El pasado Lunes 19 de diciembre fue el cumpleaños de Nelson. Nelson es un estudiante de la Universidad de Buea que pasa las mismas penalidades que la gran mayoría aquí, pero es una persona afortunada porque, al menos, puede estudiar. No comer todos los días, pero sí dedicar su tiempo a estudiar. Nelson llevaba tres semanas planeando su cumpleaños y siempre diciéndome lo que quería ofrecernos en demostración de su gratitud hacia nosotros.

Que si una hermosa ensalada; que si un plato de judías negras con arroz
blanco; que si esto o lo otro. El día de su cumpleaños me acerqué
temprano a su casa para felicitarle y no estaba. Lo vi al mediodía y
pude hacerlo y le pregunté a qué hora pensaba celebrar su fiesta y, con
cara apesadumbrada, me indicó que no podría ser porque no tenía nada
que ofrecernos. Le comenté que seguro que algo habría para compartir,
que no se preocupara.
A las nueve de la noche nos juntamos unas 20 personas, cada uno de
nosotros con algo que llevar y comimos y bebimos lo que buenamente,
cada persona llevó a su casa. No os puedo explicar la cara de
satisfacción de Nelson. Al empezar con sus costumbres, lo primero que
se hizo fue echar de la casa a Nelson y, dentro los demás, con un
respeto absoluto, esperamos a que volviera a entrar y se ofrecieron
unas palabras de agradecimiento a la vida porque un año más él se
encontraba en nuestra compañía.
Acto seguido, todos los amigos se pusieron a rezar para agradecer a
Dios que Nelson cumpliera sus 28 años. Después cada uno de los
voluntarios le cantamos el cumpleaños feliz en nuestro idioma de
origen. Inglés, francés, alemán, judío, español y pidgy, que es la
lengua local de Camerún. Nos ofrecieron lo poco que había para comer
(una exigua ensalada, palomitas y una botella de refresco para todos
los que estábamos).

Cuando terminamos se abrió una botella de algo parecido al champán, es
un refresco que se sirve en ese formato. Nelson hizo callar a todo el
mundo y nos explicó que para él era un orgullo que estuviéramos allí y
que, como reconocimiento y respeto, me ofrecía el honor de abrir la
botella. Así lo hice, con el orgullo de ser el más viejo allí presente.
Después de los vítores y demás, empezaron a cantar unas canciones que
tenían que ser acompañadas con una especie de juegos. Cantar, tocar las
palmas, bailar. Lo pasamos bomba y estoy seguro de que Nelson nunca
olvidará su 28 cumpleaños.
Es sorprendente la importancia que se le da a cumplir años. Cada uno es
un milagro para ellos. No importan los regalos porque no existen; lo
que importa es estar con los seres queridos. Sentirse arropado por los
que conviven contigo, los que tienes cerca, porque mañana, quizás, no
volverás a verlos. ¡FELICIDADES NELSON!
Saludos desde Camerún
Antonio Pérez (
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