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(Carta al Director de EL PAÍS, 19-11-08)
Sr. Director:
Los propietarios de los medios de desinformación hacen de su capa un sayo.
En este caso, manipulan a placer y a discreción. A veces, las cartas al
director sirven al jefe de la casa para justificar una información que él
mismo se afana en ocultar a la sociedad; y también, para acallar la mala
conciencia por una oscura actuación deontológica.
Hace unos días dirigí una carta al Director de EL PAÍS (EP) criticando la
manipulación y desinformación de ese medio: silencio absoluto sobre un hecho
político y social relevante, cual es la manifestación de unas diez mil
personas en Madrid el pasado día 15 en defensa de la libertad y la
independencia del pueblo saharaui (con motivo del 33 aniversario de la firma
de los ignominiosos acuerdos tripartitos, mediante los cuales el último
Gobierno franquista entregó el Sáhara Occidental a los jerifaltes de
Marruecos y Mauritania), al mismo tiempo que el *seudo* Ignacio Cembrero
llevaba a la página 45 ("Gente y TV"!!!) una noticia -pretendidamente
pintoresca- de solidaridad de nuestros actores con el pueblo del Sáhara
Occidental. (Pareciera que el señor Cembrero se trae extraños desamores con
los hermanos Bardem y, tal vez, también con buena parte de los profesionales
de las artes escénicas. Él sabrá porqué).
Mi carta arremetía contra el silencio del lobby promarroquí y la complicidad
silenciosa del medio de desinformación de PRISA. Seguramente, al director de
EP le han llovido bastantes cartas en parecidos términos.
*
*
Hoy, miércoles 19, tras la denuncia de esa desinformación y ese silencio
cómplice, EP pretende desquitarse soltando alguna de las cartas *
("Saharauis"*, escrita por Francisco Díaz Gallego) que sobre este tema
habrán llegado a su Redacción; seguramente, una de las menos
representativas, menos comprometidas y que más se presta a malinterpretar.
En primer lugar, el pueblo saharaui no es "invisible", como se afirma en la
primera línea de la carta: Pretenden hacerlo invisible medios como EP, que
es algo muy diferente.
En segundo lugar, el cuento de la ayuda externa: Primero se entrega a ese
Pueblo al invasor genocida y, después, se pretende hacer creer a la opinión
pública que se le "ayuda" con cuatro migajas de nada, cuando lo que se hace
es mantenerlo en la miseria, el exilio, la diáspora y bajo el diktat de las
Potencias que, de muy diversas maneras, apoyan y facilitan la ocupación y el
expolio practicados por la monarquía alauita y no exigen la aplicación al
Gobierno marroquí del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.
Hasta los animales y las alimañas necesitan comer para subsistir. Pero no es
sólo ésa la "ayuda" que precisa el pueblo saharaui. Como seres humanos y
como Pueblo, además de alimentación y cuidados, necesitan --¡se les debe!—el
apoyo político, la solidaridad activa y eficaz de todos los pueblos, de las
organizaciones y de las instituciones sociales, políticas y económicas; en
particular, las del país que, en la agonía franquista, vendió ese Pueblo al
enemigo, ahora que también se cumplen 33 años de la muerte del nefasto
dictador. El Pueblo saharaui reclama la devolución de la tierra que les fue
robada en 1975; y de todos sus derechos. Todos.
Pero no se equivoquen ustedes, señores de EL PAÍS, con su sensiblería
manipuladora y su mala conciencia personal o colectiva: Al Pueblo saharaui
no se le "ayuda" silenciándolo y ninguneándolo, sino todo lo contrario,
devolviéndole la voz usurpada –uno más de sus muchos derechos alienados—y
prestándole el máximo apoyo, sobre todo político, tanto a nivel popular
como, principalmente, al más alto nivel de las instituciones de nuestra
nación, palabra que pondremos con mayúscula una vez hayamos cumplido
nuestras responsabilidades con ese pueblo hermano.

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