Desde que empecé a escribir en esta columna no ha sido la
primera vez que me han pedido que explique un poco las costumbres de la tierra a
la que espero volver tan pronto como me sea posible (eso depende de vosotros mis
queridos lectores). Son muchas las cosas que te llaman la atención en la formas
de vivir la vida. Buea es una zona tranquila de Camerún. Todos comentan que
Douala, la capital económica, es mucho más peligrosa. Yo he tenido la
oportunidad de estar varias veces en Douala y no he tenido esa impresión, pero
quizás ha sido porque me he movido por la ciudad de día. No es aconsejable
pasear por la calles de noche bajo ningún concepto. Realmente es reconocido
Yaounde como la capital de Camerún, pero es más en el sentido administrativo,
embajadas, consulados, administraciones centrales, etc...
En Buea, donde intento crear el orfanato, la gente pasea por
la calle (y digo la calle porque es sólo una calle principal). Por los bordes
estás andando por la tierra y tratando de salvar toda la suciedad que es
imposible de sortear. La gente se saluda y la forma de silbar es muy curiosa. No
silban como nosotros, hacen una especie de aspiración con la boca que es difícil
de escuchar o un chasqueo con el paladar, pero ellos insisten, dale que te dale,
hasta que el vecino, que se encuentra a 100 metros, se da por aludido. Eso me
hacía reír siempre. Les comentaba a mis amigos si querían tomar horchata o qué.
Claro, lo de la horchata se lo tenía que explicar, allí no la encontré. Algo
común, que al principio te vuelve loco, es lo alta que ponen su música. Instalan
unos enormes y viejos altavoces, en los locales de música principalmente, pero
alguien que se dedique a la venta de ropa, por ejemplo, también lo hará. La
música por la calle es estridente, roza la paranoia. Pero acabas
acostumbrándote. Lo de los taxis es la repanocha. Nunca menos de siete se
montarán en un taxi. Y digo al menos. Nos hemos llegado a montar en un taxi 14
personas. Adultos. ¿Cómo?, pues parece imposible, pero se puede hacer. Vas
andando a la vera de la carretera o del camino y oyes continuamente el claxon
del taxi, porque son ellos los que te están avisando de que están cerca, que si
quieres cogerle. Si te interesa dices en voz alta a dónde te diriges (el taxi
sin parar) y si ese taxi se dirige a esa zona entonces te da un pitido y para
unos metros más adelante. Hay unos precios, más o menos, estipulados, pero
siempre puedes negociar. No es lo mismo ir cuesta abajo que ir cuesta arriba.
Subir es más caro y en Buea, que está en el monte más alto de África, siempre
subes o bajas. Pero no quedes con un taxista a una hora, porque seguro que no
llegará. Eso es norma común allí. A los blancos se nos hace muy difícil esa
costumbre. Debes insistir a la persona con la que hayas quedado que es
A LA
HORA DE LOS BLANCOS. Aún así será muy difícil que sean puntuales. Te pondrán
todas las excusas del mundo. ¡Guerra perdida!.

Cuando paseas por la calle verás siempre gente vendiendo algo
u ofreciéndote cualquier cosa. Conocí a una persona que se dedicaba a pesar a la
gente. Llevaba una báscula y si alguien quería saber su peso, el individuo
paraba, el otro se subía y por el servicio se llevaba lo estipulado. El hambre
aumenta el ingenio. Lo normal es ver por los puestos, que consisten en una silla
o taburete y un paraguas (allí caen lluvias torrenciales), venta de cacahuetes,
plátanos, cocos, y del coco hacen virutas que tuestan y saben riquísimas. Lo
envuelven todo en pequeñas bolsas de plástico y lo venden por 100 cfa (0,15€).
Comprar cinco hermosos plátanos cuesta lo mismo. Un coco entero cuesta, siempre
hablamos del precio de la calle, 400 cfa (0,60€). Lo más caro es comprar una
mísera sandía, muy pequeñas, que ronda los 1500 cfa (2,28€). También se ofrece
pescado que ponen a la brasa en la calle. El pescado es muy rico, no recuerdo
ahora el nombre que le dan, pero siempre es la misma especie. También se vende
lo que allí llaman SOJA, que no es la soja nuestra ( se pronuncia solla). Es un
pincho moruno de carne a la brasa con mucha especia picante. La carne la maceran
encima de unas piedras y con las manos. Se hace rodeado de mierda por todos los
sitios, algunas veces en el mismo suelo. Cuesta el pincho también 100 cfa. Me
arrepiento de no haberlo grabado con el vídeo. Hay pocas cosas más que comprar
en la calle.
