Realmente yo no sé si son chiflados (somos en
algunos casos), si es que no les queda otro remedio o si es que son militantes
ecologistas, pero los pocos individuos que cogen la guagua todavía en Tenerife
deberían ser objeto de estudio porque, tal y como los tratan, realmente
representan una especie única -y seguramente en extinción- dispuesta a pasar
todo tipo de penalidades y a soportar en ocasiones un trato que roza lo
vejatorio.
Y no es que en esta Isla, muchas veces, simplemente
para acceder a una parada de guaguas te estás jugando literalmente la vida,
asunto del que ya hemos hablado muchas veces y durante años, la cosa es que
éstos parece que van de quedada y ahora, concretamente en la autopista TF-5, a
alguien se le ha ocurrido hacer marquesinas de hormigón armado para sustituir
las existentes (algunas nuevas y recientemente instaladas) cuando curiosamente
en gran parte del la autopista TF-1 no hay ninguna. Y yo no digo ni que sí ni
que no, aunque considero que donde había marquesinas lo importante, antes de
hacer nuevas y mientras en buena parte de la Isla no hay ninguna, es conseguir
ser capaces de mantenerlas o, como mínimo, limpiarlas aunque sólo sea por
Navidad. Porque es que incluso las que hicieron de este nuevo modelo de hormigón
armado a la altura de Los Majuelos -que no hace tanto tiempo de eso- resulta que
las han forrado de losetas que se han ido cayendo una a una sin que haya un alma
que tenga la ocurrencia de reforzar eso o repararlo. Total, si fuera el tranvía,
pero es la guagua que en esta tierra es como el transporte de los miserables.
Pero el caso es que una de las paradas más
concurridas, si no la más, de todas las que hay en las autopistas de Tenerife,
la del Hospital, se la han cargado, tal cual, y después de hacer los muros de
hormigón han vallado aquello y al carajo, no han sido capaces ni de poner media
docena de bloques con un tablón para que se siente la gente y mucho menos un
poco de sombra para esos viejitos que vienen de ese norte a hacerse sus
pruebitas y sus cosas al Hospital y que se ven tirados en medio de esa autopista
de mala manera. Es más, los belillos éstos no tenían porqué haberse cargado las
dos marquesinas que había sino, en todo caso y si iban a llevar la obra a ese
ritmo (de abandono total), podían haber dejado una y haber hecho sus muros de
hormigón un par de metros más arriba o, al contrario, haber cambiado
provisionalmente las viejas de sitio que eso no cuesta absolutamente nada. Es
sólo cuestión de respetito aunque sea por nuestros viejitos, cosa que estos
personajes ignoran porque se sitúan siempre por arriba del bien y del mal y ya
tienen aparcamiento subterráneo en la Plaza de España para dejar sus flamantes
coches -que les pagamos entre todos- a la sombra y junto al trabajo.
La mamandurria por encima de todo, ¿en qué
condiciones se contrata una obra de esas sin establecer la necesidad de dar
alguna opción a la gente mientras dura la obra? Verdaderamente increíble, aunque
en el caso de esa parada lo verdaderamente milagroso es que algún viejo de esos
llegue vivo
porque tiene que cruzar por sitios
en pendiente y sin señalizar ni leches. Total, qué más da.