|
Mi día de reflexión, además del que nos ha tocado con motivo
de las Elecciones Generales, ha sido también el pasado viernes siete de marzo.
Antes debo de avisar de que este artículo, probablemente, vaya a herir la
sensibilidad del lector que aún me aguanta. Y no lo digo porque vaya a relatar
algún acontecimiento escabroso, aunque a mí sí me lo ha parecido. Y también
quiero decir que me voy a permitir el “LUJAZO” de contar lo que me viene
a la cabeza, sin tratar de no molestar a quien se dé por aludido. Lo siento,
aviso. Vamos allá.
Desde que estoy en España mi labor consiste en llamar a
todas las puertas posibles para hacer llegar, a la mayor gente posible, la
realidad en la que se encuentran en Camerún mis niños, sí, mis niños, no unos
niños cualquiera o simplemente los niños. Son mis hijos aunque no los
haya parido. Y lo son porque me llaman con mi nombre; porque me sonríen cuando
me ven; porque me abrazan con cariño y porque me llaman, cariñosamente, uncle
Antonio (tío Antonio) y también lo son porque así lo siento muy dentro de
mí. Claro, esto suena raro, ¿no?. ¿Cómo es posible que me importen unos niños
desconocidos?. Lo podrá entender quien tenga niños, pero tampoco es así. No
se entiende. Se comenta a viva voz, cuando hablamos de los demás, en este caso
yo, que si mira lo que está haciendo fulanito o menganito con esa labor tan
encomiable en África y cosas por el estilo. Pero, ¿quién realmente entiende ésto
que, personas como yo, hemos decidido tomar partido en la realidad miserable de
tantas personas de este mundo?. Temo ser demasiado sincero, pero aún no me he
encontrado a esa persona. Sí los he visto en Camerún, trabajando día y noche
para hacer un poco menos difícil la vida de esas criaturas. Con muy pocas horas
de sueño y sin quejarse por el duro trabajo que eso supone. Todos ponemos cara
de pena, mentira, casi todos, cuando escuchamos o leemos algo al respecto. No
paro de escuchar palabras de elogio al empeño que tengo en crear este proyecto.
Pero, ¿qué se hace?. Quizás un breve comentario a algún amigo común o a un algún
conocido que uno se encuentra después de mucho tiempo y explica “¿te
acuerdas de fulanito?, pues ahora le ha dado por irse a …. Y allí está trabajando
en una ONG” como si eso fuera algo extraordinario. No, eso no es lo
extraordinario, lo extraordinario es que esté ocurriendo esa tragedia y nos
dediquemos a mirar hacia otro lado, como si no fuera con nosotros. Triste
realidad, pero es como lo digo.
Bien, entiendo que las sensibilidades de cada uno son de
dominio personal y ahí no puedo entrar. O se entiende o no se entiende. Lo
penoso es que la mayoría de nosotros no lo entendemos ni de lejos. Cuando pido
ayuda suelo repetir muchas veces lo siguiente: “¿tienes hijos?, ¿qué harías
tú por tus hijos si se estuvieran muriendo de hambre y de enfermedades y ves
que nadie te escucha?, ¿hasta dónde estarías dispuesto a llegar?, ¿existen
límites para pedir ayuda?”. Resultado, como si clamaras en el desierto. Se
entiende realmente cómo se han podido sentir las personas que en este mundo nos
han querido abrir los ojos y NO NOS HA DADO LA GANA DE HACERLO. ¿Para qué?. A
mí plín que duermo en picolín. (disculpen la broma).
Me he puesto un reto que es no pedir dinero, sino equipos
para llevar y medios para realizar mi proyecto. Bueno, pues ni con esas. La
excusa más común es: “con la de escándalos que ha habido con las ONGs”.
Sí señores, los hay y los seguirá habiendo y ahora voy a explicarles el por
qué. Yo sé el por qué, porque lo he visto personalmente, hemos educado a
nuestra sociedad a mentir y a robar y que nadie diga ni pío, que a lo mejor no
consigo un puesto de funcionario… Y me explico.