Como he comentado alguna otra vez, allí las comunicaciones
son muy malas. Podéis ver el ejemplo en la última entrevista que me hizo Antonio
Núñez de Radio Arona, en la página de la ONG
www.niñosdelmundo.es tenéis
un apartado de Entrevistas de Radio. Intentamos entablar una conversación en
directo con Camerún y la comunicación se perdió. En las calles, al no disponer
la gente de líneas fijas de teléfono, se encuentran puestos ofreciendo su
teléfono móvil para realizar una llamada. El minuto cuesta 100 cfa (0,15€). O
puedes comprar crédito de tu tarjeta a estas mismas personas. De ello vive
muchísima gente allí. Es una de las cosas que quiero llevar allí, pero con un
servicio mucho mejor del que se ofrece.
La forma de dar la mano. Allí es diferente. Nunca te dará la
mano un negro sin señal de respeto. Lo hacen de la siguiente manera. A la vez
que te ofrecen su mano, con la otra mano se agarran la muñeca de la mano que te
ofrecen. Y un jefe de tribu será raro que te dé la mano. Te ofrecerá su muñeca
para que la estreches. Si te diera la mano sería como admitir que estás a su
altura y eso no es así, tú eres siempre inferior. Y tengo que decir que, creo,
soy el único blanco al que un jefe de tribu le ha dado la mano directamente e
incluso muchos abrazos. Me enorgullecí allí de que los negros me dijeran muchas
veces que yo no era blanco y que, por lo tanto, nunca me tratarían como tal,
QUE YO ERA NEGRO.

Las calles están llenas de carteles, folios, donde te invitan
a que vayas a su iglesia. Las hay de todos los colores y culturas. En sus bocas
Dios está siempre presente. Creo que demasiado. Las misas duran, al menos,
cuatro horas, aunque hay misas que duran 10 horas. Lógicamente se pasan el
Domingo dentro de la Iglesia. Se llevan hasta la comida. La misa te la pasas
oyéndoles cantar. Sin parar, una canción tras otra. La gente se tira al suelo
gritando alabanzas al Creador y todo se arregla diciendo que Dios les ayudará en
esto o en aquello. Cuentan a todos sus MARAVILLOSAS experiencias, de que si les
pasó esto o lo otro y Dios les solucionó su problema. Hay una semana de
Noviembre donde, a las cinco de la mañana, se pasa un orador con un enorme
altavoz por toda la zona cantando las alabanzas de Dios y que vayamos a
escucharle. Y, cómo no, que si vas a su Iglesia este Domingo, HABRÁ MILAGRO.
¡Certificado!. Y la Iglesia a rebosar... No quiero que se mal interprete con estos
comentarios. Me considero creyente y soy practicante, pero allí ralla el
paroxismo.
Cuando se muere alguien toda la aldea se reúne y el funeral
dura, al menos, una semana. La razón es que se tiene que avisar a toda la
familia y conocidos y, como dije, las comunicaciones son muy malas. Las
plañideras lloran y lloran, se las contrata para ello. Son auténticos alaridos
para que sean escuchados por todo el poblado. Cuanto más importante el personaje
más plañideras contratadas. Cuando se muere una persona mayor se celebra con
júbilo. La gente bebe, come y baila, dándole gracias al Señor por la vida que
llevó. Es realmente una alegría. Así no ocurre con los jóvenes que, por
desgracia, son demasiados. El joven no tuvo la oportunidad de vivir una vida
plena, el mayor sí. Y hablamos de que el mayor es el que sobrepasa los 40 años.
????
Podría escribir muchas más líneas que las que llevo aquí
escritas sobre sus costumbres. Pero a mí, lo que más me llamó la atención es que
tienen nuestro humor, el humor español. He viajado por muchos países y no he
encontrado un sitio en donde todos nuestros chistes se entiendan como aquí en
España. Tiene un humor envidiable en su miserable existencia. Y eso es de
agradecer cuando te encuentras tan lejos de tus seres queridos. La forma de
olvidarte de lo que te rodea es trivializarlo. Con bromas, con risas y riéndonos
de nuestra pobre situación.
Sí, les quiero. Allí hay una parte importante de mi y hay
muchos niños que saben que es así y que me esperan y que me escriben y que me
quieren ver pronto. Os ruego vuestra ayuda para que eso sea posible. Necesitan
vuestra ayuda, de verdad. Visitad la página de la ONG y allí se indica la forma
de colaborar.
Hay demasiado que ver del mundo y mucho más que hacer para
ayudar a aquellos que realmente lo necesitan. Con todo mi cariño,
Saludos desde Camerún
Antonio Pérez (
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www.niñosdelmundo.es
www.savecameroonchildren.org
(A Victoria y Cecilia)