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La globalización cada vez se hace más evidente en nuestra sociedad. En cualquier parte del mundo se viste igual, se oye la misma música, se admiran los mismos ídolos, se comen los mismos menús y se desarrollan prácticamente los mismos valores. Sin embargo, paralelamente a este movimientos de homogeneizarlo todo se ha ido creando otro que valora todo aquello que es distinto y que identifica lo particular, lo específico de cada grupo o lugar. Así, ahora, se valoran los lenguajes autóctonos, el folclore, la gastronomía de cada pueblo, las fiestas populares y, por supuesto, la artesanía propia de cada lugar.
El aislamiento de nuestro archipiélago le ha obligado a desarrollar
durante los cinco siglos de su historia una amplia variedad de labores
artesanales que podemos considerar como únicas y distintas a las del
resto del territorio nacional e incluso del resto del continente. Una
visita a la Feria Regional de Artesanía que se celebra en el Reciento
Ferial de Tenerife nos puede ilustrar de todo ello.
Si existe un trabajo artesano en nuestras islas que reúna
características que lo hagan diferente al que se realiza en otros
lugares es el de la cerámica tradicional. Como ya describí en mi libro
Greda, nuestra cerámica tradicional reúne una serie de características
diferenciadoras como: el propio barro, muy plástico, al que se hace
necesario añadirle un alto contenido en desgrasante de origen
volcánico; el color rojizo intenso; el almagre; su elaboración a mano y
sin torno en un proceso de varios días y su cocción o “guisado” en el
que la madera está en contacto directo con las vasijas y que suele
dejar esas peculiares marcas oscuras, por citar sólo algunas de las más
importantes, junto con su origen directamente relacionado con nuestros
aborígenes guanches.
Del mismo modo que estas peculiaridades pueden dar un alto valor al
producto, también es verdad que lo hacen poco rentable por no decir que
económicamente inviable. Dedicarse profesionalmente a la producción de
cerámica tradicional no tiene actualmente ningún aliciente, y mucho
menos económico. A las dificultades de un proceso lento, costoso,
complejo y realmente difícil hay que unir otras como un gran
desconocimiento de los materiales, la poca actualización en técnicas
que puedan acelerar el proceso de elaboración, la cocción en hornos que
no permiten alcanzar la temperatura apropiada, la difícil distribución
de los materiales,…
¿Qué hacer ante estas dificultades? ¿Qué labor están realizando
nuestras instituciones públicas en la promoción de nuestra cerámica y
de nuestros alfareros? ¿Se considera importante la defensa y el
desarrollo de esta artesanía?
Indudablemente el trabajo a realizar para poder promocionar la
artesanía y en concreto la cerámica es muy complejo y requiere de
actuaciones paralelas y a muy largo plazo: formación de los artesanos,
investigación sobre los materiales y los procesos, ayuda para la
dotación de maquinaria y otros medios a los talleres, promoción,
información,… a pesar de lo cual no parece que se va a conseguir una
rentabilidad de tipo material pero que no justifica que algo que ha
sido tan importante y tan definitorio de nuestra cultura pueda
desaparecer. ¿Acaso no se subvencionan otras áreas de nuestra cultura
popular?
Si la Feria de Artesanía es una muestra de cómo valora nuestra
Administración la Cerámica Tradicional de nuestra tierra sólo tenemos
que pasarnos por el espacio reservado al Cabildo Insular de Tenerife
donde la primera institución insular nos muestra “en vivo” el trabajo
de cerámica hecha a torno. Lamentable “bofetada” que los compañeros
alfareros que luchan por “sobrevivir” en medio de grandes dificultades
han recibido oficialmente de nuestra institución anfitriona.
Lo menos que se puede esperar de unos políticos que se suponen aman a
nuestra tierra es defender lo nuestro, máxime cuando lo nuestro reúne
unas peculiaridades por las que merece la pena luchar.
Este hecho, quizá aislado, pero vergonzoso y sintomático de lo que está
sucediendo con nuestra artesanía debería ser un punto de inflexión para
tomar cartas en el asunto y comenzar a aplicar políticas serias y
eficaces a largo plazo en defensa de todo aquello que nos identifica.
Manuel Afonso García es maestro jubilado, artesano alfarero y autor del libro “Greda, Manual de Alfarería Popular Canaria”.

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