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Se consumó. Tras una
operación de diseño especulativo de primer orden se acaba de fraguar un enorme
pelotazo, uno más, ante nuestras narices y a cuenta de la candidez y el dinero
de todos los españoles. Y parece que no nos ha sentado mal el trago. Lo hemos
digerido sin trastorno alguno. Estamos habituados, nos hemos acostumbrado y
hemos ido apesebrándonos a un ritmo endiablado. Hemos terminado por asumir un
rol de títeres sin solución de continuidad.
Estoy hablando, claro, de la venta de Endesa por
parte de Acciona a la eléctrica estatal Italiana ENEL, que asume a partir de
ahora el 92% de la empresa y por tanto su control total.
Este
pelotazo de última hora y de singular trascendencia para el interés general de
nuestro país, se ha diluido en la rutina del día a día. Para los medios de
comunicación el "notición", una vez consumado el hecho, ha sido fuente de
información apenas durante un par de días. Y a partir de ahí, a otra cosa, que
vienen dadas y permitidas por un Estado débil, incapaz de tomar las riendas de
la defensa del interés general y de lo público.
La
historia viene de lejos y muy bien larvada. La Empresa Nacional de Electricidad
Sociedad Anónima, creada en 1944 y plenamente pública, se empezó a privatizar en un 25%, en 1988, por Felipe
González. En 1994 se le da una segunda tajada, reduciendo la participación
estatal hasta quedarse en un 66,89%. Se abrió así la puerta a su privatización
y a propiciar que una empresa pública rentable, que ganaba cada año miles de
millones de pesetas para el erario público, se convirtiera en un instrumento de
la codicia y el pago de favores.
Con
José María Aznar en el Gobierno, entre 1996 y 1998, cuando más ganaba, cuando
era más rentable, fruto de su intención de ser más neoliberal que nadie, se
consumó la barbarie, frente a las posiciones de Francia, Italia o Alemania que
siguieron apostando por conservar el control público de sus eléctricas.
Así,
en junio de 1998, se precipitó una privatización que le permitió al Gobierno
llenar sus arcas momentáneamente a la vez que hipotecaba un bien nacional de
indudable valor y, al tiempo, la seguridad del país. Se la dejó de repente en
manos de amigotes como Pizarro, -que seis años después la vendió a Entrecanales
(Acciona) y se quitó del mapa, llevándose una indemnización personal de 15
millones de euros (2.500 millones de pesetas)- sin posibilitar la liberación de
los mercados eléctricos y por tanto la libre competencia que favoreciera a los
consumidores, que no han visto de todas estas operaciones sino el aumento
constante de sus recibos.
Tras
todo esto y fruto de la voracidad de un mercado dispuesto a hacer negocio
fácil, desde las redes que se tejían desde los vínculos político-empresariales,
comienzan a moverse un sinfín de operaciones
encaminadas a hacerse con este bien tan preciado, antes público y ahora al
albur de la codicia.
No
fue una casualidad, por tanto, el que Gas Natural, pusiera en marcha una opa a
Endesa en 2005, ante el enorme cabreo de PP y de Pizarro, hoy flamante diputado
popular, que no podían aceptar, así lo manifestaron, que Endesa se convirtiera
en una empresa bajo control catalán. Se torpedeó hasta el límite la operación y
aparece entonces la alemana E.On con las mismas ansias desaforadas, lo que
también se combate duramente desde el Gobierno socialista que no veía con
buenos ojos que nuestra principal empresa energética pasara a manos germanas.
Es
de esta manera como aparece Acciona y ENEL que rompen la operación de E.On,
tras ponérsele en bandeja la operación, y se hacen con Endesa. Eso sí, para
mayor escándalo, toda la operación se fraguó con un préstamo sindicado del
Instituto de Crédito Oficial (ICO) de 500 millones de euros, para que
Entrecanales pudiera comprar el 20% de Endesa, una empresa absolutamente
rentable que ganó 7.169 millones de euros en 2008.
Sólo
dos años más tarde se produce el gran pelotazo que se veía venir, con la
reventa de la compañía. Así José Manuel Entrecanales, por su participación en
Endesa recibirá unos 11.107 millones de euros, 8.218 a tocateja y 2.889 en
activos de energías renovables (2.105 Mw. valorados en 1,48 millones el Mw.).
Más de 1.850 millones de euros de plusvalías, limpios de polvo y paja, a los
que se suma los alrededor de cinco millones de euros que ganó como presidente en 2007 y los 6,3 millones de euros que se
embolsó como salario en 2008.
Como
si de un milagro celestial se tratara, los señores de Acciona entraron
comprando a 32 euros cada acción y se van vendiéndola, sólo dos años más tarde,
insisto, a 42 euros.
Después de visto lo visto, hemos
vuelto al principio de todo. ¡Endesa vuelve a ser una empresa pública! Si,
efectivamente, pero del Estado italiano. En apenas 10 años, tras varios
"negocios" que sólo han servido para enriquecer a unos pocos, Endesa deja de
ser una empresa pública española y pasa
a ser un valuarte fundamental de primer orden del Gobierno Italiano
dentro de nuestras fronteras, controlando un sector estratégico de singular
importancia. La propia Comisión Nacional de la Energía ha advertido
recientemente sobre la posibilidad de que se fuerce un reparto de dividendos
para llenar las arcas del Estado italiano.
El
Berlusconi que tanto gusta a algunos de nuestros políticos, parece que a José
Manuel Soria el primero, va a controlar a partir de ahora nuestra energía y las
plantas de gas a construir en Gran Canaria y Tenerife. Ya no les importaban a
los actuales rectores de Endesa y Gascan nuestra gente y nuestro medio ambiente
y menos les va a importar ahora a la Unelco italiana.
Quizás
es por eso que ya, viéndolas venir, algún socio de Gascan se ha negado a
participar en una ampliación de capital y tal vez sea por eso por lo que los
empresarios de Gascan negocian precipitadamente la venta de sus acciones, y
bastante al alza por cierto, aunque de esto hablaremos en otro momento.
Para
mayor vergüenza y peligro parece que ahora también la pública francesa EDF ha
puesto sus miras en Iberdrola, lo que
haría que aumentara considerablemente el porcentaje extranjero presente en el
control de la energía española -en estos momentos más de un 50%- que se
agravaría notablemente si también cuajase una operación diseñada por Sacyr para
vender su participación en Repsol a la rusa Lukoil, a lo que se suma la compra
de Hidroeléctrica del Cantábrico, en manos de la portuguesa EDP y de Viesgo,
propiedad de E.On.
Mientras,
el presidente de Repsol, Antonio Brufau, se sube el sueldo un 63% en 2008,
ganando un total de 4,2 millones de euros, frente a los 2,6 que ganó en 2007,
para después anunciar que se congela su salario para 2009. Lo mismo que Ignacio
Sánchez Galán, el presidente de Iberdrola, que cobró en 2008, la friolera de
16,5 millones de euros, un 40% más que el salario de 2007, además de un plus
por consecución de planes estratégicos.
Como
ven, la viva imagen de la austeridad y de la defensa del bien común de unos
señores que pretenden que nos suban los recibos hasta un 31%, durante éste y el
próximo año.
Como ven, una simbiosis de pelotazos
y desgobiernos de lo público que se mezclan en una vergonzosa componenda para,
como está sucediendo en Canarias con el gas, sortear el interés general y
seguir beneficiando a un poderoso oligopolio que tiene cogido por los
mismísimos al Estado, a sus instituciones y sus representantes. Sin ningún
pudor. Sin ninguna duda.
Antonio
Morales Méndez
Alcalde de Agüimes

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