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Candelaria/ Aunque les habían prometido que a las cuatro de la tarde las máquinas
dejarían de trabajar en los derribos, en la tarde del lunes 13 de
octubre los vecinos decidieron paralizar los trabajos colocándose ante
las máquinas, que incumplían el horario pactado.
El portavoz de los vecinos, Tomás González,
cuenta que en la tarde del lunes les dieron un papel de Costas a través
del cual se informa a los vecinos que los trabajos de demolición
durarán tres semanas, y que en ese periodo temporal se produciría la
restricción de acceso durante los trabajos,cuyo horario se informó a
los vecinos por parte de Costas que sería de 7,30 a 13,00 y de 14,00 a
16,00 horas.
Consideran los vecinos que tienen derecho al
descanso, por lo que, a la vista de que no cesaban los trabajos,
optaron por ponerse ante la pala, deteniendo su labor hasta que al
lugar acudió la Guardia Civil y paró las obras.
"Nos están
matando en vida", sentencia Tomás González, quien se hace eco del
sentir de los vecinos, que denuncian que no están siendo considerados
como personas. Reclaman éstos, entre otras cosas, su derecho al
descanso, que desde que comenzaran los derribos se vio pertubardo.
Vuelven
a afirmar los vecinos que no se les ha mostrado aún ningún permiso de
obras, por lo que se pregunta el portavoz de éstos dónde están las
autoridades locales.
El prestigioso jurista José Manuel
Rivero, preguntado por este extremo, opina que debe existir un proyecto
de obras sobre el movimiento de tierras y la destrucción de las
viviendas, que pueden afectar a las casas ocupadas aún que por el
momento no serán demolidas. Se trataría así de garantizar la salubridad
y seguridad de las obras. Además, señala que como bien consideran los
vecinos, los trabajos deben estar sujetos a un horario.
Recomienda
el jurista a los vecinos que presenten tres escritos, uno dirigido a
Costas, otro a la Subdelegación del Gobierno y un tercero al
Ayuntamiento de Candelaria, requiriendo que, habida cuenta que se
llevan a cabo obras que afectan a las viviendas ocupadas, quieren
conocer qué proyecto se ha llevado a cabo para garantizar la seguridad
de las demoliciones.
Señala, asimismo, que es fundamental que
si las casas que al menos por el momento no van a ser demolidas han
sufrido daños, y los ruidos son ensordecedores, alguien debería llevar
a cabo un informe en el que se recojan estos daños, tanto los de las
viviendas como los que sufren las personas. Según Rivero, sería
aconsejable que expertos en seguridad e higiene determinaran cuál es el
mejor horario para los trabajos, teniendo en cuenta que quedan
viviendas habitadas.
Teniendo en cuenta que el ruido es una
lesión y agresión al descanso de las personas, afirma el abogado que
debe limitarse al horario establecido y contemplado como razonable.
Este horario, señala, no puede ser modificado arbitrariamente. Es más,
si el horario no es aceptado por los vecinos como razonable y adecuado,
afirma que se debe impugnar justificando su inadecuación, y que esto
podría ser causa de nulidad de pleno derecho porque atenta contra la
salud de las personas.
Recomienda además el abogado que un
policía o un guardia civil, se persone en el lugar y dé fe de lo que
allí está ocurriendo, y si no entonces habrá que llevar a un notario y
desplazarse de inmediato al Juzgado de Guardia, denunciado que se
trabaja fuera del horario, con la consiguiente producción de ruidos que
están afectando a la salud psíquica e integridad de las personas.
Solicitar por el artículo 13 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que
requiera la inmediata paralización de las obras. Se procedería entonces
a localizar al Juez de Guardia, para plantearla y documentarle las
circunstancias, que este pida a la policía para que compruebe que los
hechos son así, y en la denuncia ya se haría constar que por el
artículo antes mencionado, como primera medida de protección a las
víctimas, se paralicen los trabajos y se ajusten a unas condiciones de
seguridad, higiene, salubridad y de molestar lo mínimo posible.

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