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A ver si nos entendemos. Yo no es que vaya a dudar, líbreme el cielo, de la devoción de nadie. Pero el que moviliza coches oficiales -jodiéndole el puentito al conductor para estar con su familia- a fin de acudir a una procesión, francamente, a mí no me parece como si dijéramos una conducta ejemplarizante desde el punto de vista del buen cristiano. O de lo que uno entiende por buen cristiano, vamos, que nunca nos hemos tenido por los depositarios de verdad alguna, ni en lo humano ni mucho menos en lo divino.
Un conductor, como mínimo, cobra unos 100 euros por hacer tres o cuatro
horas extras un festivo. Algunos, con toda lógica, se apuntan unas
cuantas horas más (entre lo que van a buscar el coche, lo lavan
normalmente...) porque en realidad no es que les jodan esas horas, sino
que les joden todo el puente porque se quedan arrestados ellos y sus
familias sin poder ir a ningún sitio. Con los coches oficiales
que yo vi en el entorno de la Iglesia de La Concepción este viernes, la
coña de las horas extras, sin contar con dietas del político, puede
salir por unos 1.500 o 2.000 euros, lo que el Obispo no recoge en la
cestita que pasa en la solemne eucaristía ni de coña.
En fin, que hay cosas a las que no termina de acostumbrarse uno porque,
en todo caso, si estos personajes hicieran sus viajitos en tranvía la
cosa, como ustedes comprenderán, nos saldría alguito más económica y
sin molestar a nadie. Además, hasta un poco más ejemplarizante sería el
asunto.

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