comprar viagra onlinecomprar propecia

Día de Reflexión

Imprimir E-Mail
(18 votos)
Antonio Pérez   
domingo, 09 de marzo de 2008
Mi día de reflexión, además del que nos ha tocado con motivo de las Elecciones Generales, ha sido también el pasado viernes siete de marzo. Antes debo de avisar de que este artículo, probablemente, vaya a herir la sensibilidad del lector que aún me aguanta. Y no lo digo porque vaya a relatar algún acontecimiento escabroso, aunque a mí sí me lo ha parecido. Y también quiero decir que me voy a permitir el “LUJAZO” de contar lo que me viene a la cabeza, sin tratar de no molestar a quien se dé por aludido. Lo siento, aviso. Vamos allá.

Desde que estoy en España mi labor consiste en llamar a todas las puertas posibles para hacer llegar, a la mayor gente posible, la realidad en la que se encuentran en Camerún mis niños, sí, mis niños, no unos niños cualquiera o simplemente los niños. Son mis hijos aunque no los haya parido. Y lo son porque me llaman con mi nombre; porque me sonríen cuando me ven; porque me abrazan con cariño y porque me llaman, cariñosamente, uncle Antonio (tío Antonio) y también lo son porque así lo siento muy dentro de mí. Claro, esto suena raro, ¿no?. ¿Cómo es posible que me importen unos niños desconocidos?. Lo podrá entender quien tenga niños, pero tampoco es así. No se entiende. Se comenta a viva voz, cuando hablamos de los demás, en este caso yo, que si mira lo que está haciendo fulanito o menganito con esa labor tan encomiable en África y cosas por el estilo. Pero, ¿quién realmente entiende ésto que, personas como yo, hemos decidido tomar partido en la realidad miserable de tantas personas de este mundo?. Temo ser demasiado sincero, pero aún no me he encontrado a esa persona. Sí los he visto en Camerún, trabajando día y noche para hacer un poco menos difícil la vida de esas criaturas. Con muy pocas horas de sueño y sin quejarse por el duro trabajo que eso supone. Todos ponemos cara de pena, mentira, casi todos, cuando escuchamos o leemos algo al respecto. No paro de escuchar palabras de elogio al empeño que tengo en crear este proyecto. Pero, ¿qué se hace?. Quizás un breve comentario a algún amigo común o a un algún conocido que uno se encuentra después de mucho tiempo y explica “¿te acuerdas de fulanito?, pues ahora le ha dado por irse a …. Y allí está trabajando en una ONG” como si eso fuera algo extraordinario. No, eso no es lo extraordinario, lo extraordinario es que esté ocurriendo esa tragedia y nos dediquemos a mirar hacia otro lado, como si no fuera con nosotros. Triste realidad, pero es como lo digo.

 

Bien, entiendo que las sensibilidades de cada uno son de dominio personal y ahí no puedo entrar. O se entiende o no se entiende. Lo penoso es que la mayoría de nosotros no lo entendemos ni de lejos. Cuando pido ayuda suelo repetir muchas veces lo siguiente: “¿tienes hijos?, ¿qué harías tú por tus hijos si se estuvieran muriendo de hambre y de enfermedades y ves que nadie te escucha?, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar?, ¿existen límites para pedir ayuda?”. Resultado, como si clamaras en el desierto. Se entiende realmente cómo se han podido sentir las personas que en este mundo nos han querido abrir los ojos y NO NOS HA DADO LA GANA DE HACERLO. ¿Para qué?. A mí plín que duermo en picolín. (disculpen la broma).

 

Me he puesto un reto que es no pedir dinero, sino equipos para llevar y medios para realizar mi proyecto. Bueno, pues ni con esas. La excusa más común es: “con la de escándalos que ha habido con las ONGs”. Sí señores, los hay y los seguirá habiendo y ahora voy a explicarles el por qué. Yo sé el por qué, porque lo he visto personalmente, hemos educado a nuestra sociedad a mentir y a robar y que nadie diga ni pío, que a lo mejor no consigo un puesto de funcionario… Y me explico.