Este viernes tenía un entrevista en la Agencia de la
Cooperación para el Desarrollo del Ayuntamiento de Madrid (una más de las miles
que he realizado desde que estoy aquí). Me llamó una chica diciéndome que tenía
interés en conocerme y que la fuera a ver para charlar cara a cara y explicarle
mi proyecto. Ese mañana me arreglé; me puse un traje y corbata, estaba
realmente nervioso pensando que, por fin, la administración había visto que mi
proyecto era serio y que dedicarían sus medios para echarme una mano (que
consiste en una conexión a Internet y transporte de medicinas y ropa para mis
niños). Bien, allí estaba media hora antes de la cita y haciendo cábalas sobre los
derroteros de la supuesta charla. Mientras esperaba la llegada de la Directora
del departamento, me dedico a ver lo que hacen los funcionarios de la Agencia.
Rectifico, funcionari-AS. Habrían unas 20 personas y no se oía nada. Una
de ellas no paraba de abrir mensajes de powerpoint con todo tipo de mensajitos.
Estuvo haciendo eso durante la media hora que me tocó esperar. Un par de chicas
se enzarzaron en una conversación donde no paraban de tirarse cuchillos
silibinos. Sin herir, pero haciendo daño, estaba claro que no se aguantaban.
Otras tres se pusieron a bromear sobre que no sabían idiomas pero que lo que a
ella les gustaban era “el francés” más que otro idioma. No sé si
entienden el sentido de esta frase, quien no lo entienda que pregunte. Yo,
perplejo, me puse a calcular el coste de todo ese dinero que dábamos los
contribuyentes para que esa gente (no quiero decir lo que me sale realmente en
estos momentos) estuviera perdiendo el tiempo y pensando en todo lo que se
podría hacer con sólo un sueldo de esas personas, durante todo un año. Bien, lo
dejo pasar. Aparece la directora y, cuál es mi sorpresa, que es una niña que no
tendría más de 27 ó 28 años (quizás me equivoque, pero lo dudo). Es decir, al
mando una niña que no sabe lo que es la vida. Quizás haya estudiado duro una o
dos o tres carreras y merezca un puesto de ese nivel, pero, señores, ¿cómo va a
saber alguien llevar un departamento de esa índole sin haber estado en el campo
de batalla?, ¿cómo puede alguien dirigir ese departamento sin haber estado
sufriendo con los que sufren y careciendo de todo lo que ellos carecen?. Yo
afirmo tajantemente que eso es imposible. Esperaba encontrarme con una persona
sensible y con canas, con quien pudiera hablar de tú a tú y entendernos
perfectamente. Pero no fue así. Nada más que nos saludamos soy yo quien le
empieza a preguntar a ella (por cierto se llama Reyes Molina). Y me doy cuenta
de que no entiende nada de lo que le digo. Su cara es un cuadro. Que si ya le
entiendo pero es que aquí hay que seguir un procedimiento. Que si yo me pongo
en su lugar, pero la leyes son las leyes. Que si es una pena, pero no podemos
hacer nada. Bueno, el pastel consistía en lo siguiente. Hay que presentar un
proyecto que, en el mejor de los casos se resolverá el año que viene (y mis
niños, probablemente más de uno bajo tierra). De ese proyecto te financia la
comunidad el 80%, es decir, yo tengo que poner el 20% restante. ¿Pero cómo, si
no tengo un duro?. Le pregunto si tengo que justificar de dónde viene el otro
20% que tengo que poner yo y, cuál es mi sorpresa mayor, que me dice que no,
que no hace falta. Es decir, me invento un proyecto de, suponemos, 300.000€ que
me saco de la manga. Me lo admiten el año que viene y digo que el 20% me lo dio
mi tío que vive en América. ¡Y olé!. Aquí no pasa nada, la Agencia ha realizado
su trabajo maravillosamente y yo me he embolsado el 80% de 300.000€. ¡Viva la
Pepa!. Me monto una oficina, me voy de cenorrio con los “voluntarios” y digo al
mundo lo bueno que soy. ¡MALDITO PAÍS DE CÍNICOS!.
