El
actual sistema electoral español, vigente desde la Transición a la Democracia, se ha
acabado por convertir en estas elecciones generales de 2008 en una máquina de
crear bipartidismo y de deslegitimar otras tenencias políticas que no sean la
doble marca electoral PSOE y PP. Es reconocido por Herrero de Miñón, uno de los
padres de la Constitución
de 1978, en diversas declaraciones públicas que por aquellos días se optó por
un sistema electoral basado en la ley D'Hondt para que la amalgama de pequeñas
minorías radicales, sobre todo de corte fascista, se diluyeran a favor de
partidos mayoritarios pero que hoy en día, mas de 30 años después, este sistema
no es justo y sólo sirve para primar a los partidos mayoritarios. Ya lo decía Gaspar
Llamazares, dimitido líder de IU la misma noche del 9 de marzo, y cuya
formación ha sido la más perjudicada en estas elecciones de manera insistente: hemos sido devorados por el tsunami
bipartidista.
Tras estas
elecciones, y después de pasar el rodillo del sistema electoral, han sido millones
los votos que se han quedado sin ningún
tipo de representación parlamentaria y que han estado en el área de grupos más
progresistas o simplemente en votos nulos o en blanco. La apelación al voto
útil, y que ha hecho que mucha gente fuera a las urnas a votar por el PSOE con
la nariz tapada para evitar que ganara el PP, ha sido una de las constantes de
la progresía en esta campaña. Y es que el PSOE de Zapatero por tímidas medidas
sociales se ha ganado una injusta fama de progresista pero se ha logrado
diferenciar del PP porque en este manda la ultraderecha. No hay más que mirar
lo pírricas que son las formaciones ultras en España y es de destacar que para
el fascismo europeo el caso español es a imitar ya que los ultras se ha
instalado en un partido de gran estructura social y que no sólo aspira a
gobernar sino que ya lo ha hecho y es muy probable que lo haga pronto.
Y es que
a Zapatero se ha conseguido que se le vea como progresista en comparación a lo
que teníamos antes, es digno de agradecer el muchas veces mal llamado talante
de sus gobierno pero que al lado de la crispación contante del PP suena a coro
celestial, pero también a los nefastos gobiernos de Felipe González confundidos
con las tendencias liberales, creando desigualdades y dando lugar a una
corrupción chapucera sólo superada por la del guante blanco de los ocho años de
gobierno de Aznar en los que sus amigos heredaron todas las empresa públicas
creadas por Franco. Recordemos, nada más, la boda oficial de corte real que su
hija tuvo en aquellos años y que, indefectiblemente, acabamos pagando todos.
Las
únicas formaciones que parecen que han resistido bien este tsunami han sido los
nacionalismos serios de corte liberal
como el PNV y CIU en Euskadi y Cataluña. De hecho CIU es la tercera fuerza en
el parlamento por delante de IU que contó con muchos más votos en toda España
pero que se quedó con dos representantes y sin grupo parlamentario. Los mismos
representantes obtenidos por Coalición Canaria y cuya debacle electoral ha
sido, para muchos Canarios, la mejor noticia de estas elecciones. Tras el
esperpento de estos días en el que Ricardo Melchior ha estado a punto de ser
segundo senador canario por esta formación, después del recuento con visos de
pucherazo en El Hierro de los votos de los emigrantes, y primero por Venezuela.
Las maquinarias caciquiles asentadas en el archipiélago, y que son capaces de
resucitar a los muertos para que voten, han estado finas esta semana y se ha
puesto a hacer todo lo posible para minimizar su derrota que ha hecho que
Coalición Canaria se convierta, sin ningún tipo de matices, en la tercera
fuerza de Canarias detrás el PSOE y el PP. En CC no es que no sepan perder sino
que al más puro estilo caciquil les molesta enormemente que aquellos a los que
consideran ajenos metan mano en lo que consideran como
lo suyo.
Ellos saben que sin las peculiaridades del sistema
electoral canario hubieran quedado peor pero de momento hemos asistido a la
clara hegemonía de ATI en contra de CC en estas elecciones. Me comentaba una
amiga hace poco que en la Plaza
de Santa Catalina en Las Palmas habían visto un mitin de CC con seguidores de
Tenerife a los que habían montado en guaguas y llevado a Gran Canaria con un
bocadillo de mortadela bajo el brazo. Creo que por eso hay que tener respeto a
CC porque en las elecciones locales esta formación caciquil se crece y puede
dar verdaderos vuelcos y por eso, los que nos oponemos a ellos con todo el
sentimiento que de que desaparezcan es lo mejor que le puede pasar a Canarias,
debemos estar prevenidos.
Los
votos de los emigrantes deberían ser contados de otra forma. No es de recibo
que muchos votos de estas personas, que son hijos de tercera generación de
emigrados, deciden el gobierno en pueblos en los que probablemente nunca han
estado y con posibles visos de fraude no sólo por parte de CC sino del PSOE en La Gomera donde el caciquismo
de Casimiro Curbelo es flagrante. Una posible solución sería que las votaciones
en el extranjero se hicieran al mismo tiempo que en el resto del territorio
nacional en embajadas, consulados y lugares habilitados al efecto o mejor aún,
que se creara una circunscripción de residentes en el extranjero con sus calendarios,
sus candidatos y su manera de tener representación en el congreso.
En cuanto a
los inmigrantes que residen, trabajan y cotizan en España se les debería dar el
derecho al voto al mismo tiempo que se les da las garantías a la residencia.
Quizá, si esto fuera así, mucho nazi metido dentro del Partido Popular
empezando por Rajoy se lo pensarían un poco antes de hacer campaña contra la
inmigración con demagogia y despreciando lo bueno de que en España haya inmigrantes.
La
reforma electoral está en manos de los dos grandes partidos nacionales y al ser
los grandes favorecidos de este sistema electoral no lo van a cambiar. Y es que
los ciudadanos no debemos esperar a que nos den la democracia como un regalo
que se nos hace sino que debemos tomarla como un derecho que nos pertenece. Y
es claro que la democracia real, la que nos permite participar, no está en
torno a los gobiernos y los sistemas de partido. Por eso, cada día más,
deberemos tomarnos la democracia por nuestra mano fortaleciendo las
organizaciones civiles y sociales. Es nuestro deber.
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