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"Carta a los Reyes Magos"

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Eugenio Fernández Murias   
martes, 30 de diciembre de 2008
Queridos Reyes Magos: Me llamo Isaac, y ya no me acuerdo si el año pasado os lo dije, pero estoy harto de regalos. Tengo un montón y además no tengo con quien jugar Mis padres, como trabajan tanto, se pasan todo el tiempo viajando de un lado para otro, yendo a muchas reuniones; por eso nunca están en casa. Como tampoco tengo hermanos y mis amigos viven lejos, siempre estoy solo; bueno, solo, solo, no, porque Felicitas Guadalupe siempre está en casa y me quiere mucho. Felicitas Guadalupe es como mi madre; bueno, como mi madre no, pero casi; porque no es lo mismo. Mi madre es mucho más guapa y tiene la cara más suave; y además, huele mejor. No es que la de Felicitas Guadalupe huela mal, sólo que de otra manera. Cuando mi madre está en casa todo es diferente. Es como si saliera música de las paredes y de todos los rincones. Lo que más me gusta es su risa; porque siempre está contenta, y eso que trabaja mucho, mucho; tanto, que cuando llega a casa se acuesta a dormir. Yo me la quedo mirando, aprovechando que Felicitas Guadalupe está entretenida; pero ella, como si adivinara que la estoy mirando, me sonríe y luego me abre los brazos y me llama. A mí me gusta reír con ella; cuando me hace cosquillas en la cama veo sus dientes blancos y sus ojos que me miran y me miran como si fueran el espejo de mi habitación. Pero pronto me pongo triste porque sé que enseguida se tiene marchar. Es como cuando te dan un helado y cuando vas por la mitad se te cae al suelo o te lo quitan. ¿Entendéis? Ella se da cuenta y me coge en brazos, otras veces se acuesta conmigo y siento sus mimos y caricias y se me olvidan los días que paso sin ella. Pero luego, cuando me quedo solo, me pongo a llorar; bajito, para que ella no se dé cuenta. Porque no quiero que se preocupe; bastante tiene con su trabajo.


Al colegio me lleva Darwin Felipe; Darwin Felipe es como si fuera el marido de Felicitas Guadalupe; pero sin serlo. Porque nunca duerme con ella y siempre se marcha después de guardar las herramientas. Darwin Felipe es jardinero, ¿sabéis? Bueno, hace otras muchas cosas: también pinta, limpia la piscina, arregla los grifos y cambia las bombillas rotas. Hace de todo; yo, a veces, le ayudo y, aunque nunca dice nada, sé que le gusta porque se para, se sonríe y me da unos  golpecitos en la cabeza. Pero lo que más le gusta es conducir. A veces lleva a mi padre hasta el aeropuerto. Darwin Felipe le tiene mucho respeto a mi padre; eso se nota. Cuando él está en casa, se pierde por el jardín y si quiere algo va por la puerta de atrás y desde allí habla con Felicitas Guadalupe. Yo me doy cuenta de todo.

A mi padre también le echo de menos porque juega conmigo y me enseña a montar los juguetes; y a nadar; también me lleva al club, cuando va a montar a caballo. A veces, me enseña fotos de los lugares donde va. A mí me gustaría ir con él, pero no le digo nada. Ya soy mayor y sé que eso es imposible. Me gusta sentarme en sus rodillas y acariciar su barba que me pica; pero no me molesta. Es un picor que me hace pegarme a él, mirarle cuando está distraído, y sentir su calor. Parece un horno. Nunca tiene frío. También me gusta tocar sus manos; son grandes, con unos dedos así de largos. Teníais que verlos.

Cuando los dos están en casa los días se me pasan volando. Por eso no quiero que se vayan. Felicitas Guadalupe y Darwin Felipe me quieren mucho; eso ya lo sé, pero no es lo mismo.

Por eso no quiero más regalos; quiero que mis regalos sean ellos. Quiero que se queden más tiempo conmigo, que no trabajen tanto y me lleven al parque y al cine; y de excursión, los domingos. ¿Para qué quiero más juguetes? Los juguetes no son lo mismo. Juegas un rato y te cansas enseguida.

Queridos Reyes Magos: ya sabéis lo que os pido. Los juguetes que me ibais a traer se los dejáis a los niños pobres del mundo. Felicitas Guadalupe y Darwin Felipe dicen que en su país hay muchos niños que no tienen juguetes. ¿Por qué no vais allí con los sacos bien cargados? Porque ellos seguro que quieren jugar. Yo solo quiero tener el cariño y la compañía de mis padres; que pasemos juntos más tiempo es lo que más  quiero en el mundo.

Os mando un beso para los tres. ¡Ah!, y cuando lleguéis al jardín acordaros de Gordon, que aunque no muerde, seguro que con sus enormes ladridos asusta a los camellos y os podéis caer. Le diré a Darwin Felipe que lo encierre en la cocina; así no os molestará.

Os quiero mucho y mucho más si me dejáis lo que os he pedido.

¡Adiós!
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