no recuerda cuándo, a edad temprana, sufrió un accidente que le
quemó una parte importante del cuerpo con agua hirviendo. Tiene la piel
hecha un desastre y no se pudo curar correctamente en su momento, pero
podéis ver en la foto que no le falta la risa y las ganas de que le dé
un enorme abrazo. Cuando le miras a los ojos se te cae el alma porque
con ellos está gritando que necesita ayuda y todo el amor del mundo. Y
lo peor es que no debes cogerles demasiado cariño porque todos sabemos
que, tarde o temprano, nos iremos de aquí y ellos se quedarán, una vez
más, sin un familiar, un amigo, un voluntario que se preocupe por
ellos. Tarea difícil porque una cosa es deber y otra querer.
No lo digo por mí sino por los que aquí se encuentran trabajando. Están
realizando una tarea excelente. Nuestra primera tarea son los niños y
luego los niños. Hay demasiadas carencias en esta parte del infierno.
Camerún no dispone de recursos para poder atenderles; la educación es
un desastre; el Gobierno está totalmente corrompido y no dedica sus
recursos, como debiera, a solventar este problemas y muchos otros. Sólo
una parte pequeña, muy pequeña está enriquecida y la gran mayoría
subsiste día a día para llevarse un trozo de pan a la boca. Os cuento,
algo que me ha extrañado sobremanera. Puedes ver a los padres y madres
por las calles con las ropas totalmente limpias y bien aseados y, al
lado de ellos, cuando van con ellos, que es casi nunca, los niños
hechos un desastre. Aquí tratan a los niños como si fueran gallinas. No
exagero. Pero todos ellos tienen unas ganas enormes de aprender. Son
ellos los que te piden que les ayudes, no se lo tienes que pedir ni
obligarles a ello. ¡Dios!, ¡cuántos de vosotros suplicaríais por ello!
Yo hablo por lo que conozco de esta región, pero por lo que me tienen
contado los que aquí viven, es así en Camerún.
Me quedan muchas cosas que contaros así que os espero hasta el próximo
artículo, si Dios quiere (y para los que no tenéis fé, si el Destino lo
dicta así o la Suerte o lo que sea...¡qué más dá!).
Saludos desde Camerún
Antonio Pérez (
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
)
P.D.: Sentiros libres si queréis escribirme unas letras al correo
(A Victoria y Cecilia)