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Canarias/ Salek Baba, Ministro de Cooperación Saharaui, se encuentra
estos días en Canarias, dentro del habitual marco de intercambio de
visitas entre el pueblo saharaui y el canario, al objeto de fortalecer la
colaboración, actualizar la información y mantener el nivel de
colaboración histórico de solidaridad y participación en los proyectos que
se llevan a cabo en los campamentos de refugiados.
Así, el Ministro mantiene reuniones con distintas Instituciones, medios de
comunicación y asociaciones, que se completarán con encuentros con el
Gobierno y el Parlamento, para informar sobre la situación actual y
revisar los proyectos existentes.
La represión y la sistemática violación de los derechos humanos por parte
del régimen marroquí sobre la población saharaui son constantes, afirma
Baba, "por el mero hecho de mantener reivindicaciones pacíficas".
Cuenta
el Ministro que tan sólo los últimos acontecimientos se saldan con decenas
de encarcelados, heridos, torturados, en una campaña de represión feroz de
represalias contra la población saharaui.
Se continúa aún a la espera de que sea nombrado un nuevo enviado especial
de la ONU, después de la dimisión del diplomático holandés Van Walsum,
quien había perdido toda legitimidad cara al pueblo saharaui al mostrarse
como aliado de las posiciones del régimen marroquí.
Resalta Salek Baba
que, de hecho, durante las cuatro rondas de negociaciones entre ambos
gobiernos auspiciadas por Walsum, en ninguna se pudo avanzar.
Y es que Marruecos no ha demostrado en ningún momento, tal y como señala
el Ministro, voluntad política para poder avanzar en las conversaciones,
al no aceptar una condición indispensable: el derecho a la
autodeterminación saharaui.
"Intransigencia", "arrogancia" e "ignorancia", son los calificativos con
que Salek Baba hace referencia a la postura del Gobierno marroquí a este
respecto.
Esperan ahora, por tanto, que es Secretario General de la ONU
formalice el nombramiento del nuevo enviado especial, para proseguir con
las negociaciones y que cuanto antes se produzca una quinta ronda de
conversaciones.
Si bien observa Baba que desde que se produjera el cese de las
hostilidades, en el año 1991, se ha mantenido un escrupuloso respeto del
alto el fuego, "con la idea de que desemboque en una solución pacífica y
que todo el esfuerzo no caiga en saco roto", pues en el caso de que las
negociaciones fracasaran, se desembocaría inevitablemente en un nuevo
conflicto armado.

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