Hace cuatro años que la Demarcación de Costas,
obligada por el dantesco espectáculo así como por las denuncias ecologistas, de
algunos ecologistas, prohibió el festival 'Son Latinos' que se llevaba a cabo
durante doce horas seguidas sobre la principal playa turística de Tenerife.
La campaña de despellejamiento público, dirigida
por Willy García desde las alcachofas de
Radio Club Tenerife
fue verdaderamente espectacular. Una retahíla de descalificaciones e insultos,
como siempre sin derecho a réplica, que no surtió los efectos deseados porque
los responsables de autorizar semejante salvajada no pudieron seguir mirando
discretamente para otro lado ante la evidencia del despropósito que no sólo
dañaba gravemente la imagen turística de Tenerife sino que, incluso, ponía en
riesgo cierto la salud de los usuarios de la playa.
Y yo creo, quiero creer, que a nadie en su sano
juicio se le ocurriría organizar una cosa semejante hoy en día en esas
condiciones y en un lugar como ese, donde para más inri la arena no se regenera
de forma natural esencialmente porque se trata de otra playa artificial. Y en
ese sentido creo que, pese a los macrobotellones que organiza ahora Ricardo
Melchior en el ITER (otro disparate que este año se ha saldado hasta con
víctimas mortales), hoy en día se organizan otras cosa por ahí donde
precisamente en lo más que se incide en el respeto al entorno independientemente
de que a sus promotores les pueda importar un carajo el asunto. ¿Qué hubiera
ocurrido aquí si un par de chiflados, dispuestos a aguantar estoicamente los
palos de Radio Club Tenerife a cambio de nada, no le hubieran plantado cara a
esta gente?
Y no está de más, recordando aquellos lamentables
acontecimientos que pasaron hasta por lo tribunales, denunciar que en esta
tierra existen determinados personajes, uno de ellos que de la 'universidad
de la vida' ha pasado a dirigir la Televisión Canaria para
perseguir a curas por ahí en líos de faldas, que se comportan como auténticos
gamberros y que están en el convencimiento de que funcionan por encima no sólo
del bien y del mal sino, lo más peligroso, por encima de la legislación vigente
por el hecho de disponer del control de alguna alcachofa por ahí. Incluso el
actual presidente del Gobierno, Paulino Rivero, no tuvo reparo en interpelar a
la Ministra de Medio Ambiente nada menos que en el Parlamento de España
acusándola de machacar a Canarias por prohibir ese desaguisado, quedando
lógicamente en el más absoluto de los ridículos si es que éstos saben lo que es
eso.
Que casi más patético todavía fue la carrera que
tuvo que echar Wladimiro, el consejero de Medio Ambiente del Cabildo, al
despacho de José Manuel Bermúdez en el año 2003 para firmar una autorización in
extremis porque los técnicos del Cabildo, como gente decente, se habían negado a
rubricar semejante ilegalidad que esencialmente suponía una agresión
insoportable al sentido común. Pero la pregunta o la incógnita sigue sin ser
despejada desde el momento en que hay un montón de funcionarios públicos por
ahí, obligados a dar la cara de oficio ante disparates de este tipo, y que
siguen mirando para otro lado cuando de los intereses de determinados
empresarios se trata mientras, al mismo tiempo, le caen arriba -sin
consideraciones de ningún tipo- al desgraciado que se le ocurra montar una
tienda de campaña por ahí un par de días. Que es eso realmente lo que te deja
hablando solo ante este tipo de situaciones y personajes.