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Canarias/ En Canarias, sólo el 4 por ciento de las empresas
familiares llega a la tercera generación. La mayoría se encuentran
actualmente en primera generación, destacó la viceconsejera de Economía
del Gobierno de Canarias, Matilde Asián, durante la inauguración del
III Encuentro de la Empresa Familiar, organizado por la Cámara Oficial
de Comercio, Industria y Navegación de Las Palmas.
Precisamente, en este Encuentro se tratará de "dar claves diferentes a
lo que es el protocolo y la sucesión, dar otras soluciones para que
esto no suceda", explicó el presidente del Instituto de Estudios de la
Pyme Familiar (IPYMEF), Ramón Pérez.
"Hasta hoy, la falta de preparación de estas empresas" ha provocado que
la desaparición de las mismas sea muy elevada, indicó, resaltando que
la Unión Europea prevé que "casi un millón de empresas familiares no
superarán los cambios" que se producen en la economía mundial.
En Canarias, las empresas familiares representan el 90 por ciento del
total de empresas, lo que representa un 80 por ciento de la economía
regional, superando a la media nacional, que se sitúa en el 85 por
ciento de las empresas censadas y que aportan el 70 por ciento del PIB
nacional.
En el Encuentro, se abordarán "los problemas que se plantean
diariamente en las empresas", así como la necesidad de tener más
comunicación "con los fundadores y con los sucesores", y las novedades
del impuesto de transmisiones y donaciones que, a partir del 1 enero de
2008, establece una bonificación del 99,9 por ciento en las sucesiones
tanto por muerte como en vida entre parientes del grupo 1 (ascendientes
y descendientes de primer grado), explicó Asián.
Para superar todos estos problemas, las empresas cuentan con tres
documentos básicos para su funcionamiento: el Plan Estratégico de la
Empresa, el Protocolo Familiar y el Plan de Sucesión, establecidos por
el plan formativo de la Cámara.
En este sentido, el presidente de la Cámara de Comercio de Las Palmas,
Angel Luis Tadeo, destacó su experiencia personal como empresa
familiar: "tenemos un protocolo familiar" con el que "más o menos
sabemos lo que hay que hacer", sobre todo de cara a la tercera
generación donde intervienen otros factores como las parejas de los
hijos.
"Esto es como un barco de vela: si uno sabe lo que tiene que hacer el
barco camina, pero si cada uno va a coger las amarras para donde
quiera, se hunde", apostilló.

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