Así, así es como viven muchas ONGs, así es porque estamos
todos hartos de tanto treje y maneje. Así es como gastamos nuestros dineros
públicos y así es como se siguen muriendo la mitad de la población de este hermoso
mundo. Así lo hemos hecho y así, creo, seguiremos haciéndolo. No he terminado.
Me fui de allí sin antes decirle a la niña (que no la de
Rajoy) que mis valores me impedían jugar al juego de la patata. Que no nací
para seguir la madeja, que aún conservo valores de los que no me quiero apear.
Que no cuenten conmigo, que otros lo harán tarde o temprano. Pero quiero
dormir, seguir durmiendo con la conciencia tranquila. No vine a España a robar,
vine a pedir ayuda para mis niños, pero quiero que sea ayuda limpia, de corazón
y sin mancharme las manos de esta sociedad corrupta en la que, ¿vivimos?. No
señores, vegetamos y a eso nos ayudan los medios de comunicación. Sí, vegetamos
y decimos amén a todo lo que nos cuentan. ¿Hay alguien que aún esté despierto?,
¿hay alguien ahí…?
En la ONG Ayuda en Acción, estuve durante 20 años
colaborando para el apadrinamiento de tres niños. Veinte años. Les escribo
pidiendo lo poquito que pido y me contesta Patricia Garces Andreu lo siguiente:
“Estimado
Antonio muchas gracias por su mensaje. Lamentablemente Ayuda en Acción no
trabaja en Camerún, por lo que no podemos apoyarle en el proyecto. En el
directorio de la coordinadora de ONG puedes consultar qué organizaciones
tranbajan en el país para dirigirse a ellas. Puedes hacer la búsqueda on lilne
es esta página
www.congde.org
Espero que haya suerte. Un saludo”
“Espero que haya suerte”, que es lo mismo que
decir, que allá te las apañes, que te busques la vida Calimero y que espero no
cruzarme contigo para que no me vuelvas a dar la paliza. Bien, bien, mensaje
recibido querida Patricia. Como si ya no me hubiera dirigido a esas supuestas
ONGs que ella me dicta. En fin, ver para creer. ¡Quién me mandaría meterme en
estos berenjenales!.
Concluyo, aunque queda mucho más que contar, mucho más que
deciros, pero sería un artículo demasiado extenso y supongo que muchos no
habréis llegado a estas líneas.
Sí, se ayuda a ONGs que realmente son íntegras, pocas, el dinero
que reparten las administraciones llega tarde o temprano. En el caso de Camerún
nunca porque no entra EN NINGUNO DE LOS PROYECTOS QUE HE VISTO DE
SUBVENCIONES. Camerún no existe. Antes de empezar con esto ya sabía
que me encontraría con miles de barreras y nunca he esperado nada de nadie,
porque cuando encuentro a alguien que me ayuda lo valoro enormemente y tengo
que citar a Arsys, que me ha donado el alojamiento de mi página Web totalmente
gratis, así como a la oficina de la productora MediaPro que me ha donado varios
equipos de ordenadores, gente encantadora, anónima. Aún estoy esperando la
respuesta de Telefónica. Aviadores sin Fronteras se ha brindado a llevarme los
equipos de medicinas y quirúrgicos a Buea, un enorme abrazo por la magnífica
labor que hace esta ONG (gracias Anco). No me olvido de los que me dejan
escribir las columnas periodísticas, tanto en este periódico como en www.diariomajorero.com y la Radio de
Antonio Núñez en Radio Arona. Y pocos más, lamentablemente pocos más que aún
espero me confirmen su ayuda. Lo siento, tenía que contaros la realidad, la
verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. No desfallezco. Un abrazo.
Saludos desde Camerún
Antonio Pérez (
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
)
www.niñosdelmundo.es
www.savecameroonchildren.org
(A Victoria y Cecilia)

Noticias Relacionadas:
|