 

Este viernes tenía un entrevista en la Agencia de la Cooperación para el Desarrollo del Ayuntamiento de Madrid (una más de las miles que he realizado desde que estoy aquí). Me llamó una chica diciéndome que tenía interés en conocerme y que la fuera a ver para charlar cara a cara y explicarle mi proyecto. Ese mañana me arreglé; me puse un traje y corbata, estaba realmente nervioso pensando que, por fin, la administración había visto que mi proyecto era serio y que dedicarían sus medios para echarme una mano (que consiste en una conexión a Internet y transporte de medicinas y ropa para mis niños). Bien, allí estaba media hora antes de la cita y haciendo cábalas sobre los derroteros de la supuesta charla. Mientras esperaba la llegada de la Directora del departamento, me dedico a ver lo que hacen los funcionarios de la Agencia. Rectifico, funcionari-AS. Habrían unas 20 personas y no se oía nada. Una de ellas no paraba de abrir mensajes de powerpoint con todo tipo de mensajitos. Estuvo haciendo eso durante la media hora que me tocó esperar. Un par de chicas se enzarzaron en una conversación donde no paraban de tirarse cuchillos silibinos. Sin herir, pero haciendo daño, estaba claro que no se aguantaban. Otras tres se pusieron a bromear sobre que no sabían idiomas pero que lo que a ella les gustaban era “el francés” más que otro idioma. No sé si entienden el sentido de esta frase, quien no lo entienda que pregunte. Yo, perplejo, me puse a calcular el coste de todo ese dinero que dábamos los contribuyentes para que esa gente (no quiero decir lo que me sale realmente en estos momentos) estuviera perdiendo el tiempo y pensando en todo lo que se podría hacer con sólo un sueldo de esas personas, durante todo un año. Bien, lo dejo pasar. Aparece la directora y, cuál es mi sorpresa, que es una niña que no tendría más de 27 ó 28 años (quizás me equivoque, pero lo dudo). Es decir, al mando una niña que no sabe lo que es la vida. Quizás haya estudiado duro una o dos o tres carreras y merezca un puesto de ese nivel, pero, señores, ¿cómo va a saber alguien llevar un departamento de esa índole sin haber estado en el campo de batalla?, ¿cómo puede alguien dirigir ese departamento sin haber estado sufriendo con los que sufren y careciendo de todo lo que ellos carecen?. Yo afirmo tajantemente que eso es imposible. Esperaba encontrarme con una persona sensible y con canas, con quien pudiera hablar de tú a tú y entendernos perfectamente. Pero no fue así. Nada más que nos saludamos soy yo quien le empieza a preguntar a ella (por cierto se llama Reyes Molina). Y me doy cuenta de que no entiende nada de lo que le digo. Su cara es un cuadro. Que si ya le entiendo pero es que aquí hay que seguir un procedimiento. Que si yo me pongo en su lugar, pero la leyes son las leyes. Que si es una pena, pero no podemos hacer nada. Bueno, el pastel consistía en lo siguiente. Hay que presentar un proyecto que, en el mejor de los casos se resolverá el año que viene (y mis niños, probablemente más de uno bajo tierra). De ese proyecto te financia la comunidad el 80%, es decir, yo tengo que poner el 20% restante. ¿Pero cómo, si no tengo un duro?. Le pregunto si tengo que justificar de dónde viene el otro 20% que tengo que poner yo y, cuál es mi sorpresa mayor, que me dice que no, que no hace falta. Es decir, me invento un proyecto de, suponemos, 300.000€ que me saco de la manga. Me lo admiten el año que viene y digo que el 20% me lo dio mi tío que vive en América. ¡Y olé!. Aquí no pasa nada, la Agencia ha realizado su trabajo maravillosamente y yo me he embolsado el 80% de 300.000€. ¡Viva la Pepa!. Me monto una oficina, me voy de cenorrio con los “voluntarios” y digo al mundo lo bueno que soy. ¡MALDITO PAÍS DE CÍNICOS!.

