|
La noche del pasado viernes, una avalancha de aire fresco
proveniente del Sur se atrevió a tocar a las puertas de la conciencia
adormecida de una ciudad otrora valiente y reivindicativa, recordándole que
el momento había llegado, que todavía nos queda tiempo para que el propio
pueblo canario diseñe y protagonice su futuro.
Fue una de esas ya olvidadas fiestas populares donde aspiramos
con avidez un denso y refrescante aire de libertad.
Surgidas del corazón, las inamovibles consignas de los carteles
eran sustituidas por otras expresiones espontáneas, al calor de aquella
magia que parecía envolver el alma de los manifestantes.
Alguien gritó a mi lado: ¡Que nadie separe a los canarios!
La emoción impregnaba los gestos, las palabras y las sonrisas
satisfechas de quienes al mirar a su alrededor solo veían amigos y
familiares, como fieles compañeros de su comprometida aventura.
Las bocinas y los pitos servían para aliviar el dulce calor que
ardía en nuestros pechos.
Una manifestación modélica, donde el señorío de la sufrida gente
del Sur se puso de manifiesto en el tono y las formas en que fueron
presentadas nuestras reivindicaciones.
Solo nos quedó una pena, que las puertas de esa conciencia apenas
fueron entornadas. Pero no debemos afligirnos por que sabíamos que esto no
es más que el comienzo del desafío que nos manda el destino y si queremos
vencer a la impresionante maquinaria del Estado, debemos insistir hasta
despertar y convencer a nuestros hermanos canarios del disparate que se está
gestando en el Sur.
Hasta ahora los que se han posicionados como nuestros enemigos
solo han podido conseguir el allanamiento de los terrenos y para ello se han
visto precisados a mentir, a faltar a las leyes que están obligados a
respetar, a iniciarnos en un maquiavélico juego de juicios y sanciones, a
controlar férreamente los medios de comunicación para que nuestra voz no
fuera escuchada, a contratar un ejército de sicarios que doblegara nuestro
espíritu y todo ese esfuerzo, todo ese derroche de fondos públicos para que
solo puedan presumir del allanamiento fraudulento del terreno donde piensan
ubicar su indecente pirámide y que cada vez más canarios se pregunten que
ocurre en el Castillo del Romeral.
Nuestro camino se inició en la ya desaparecida y entrañable zona
cero, allí, al calor de un reconfortante café se iniciaron muchas y buenas
amistades, allí se enhebraron voluntades creando un colectivo más unido y
por consiguiente mas fuerte.
Soportamos las inclemencias del noble viento del Sureste y la
aberrante agresión de un ejercito comandado por aquellos que estando
obligados a velar por nuestro bienestar, desviaron su mirada hacia otros
objetivos más codiciosos.
El camino hasta aquí ha sido intenso pero gratificante, hoy nos
acompañaban en la manifestación un montón de amigos provenientes de muchos
rincones de la isla y desde el otro lado del charco. Cada vez somos más los
que nos comprometemos en la defensa de nuestra querida tierra y apenas hemos
comenzado. Cada vez tenemos más amigos.
Abandonamos la ciudad satisfecho, era nuestra obligación
intentarlo pero parece que el momento no había llegado, pero volveremos a
subir y bajar montañas para salvar a Canarias de tanto desaprensivo.
Juro que volveremos, nos va la vida en el desafío.
Sisifo
Consejo de Vecinos Castillo del Romeral

Noticias Relacionadas:
No se han encontrado noticias relacionadas |