 Rabat/ Las argucias de las mafias de las pateras son mucho
más maquiavélicas de lo que se pudiera imaginar. A un euro. Es el
módico precio al que los pasadores de la última patera de la muerte
vendían un CD con imágenes de Televisión Española para convencer a sus
víctimas. El contenido, un reportaje sobre los centros de menores
extranjeros acogidos en España, según denuncia la Asociación Sur por la
Inmigración y el Desarrollo, de El Aaiún, que ha hecho público este lunes un
informe sobre los sucesos que han rodeado el naufragio de la patera de
Lanzarote.
Este viernes se cumplirá un mes del hundimiento de
la embarcación clandestina en Costa Teguise. El balance fue fatal: 25
muertos, un desaparecido y sólo seis supervivientes. La mayoría de los
ocupantes de la patera eran menores. A ellos, y a sus padres, iba
dirigido el CD trampa. Las presas eran fáciles. Todos provenían de
regiones del sur de Marruecos, como Assa o Guelmin. Poblaciones donde
las oportunidades para los más jóvenes brillan por su ausencia. Sin
industria, ni agricultura, ni comercio.
Jóvenes que no tienen recursos para salir a estudiar a las ciudades, y
jóvenes que están condenados a vivir la misma vida que sus padres, que
mantienen a numerosas familias con salarios inferiores a los 200 euros,
quien tiene salario. Una existencia difícil para quien sabe que a menos
de un día de navegación se encuentra el Paraíso. Los separa el
Átlántico, que se ha convertido para muchos de los que les precedieron
también en un gran cementerio azul.
Con el CD en la mano, sentados frente al televisor de la casa las
imágenes se suceden y crece el entusiasmo. En la pequeña pantalla niños
y adolescentes como los que salieron de Guelmin parecen alegres. Han
superado el viaje y nadie puede expulsarlos porque son menores. Lucen
contentos sus ropas nuevas y sus zapatillas de deportes. Unos anuncios
televisivos y vuelven los mismos jóvenes, algunos estudian en el aula
del centro, otros juegan en la cancha de baloncesto.
No pinta nada mal. Además, las mafias también llegan cargadas de
fotografías que demuestran las artes en navegación de sus patrones y la
calidad de sus embarcaciones; el viaje es sencillo. Los 900 euros que
van a gastar en él son una buena inversión. Un dinero que ha costado a
las familias años de esfuerzos y que no habrían gastado si hubieran
sabido de antemano cuál iba a ser el final del viaje.
"Los pasadores tienen muy claro cuál es la situación de estas familias,
y saben perfectamente que para ellos, enviar a sus niños es una
inversión de futuro, que puede reportales muchos dirhams si todo sale
bien", habla Abdalah El Hairach, de la Asociación Sur para la
Inmigración y el Desarrollo.
Ahora, algunos de esos niños han regresado ya a su tierra, dentro de un
féretro, para recibir sepultura. De todos los muertos de la patera,
siete fueron repatriados a finales de febrero a Assa y Guelmin, los
primeros identificados. El viaje de vuelta, a 2.250 euros, lo asumió el
Cabildo de Lanzarote. De las 18 personas que siguen enterradas en
Lanzarote, todas tienen ya nombres y apellidos. Pero sus familias no
saben cuándo ni cómo podrán recuperar sus cuerpos aunque ya todos están
identificados. En un abandonado Guelmin, a las puertas de un árido
desierto, todos los vecinos se lamentan por el viaje de sus hijos. El
último viaje.

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