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Antonio Pérez
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domingo, 20 de julio de 2008 |
Os invito a ver el último video que acabo de colgar en mi
página ( http://savecameroonchildrens.org/index.php/component/option,com_seyret/Item aquí), es el día a día de Buea, la ciudad
donde estoy seguro de que volveré para terminar el proyecto en el que estoy.
Intentaré explicaros en qué consiste ese día a día. Primero nos tenemos que
imaginar en un ambiente en el que lo único que estaremos respirando
constantemente es humo. Cantidades ingentes de humo, a todas horas. De día
de noche, siempre el humo. La razón es la inexistencia de las cocinas. No
recuerdo ver una cocina durante los cuatro meses que estuve allí. El terreno
es extraordinariamente fértil, de echo leí que es la zona donde más llueve
en el mundo por metro cuadrado y doy fe que es así, en mi vida vi unas
lluvias tan torrenciales diariamente. Crees que se te cae el techo encima y,
además, es que los techos de Buea no son los nuestros. Esa fertilidad del
terreno les permite tener leña la que quieran y es básica para el fuego y
con ese fuego cocinan. Las cocinas no se encuentran dentro de las chabolas.
Son pequeñas casitas anexas donde uno se encuentra, normalmente, un enorme
“perolo” colgado del techo o directamente encima de las brasas y, agachado,
el que cocina se dedica a pasarse horas allí delante. He pasado noches que
creía que me moría asfixiado por el humo que entraba en mi ventana al estar
cerca de esa cocina.
La gente se levanta muy temprano. Hay que buscarse la vida.
Los niños se dirigen a la escuela, mientras están en la escuela no pasan el
tiempo pensando en el hambre que pasan. Mareas y mareas de niños de
distintos colores en sus uniformes se dirigen lentamente a estudiar. Eso los
más afortunados. No todos lo pueden hacer. Existe un hambre por aprender
tanto como darle satisfacción al estómago. No paran de preguntar y de buscar
respuestas. El hambre agudiza el ingenio, doy fe. He visto cosas hechas por
niños pequeños que nunca hubiera imaginado que un niño tuviera esa
capacidad. El tiempo sobra y no existen las consolas ni la televisión, ni
los anuncios, ni las vacaciones, entonces… a imaginar y darle cuerda al
cerebro. Se me acercó un día Sam para enseñarme una especie de helicóptero,
que no era helicóptero pero que volaba como uno. Y todo con un pequeño motor
eléctrico y una pila casi gastada. Me quedé estupefacto con el ingenio. Y me
pregunté, ¿qué sería capaz de hacer Sam si tuviera los medios para explotar
ese ingenio?. Otro día se me acercaron un par de chavales de unos 15 ó 16
años, que no conocía, para enseñarme un coche de lata (tendríais que ver ese
coche cómo lo había modulado, no sé cómo) con sus ruedas, sus puertas y su
techo que se ocultaba con una especie de mecanismo que utilizaba una
jeringuilla como sistema de fuerza. Me arrepiento de no haberle hecho una
foto a ese coche porque realmente os sorprendería verlo actuando. TODO A
MANO.
Por las tarde no hay nada que hacer, así que la gente se la
pasa charlando y saludando a todo el que le pasa. Allí te lo pasas de miedo.
Son extremadamente afables los cameruneses de Buea. Gente tranquila. Claro,
es ahí donde aprovechan para pedirte el oro y el moro y te pasas diciéndoles
que no eres el banco Europeo. Lo peor es ver a las pequeñas criaturas
deambulando por las calles sin nada que hacer y en unas condiciones
realmente penosas. No así con los adultos, que los verás bien alimentados y
presumiendo de lo mucho o poco que tienen. Los niños con harapos y, el que
tiene unas sandalias, dichoso él. El suelo (como veréis en el video de Buea)
es un auténtico estercolero. Andas sorteando todos los obstáculos del mundo.
Yo cometí el error de llevarme unas zapatillas de deporte para el día a día.
Tuve que comprarme unas sandalias (de segunda mano, todo es segunda mano
allí) para poder andar. Haceos a la idea del color de los pies (tardé dos
semanas en quitarme el color a tierra cuando volvía a España). En esas
tardes te pasas por los pequeños puestos que hay por la zona. Para comprar
cacahuetes, plátanos o pequeñas naranjas que te den un poco de vitamina C y
te intenten refrescar. Allí paras con el tendero y charlas y charlas y te
ríes y no paras de reírte. Realmente buena gente.
Por la noche todo es silencio, las calles están oscuras y no
es aconsejable salir solo, pero lo normal es que no te pase nada. Vas en
grupo y ya está. El único sitio donde hay para ir son pequeños locales con
las sillas en la calle para tomarte un refresco o cerveza. Yo no bebo
alcohol, así que tomaba refrescos, de unos sabores realmente extraños y con
unas medidas enormes. Casi un litro es una botella. Los lugareños lo que
beben es cerveza. A mí no me gusta la cerveza normalmente, pero la de allí
especialmente. Es muy agria, pero no se lo digáis a un Camerunés, para ellos
es la mejor del mundo, ¡cómo no!
Otra particularidad es la música. Si te atreves un día a
acercarte por allí (espero que me llames antes para echar una mano) llévate
tapones para los oídos. El ruido es infernal por el día. Música y más
música. Repitiéndose a todas las horas del día. Viven con la música dentro.
Para el día a día y para la religión. Muchas canciones son con letras
religiosas. Y el estribillo es cansino, una y otra vez, una y otra vez,
canciones de 20 minutos diciendo siempre lo mismo.
¿Creéis que hay alguna diferencia en el día a día de Buea y el nuestro? Si
encuentras las diferencias las valoras y dite a ti mismo si merece la pena
preocuparse de lo que nos preocupamos, de si vale la pena ayudar a esa gente
y de si es justo que nos quejemos como lo hacemos…

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