Ricardo Melchior lleva como unos 15 años vendiendo
no sé qué de unas viviendas bioclimáticas en el ITER a las que yo, honestamente,
ya les perdí la pista por hastío. Pero verdaderamente donde nos estamos luciendo
en Tenerife en cuestión de construcciones bioclimática es en los edificios y
espacios públicos como el Auditorio, los edificios oficiales acristalados (el
ejemplo paradigmático ahora mismo es el nuevo
bloque de
consultas del Hospital que lo han inaugurado como tres o cuatro veces antes
de las elecciones pero todavía nada) o el alumbrado de la Plaza de España (en lo
que tiene que ver con eficiencia energética que de salir adelante las propuestas
del gobierno de España con respecto al alumbrado público muy pronto podrían ser
ilegales esos carísimos farolillos). Pero lo del moderno y flamante
Intercambiador es casi que hasta más espectacular.
El caso es que tanto la orientación del edificio
como la forma de esa 'visera' hacen que por la mañana, más o menos hasta medio
día, casque el sol en la zona de espera de las guaguas urbanas (cosa más o menos
soportable habitualmente), pero cuando la cosa se pone fea de verdad es a partir
de las dos de la tarde en la zona más amplia y concurrida de la plataforma de
las guaguas interurbanas. La gente joven, más o menos, soporta la cosa porque se
despatarran como lagartijas en aquellos bancos, pero tanto los más viejos como
los propios conductores de Titsa se refugian de pie derecho en la pequeña franja
de sombra que produce la guagua porque aquello no hay cuerpo que lo resista. Un
espectáculo verdaderamente insólito y tercermundista.
Y es que ese carísimo Intercambiador, que yo
utilizo habitualmente cuando voy a Santa Cruz en combinación con la guagua o el
tranvía porque es de escándalo que te 'regalen' el aparcamiento que
sorprendentemente casi siempre está medio vacío y con una planta siempre cerrada
pese a que no hay aparcamiento público en el mundo entero más lujoso que ese (de
hecho hay más lujos para los coches que para las personas, al menos disfrutan de
sombra), no es otra cosa que el fruto del despilfarro y la improvisación. Cuando
hicieron eso, que estuvieron más de 10 años para abrirlo, no tenían pensado ni
lo del tranvía ni nada, cuando una buena planificación hubiera obligado a que
ese tranvía entrase debajo de las plataformas de las guaguas. Es más, ahí tienen
nada menos que 4.000 metros de locales comerciales (que en un Intercambiador de
transportes se rifaría la gente en cualquier parte del mundo) cerrados y
generando las correspondientes pérdidas para las arcas públicas.
En fin, otro gigantesco monumento a la
insostenibilidad en forma de una edificación que podría haber sido modélica
porque simplemente dando zonas de sombra no sólo a los usuarios sino a las
guaguas (que envenenan a la gente también porque todas esas hileras de guagua
dejan los motores encendidos para evitar el recalentón con aire acondicionado a
tope mientras están paradas) se podrían haber instalado paneles solares en esa
inmensa superficie y acaso nos hubiéramos evitado el injustificable
destrozo ecológico que hizo Melchior en
Granadilla, para negocio de unos cuantos en suelo público, con la cantidad
de edificios públicos que hay en esta Isla con ubicaciones perfectas para este
uso, no digamos nada de naves industriales. Que observen ustedes hasta qué punto
estamos hablando de tremendo disparate que, pese a que el parking de coches está
totalmente infrautilizado, existe una inmensa explanada de aparcamientos al aire
libre junto a la parada del tranvía que curiosamente siempre está a tope y a mí
no me pregunten ni quién gestiona eso ni porqué se permite habiendo
alternativas, que seguro que eso lo iban a consentir junto a un parking de
Antonio Plasencia.
Y hay quien dice que todo el disparate de este
Intercambiador, y el supuesto retraso que hizo que las obras se prolongaran
durante más de diez años, no tuvo que ver con otra cosa sino con el hecho de que
determinados constructores estaban desarrollando sus proyectos de aparcamientos
por ahí, o de zonas comerciales como la que metieron donde antiguamente estaba
la
Ciudad Juvenil donde otro especulador dio tremendo pelotazo también que le
ha venido bien a algunos políticos para que sus señoras pongan perfumerías y
demás. Y acaso por eso es por lo que no ha habido el más mínimo interés en
promocionar estas instalaciones que, hoy por hoy y pese a que las guaguas no
tienen ninguna prioridad en Santa Cruz, representa una alternativa de movilidad
muy buena para los belillos que siempre vamos con prisas a todas partes a falta
de que estos sinvergüenzas se decidan a hacer lo que dijo Lorenzo Dorta antes de
marcharse, que acaso por decir eso tuvo que marcarse, no lo sé:
"Dorta reconoce ahora que La Laguna y Santa Cruz
necesitan más carriles de guaguas".
Pero el caso es que estando esos inmensos
aparcamientos prácticamente vacíos, a dos pasos del Cabildo cogiendo el tranvía
o una guagua si no te gusta caminar un poco, resulta que el Melchior le ha
levantado metro y medio el nivel a
la Plaza de
España -dejándola en pendiente delante de la primera institución de la Isla-
para que los políticos y altos funcionarios no tengan que molestarse o
tropezarse con la chusma por la calle. Dos horrorosas entradas al garaje, uno a
cada lado de del Cabildo, aparcamiento en superficie en medio de la Plaza para
emergencias, y un mamotreto negro por donde sale el ascensor frente al Palacio
Insular lo que en mi vida he visto frente a un edificio histórico en ninguna
parte. Eso sí, lo primero que hicieron fue retirar la molesta parada de la 015
de ese mismo lugar porque molestaba y podía hacerle competencia al tranvía. Que
así de cojonudos somos por mucho que Pepito Rodríguez se empeñe en echarle la
culpa de todos nuestros males al canarión.