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A alguna mente verdaderamente
privilegiada se le ha ocurrido poner otro puente pegado al de General Serrador
pero sin arcos y ni sin nada dado que nuestros antepasados, por lo que se ve,
eran bastante gilipollas. Una plancha que apenas se levantaba un metro -yo creo
que ni eso- de lo que era el cauce del barranco de Santos en ese peligrosísimo
tramo. Y claro, como que la cosa parece que les ha acojonado a ellos mismos, de
tal forma que están rectificando ese cauce, dándole como si dijéramos mayor
profundidad.
Y claro que uno no es ingeniero ni nada,
aunque cuando chico construía verdaderas presas y canalizaciones en mi barrio en
la época en la que los barrancos se la pegaban corriendo durante semanas, con lo
que alguna experiencia tengo en el tema. Y, ciertamente, lo que aprendí de chico
es que cuando querías que el agua no se te desbordara -también lo sabía porque
me pegaba seis horas seguidas regando plataneras a manta con el sacho que tanto
le gusta a Wladimiro- lo que tenía que hacer es aumentar la pendiente. Hoy lo
pienso y entiendo que claro, a mayor velocidad, más rápido se puede desalojar un
mayor volumen de agua al tiempo que dificultas o impides que los depósitos te
obstruyan el cauce. Una cosita, vamos, que se aprende jugando.
Pero yo creo que estos ingenieros de hoy
en día, esta gente que ha tenido la oportunidad de estudiar concienzudamente en
universidades de renombre (yo a eso no lo quito mérito, al contrario), ya no
juegan, o no jugaron en los barrancos, y trabajan con otros parámetros que yo,
obviamente, no alcanzo a entender. Porque es que entre ese nuevo puentito a la
altura de Serrador y Bravo Murillo, donde el barranco desaparece bajo las
avenidas para desembocar en la dársena Sur, ya la pendiente estaba bastante
ajustadita y sin solución. Y sin solución porque cuando las mareas son potentes
el agua salada aparece al otro lado de Bravo Murillo y lo que no ha conseguido
nadie todavía, que yo conozca, el disminuir la cota que alcanzan las mareas para
que desaloje un barranco, un río o lo que sea. No se puede, sencillamente porque
es imposible.
Por eso es que acaso la única solución
que tenía esa peligrosa desembocadura para darle cierto grado de seguridad de
cara al futuro era hacer justamente lo contrario de lo que está haciendo el
Cabildo, que no es otra cosa que intentar aumentar un poquito la pendiente desde
kilómetro y medio antes, como mínimo. Pero claro que eso ya es imposible porque
el nuevo puentito de Serrador lo hace inviable y el otro puente de Bravo
Murillo, también insuficiente, habría que haberlo ampliado y levantado un poco
antes de meterse con las obras del tranvía, pero las prisas y la
irresponsabilidad no lo hicieron posible.
En fin, que a mí, como en todas estas
cosas que sólo podrían acarrearnos desgracias, lo único que deseo es estar
radicalmente equivocado por mucho que mi experiencia en juegos infantiles me
diga justo lo contrario. Creo, honestamente, que o alguien está metiendo la pata
de manera considerable o que, lo que es peor, nos hemos chiflado definitivamente
y aquí lo único que nos falta es un techo para homologarnos tranquilamente a los
antiguos manicomios. Así de clarito lo digo aunque, a un tiempo, reconozco que
doctores tiene la Santa Madre Iglesia y no me reconozco, en absoluto, como el
depositario de la verdad. Ni muchísimo menos.

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