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Queridos Reyes Magos:
Me
llamo Isaac, y ya no me acuerdo si el año pasado os lo dije, pero estoy
harto de regalos. Tengo un montón y además no tengo con quien jugar Mis
padres, como trabajan tanto, se pasan todo el tiempo viajando de un
lado para otro, yendo a muchas reuniones; por eso nunca están en casa.
Como tampoco tengo hermanos y mis amigos viven lejos, siempre estoy
solo; bueno, solo, solo, no, porque Felicitas Guadalupe siempre está en
casa y me quiere mucho. Felicitas Guadalupe es como mi madre; bueno,
como mi madre no, pero casi; porque no es lo mismo. Mi madre es mucho
más guapa y tiene la cara más suave; y además, huele mejor. No es que
la de Felicitas Guadalupe huela mal, sólo que de otra manera. Cuando mi
madre está en casa todo es diferente. Es como si saliera música de las
paredes y de todos los rincones. Lo que más me gusta es su risa; porque
siempre está contenta, y eso que trabaja mucho, mucho; tanto, que
cuando llega a casa se acuesta a dormir. Yo me la quedo mirando,
aprovechando que Felicitas Guadalupe está entretenida; pero ella, como
si adivinara que la estoy mirando, me sonríe y luego me abre los brazos
y me llama. A mí me gusta reír con ella; cuando me hace cosquillas en
la cama veo sus dientes blancos y sus ojos que me miran y me miran como
si fueran el espejo de mi habitación. Pero pronto me pongo triste
porque sé que enseguida se tiene marchar. Es como cuando te dan un
helado y cuando vas por la mitad se te cae al suelo o te lo quitan.
¿Entendéis? Ella se da cuenta y me coge en brazos, otras veces se
acuesta conmigo y siento sus mimos y caricias y se me olvidan los días
que paso sin ella. Pero luego, cuando me quedo solo, me pongo a llorar;
bajito, para que ella no se dé cuenta. Porque no quiero que se
preocupe; bastante tiene con su trabajo.
Al
colegio me lleva Darwin Felipe; Darwin Felipe es como si fuera el
marido de Felicitas Guadalupe; pero sin serlo. Porque nunca duerme con
ella y siempre se marcha después de guardar las herramientas. Darwin
Felipe es jardinero, ¿sabéis? Bueno, hace otras muchas cosas: también
pinta, limpia la piscina, arregla los grifos y cambia las bombillas
rotas. Hace de todo; yo, a veces, le ayudo y, aunque nunca dice nada,
sé que le gusta porque se para, se sonríe y me da unos golpecitos
en la cabeza. Pero lo que más le gusta es conducir. A veces lleva a mi
padre hasta el aeropuerto. Darwin Felipe le tiene mucho respeto a mi
padre; eso se nota. Cuando él está en casa, se pierde por el jardín y
si quiere algo va por la puerta de atrás y desde allí habla con
Felicitas Guadalupe. Yo me doy cuenta de todo.
A
mi padre también le echo de menos porque juega conmigo y me enseña a
montar los juguetes; y a nadar; también me lleva al club, cuando va a
montar a caballo. A veces, me enseña fotos de los lugares donde va. A
mí me gustaría ir con él, pero no le digo nada. Ya soy mayor y sé que
eso es imposible. Me gusta sentarme en sus rodillas y acariciar su
barba que me pica; pero no me molesta. Es un picor que me hace pegarme
a él, mirarle cuando está distraído, y sentir su calor. Parece un
horno. Nunca tiene frío. También me gusta tocar sus manos; son grandes,
con unos dedos así de largos. Teníais que verlos.
Cuando
los dos están en casa los días se me pasan volando. Por eso no quiero
que se vayan. Felicitas Guadalupe y Darwin Felipe me quieren mucho; eso
ya lo sé, pero no es lo mismo.
Por
eso no quiero más regalos; quiero que mis regalos sean ellos. Quiero
que se queden más tiempo conmigo, que no trabajen tanto y me lleven al
parque y al cine; y de excursión, los domingos. ¿Para qué quiero más
juguetes? Los juguetes no son lo mismo. Juegas un rato y te cansas
enseguida.
Queridos
Reyes Magos: ya sabéis lo que os pido. Los juguetes que me ibais a
traer se los dejáis a los niños pobres del mundo. Felicitas Guadalupe y
Darwin Felipe dicen que en su país hay muchos niños que no tienen
juguetes. ¿Por qué no vais allí con los sacos bien cargados? Porque
ellos seguro que quieren jugar. Yo solo quiero tener el cariño y la
compañía de mis padres; que pasemos juntos más tiempo es lo que más quiero en el mundo.
Os
mando un beso para los tres. ¡Ah!, y cuando lleguéis al jardín
acordaros de Gordon, que aunque no muerde, seguro que con sus enormes
ladridos asusta a los camellos y os podéis caer. Le diré a Darwin
Felipe que lo encierre en la cocina; así no os molestará.
Os quiero mucho y mucho más si me dejáis lo que os he pedido.
¡Adiós!

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