 

Así, así es como viven muchas ONGs, así es porque estamos todos hartos de tanto treje y maneje. Así es como gastamos nuestros dineros públicos y así es como se siguen muriendo la mitad de la población de este hermoso mundo. Así lo hemos hecho y así, creo, seguiremos haciéndolo. No he terminado.

 

Me fui de allí sin antes decirle a la niña (que no la de Rajoy) que mis valores me impedían jugar al juego de la patata. Que no nací para seguir la madeja, que aún conservo valores de los que no me quiero apear. Que no cuenten conmigo, que otros lo harán tarde o temprano. Pero quiero dormir, seguir durmiendo con la conciencia tranquila. No vine a España a robar, vine a pedir ayuda para mis niños, pero quiero que sea ayuda limpia, de corazón y sin mancharme las manos de esta sociedad corrupta en la que, ¿vivimos?. No señores, vegetamos y a eso nos ayudan los medios de comunicación. Sí, vegetamos y decimos amén a todo lo que nos cuentan. ¿Hay alguien que aún esté despierto?,

 

¿hay alguien ahí…?

 

En la ONG Ayuda en Acción, estuve durante 20 años colaborando para el apadrinamiento de tres niños. Veinte años. Les escribo pidiendo lo poquito que pido y me contesta Patricia Garces Andreu lo siguiente: “Estimado Antonio muchas gracias por su mensaje. Lamentablemente Ayuda en Acción no trabaja en Camerún, por lo que no podemos apoyarle en el proyecto. En el directorio de la coordinadora de ONG puedes consultar qué organizaciones tranbajan en el país para dirigirse a ellas. Puedes hacer la búsqueda on lilne es esta página

www.congde.org

Espero que haya suerte. Un saludo”

“Espero que haya suerte”, que es lo mismo que decir, que allá te las apañes, que te busques la vida Calimero y que espero no cruzarme contigo para que no me vuelvas a dar la paliza. Bien, bien, mensaje recibido querida Patricia. Como si ya no me hubiera dirigido a esas supuestas ONGs que ella me dicta. En fin, ver para creer. ¡Quién me mandaría meterme en estos berenjenales!.

 

Concluyo, aunque queda mucho más que contar, mucho más que deciros, pero sería un artículo demasiado extenso y supongo que muchos no habréis llegado a estas líneas.

 

Sí, se ayuda a ONGs que realmente son íntegras, pocas, el dinero que reparten las administraciones llega tarde o temprano. En el caso de Camerún nunca porque no entra EN NINGUNO DE LOS PROYECTOS QUE HE VISTO DE SUBVENCIONES. Camerún no existe. Antes de empezar con esto ya sabía que me encontraría con miles de barreras y nunca he esperado nada de nadie, porque cuando encuentro a alguien que me ayuda lo valoro enormemente y tengo que citar a Arsys, que me ha donado el alojamiento de mi página Web totalmente gratis, así como a la oficina de la productora MediaPro que me ha donado varios equipos de ordenadores, gente encantadora, anónima. Aún estoy esperando la respuesta de Telefónica. Aviadores sin Fronteras se ha brindado a llevarme los equipos de medicinas y quirúrgicos a Buea, un enorme abrazo por la magnífica labor que hace esta ONG (gracias Anco). No me olvido de los que me dejan escribir las columnas periodísticas, tanto en este periódico como en www.diariomajorero.com y la Radio de Antonio Núñez en Radio Arona. Y pocos más, lamentablemente pocos más que aún espero me confirmen su ayuda. Lo siento, tenía que contaros la realidad, la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. No desfallezco. Un abrazo.

 

 

Saludos desde Camerún

 

Antonio Pérez ( Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla )

 

www.niñosdelmundo.es

www.savecameroonchildren.org

 

(A Victoria y Cecilia)

 

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy
Noticias Relacionadas:
 
Anote y Comparta:
Delicious
Meneame
Digg
YahooMyWeb
Technorati
Generated in 2.24727 Seconds