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Yo creo, aunque de eso no entiendo mucho, que los
que intentan echarle una mano al obispo palmero rememorando de una u otra forma
sus comentarios sobre los homosexuales o el abuso a menores, francamente, no
creo que le estén haciendo ni un favor muy grande al Obispo y mucho menos a la
Santa Madre Iglesia.
Y no es que mi opinión sobre asuntos referentes a
don Bernardo valga una puta mierda, sencillamente porque no soy objetivo desde
el mismísimo día de su ordenación. Que yo creo haberlo contado alguna vez aunque
no recuerdo dónde, y es que estuve en ese acto donde se nombraba o proclamaba,
después de mucho tiempo, a un obispo canario lo que, en principio, no tenía como
mala pinta. Y de todo lo que vi ese día -que no vi mucho porque me mandé a mudar
sobre la marcha-, sin duda, lo que más me impactó fue la imagen de cinco
hermanos Betlemitas que accedieron a la iglesia de La Concepción delante de mí y
al observar que a más de la mitad de la Iglesia se accedía por invitación se
dieron media vuelta mientras el 'cabecilla' les decía a los compañeros: 'Si no
caben aquí que lo hubieran hecho en la plaza de El Cristo, qué es eso de
reservar más de la mitad de la iglesia'.
Yo me aguanté un poco más que los Betlemitas, no
tanto por fe sino acaso por intentar interpretar algo de aquello que estaba
ocurriendo allí, pero cuando el palmero comenzó a dar vítores a Ana Oramas, al
Melchior o al Adán Martín, con quien decía le unía una profunda amistad,
entiendan ustedes que me mandara a mudar a paso ligero. Y de ahí para acá,
máxime cuando te ves a personajes como Ambrosio Jiménez que no salen de Popular
Televisión donde dice de lo agradecido que está con Bernardo porque le va a
bautizar a sus nietos, mi opinión sobre Bernardo deja mucho que desear e,
incluso, resulta la mayoría de las veces bastante lamentable. Y acaso por eso ni
tanto me ha impresionado su última pérdida sobre los menores como posibles
responsables de que muchos sinvergüenzas abusen sexualmente de ellos. Y miren
que la cosa es verdaderamente impresionante.
Pero lo que sí es cierto, y eso sí que es para mí
impepinable, es que existen muchos católicos militantes y comprometidos que se
encuentran verdaderamente consternados por lo que está pasando. Y no es que les
haya cogido por sorpresa las declaraciones de Bernardo, ni mucho menos, los que
verdaderamente conocen del tema esperaban o temían cosas como éstos, e incluso
peores del personaje que pareciera patrocinado por la ATI y por media docena de
empresarios, entre ellos el afortunado con la adjudicación para la
reconstrucción del Obispado quemado nada más instalarse Bernardo, que a cada dos
por tres se plantan en la televisión del Obispado a despellejar a todo el que se
atreva a criticarles algo sin derecho a réplica de ningún tipo. Una auténtica
vergüenza o desvergüenza, que en este caso es lo mismo.
En fin, que en Tenerife -y por lo que quiera que
sea- nos hemos hecho con un Obispo del que avergüenza su conchaveo con los
grandes poderes económicos o políticos y que, para colmo, ha conseguido que el
nombre de esta Isla le dé la vuelta al mundo un par de veces con unas
declaraciones que el personaje se niega a aclarar o a desmentir. Bueno,
desmentir no sé porque la cosa está grabada, pero qué menos que una explicación
de cómo todo un señor Obispo utiliza el argumento del pederasta para referirse a
una verdadera lacra de la que la Iglesia Católica ha sido tantas veces
protagonista, incluso mucho antes de que a alguien se le ocurriera ordenar a
Bernardo, sobrino del último alcalde franquista de su pueblo -que de casta le
viene al galgo-, como obispo.

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