1.- Las mujeres que formamos la corriente de opinión Otras Voces Feministas estamos indignadas ante la actitud de la jerarquía de la Iglesia Católica que estos días y en relación al aborto no deja de manifestar lo peor de sí misma: la mentira y el engaño de una campaña fraudulenta y millonaria, pagada con el dinero público que recibe; su desprecio hacia las mujeres que abortan (a las que desea la cárcel); la retahíla de argumentos sobre el inicio de la vida humana, retrotrayéndonos a los años ochenta; su menosprecio a organismos como la ONU o la OMS en lo que se refiere a los métodos anticonceptivos y especialmente al uso del preservativo masculino, en línea con las declaraciones genocidas de Benedicto XVI en África en relación al SIDA...
Y
¡cómo no podía ser menos! junto a la Conferencia episcopal el Partido
Popular. Un partido que, en materia de aborto, repentinamente se nos
volvió el más firme defensor de la legalidad vigente que, según ellos,
no necesitaba ninguna modificación. ¿Creerán que somos amnésicas y que
se nos ha olvidado que fue Alianza Popular (matriz del PP) quien
presentó un recurso de inconstitucionalidad que retrasó dos años la
puesta en práctica de la ley de aborto aprobada en las Cortes en 1983?
Un partido que, durante dos legislaturas ocupó el gobierno central de
este país (una de ellas con mayoría) y no cambió ni un ápice la ley.
¿Dónde estaba entonces la Conferencia Episcopal?.
En
santa comunión con los anteriores, casi mil firmantes de una pomposamente llamada
Declaración de Madrid y a
pesar de contar con títulos universitarios todos ellos, dan la espalda
en el Manifiesto a lo archidemostrado por la investigación científica
internacional, a lo defendido por las sociedades científicas, etc....
¡Es lo que tiene investigar dejándose llevar por los prejuicios
religiosos...!
2.- Muchas de las que formamos
Otras Voces Feministas militamos
en los grupos feministas de la segunda mitad de los años 70 y
participamos activamente en la Campaña por el Derecho al aborto del
movimiento feminista de entonces. Lo que estamos viviendo estos días es
como si el túnel del tiempo nos estuviera retrotrayendo a aquellos
años. ¡Quién nos lo iba a decir! Pero si hay que volver a airear y
defender aquellas ideas lo volveremos a hacer. ¡Ahí van!:
- Defendemos
la vida y queremos que sea un valor en nuestra sociedad. Pero no la
vida en abstracto, sino las vidas concretas con su diversidad de
expresiones. Por eso apostamos por una vida digna para niños y niñas;
queremos que lleguen al mundo siendo queridos, deseados; que puedan ser
atendidos, cuidados, alimentados...y no como fruto de un error o un
accidente. Y además nos importan en igual medida, las vidas de las
mujeres, vidas que se ponen en riesgo con un aborto clandestino o que
han de viajar a otros países para poder abortar. ¿Acaso la vida de
estas mujeres no importa...?
- El
aborto tiene una larga historia: unas veces ha sido tolerado, otras
legalizado y otras penalizado. Las prohibiciones nunca han conseguido
evitarlos, sino únicamente convertirlo en un procedimiento de alto
riesgo para la salud, la vida y la libertad de las mujeres.
- A
pesar de lo dicho anteriormente, vivimos en una sociedad plural y
plurales son las opiniones y valoraciones que se hacen sobre el aborto.
Para algunas personas, la vida y las decisiones de una mujer han de
tener idéntica consideración y equipararse en derechos a la vida en
gestación, desde el mismo momento de la concepción, e incluso antes de
ella (ya que algunos se oponen, incluso, al uso de métodos
anticonceptivos y de prevención de Infecciones de Transmisión Sexual).
Y además consideran que el conjunto de la sociedad debe compartir esos
mismos presupuestos. No parece preocuparles las consecuencias para las
criaturas nacidas no siendo deseadas y para la salud y la vida de las
mujeres.
Para otras personas, entre las que nos encontramos
Otras Voces Feministas,
la decisión de las mujeres sobre si optan o no por ser madres es una
cuestión individual sobre la que les corresponde decidir a ellas mismas
en función de diversos factores: su situación, su ética, sus creencias
o la ausencia de ellas, sus opciones... Nadie tiene derecho a
imponernos sus creencias y opciones. La legítima y necesaria protección
de la vida en gestación creemos que no debe prevalecer sobre los
derechos de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su
vida, sobre si quieren ser madres o no y en qué momento de su vida.
3.- En cuanto a la propuesta en la que trabaja el gobierno central consideramos lo siguiente:
- Nos alegra que se decida por un sistema combinado de plazos e indicaciones.
- Compartimos
la opción de rebajar la edad de consentimiento a la establecida en la
Ley 41/2002 de la autonomía del paciente, que fija como edad de
consentimiento los 16 años, e incluso menos con autorización judicial,
si ésta determinase la madurez y capacidad de la menor. Y ello por una
cuestión de coherencia legal con la edad de consentimiento exigida para
casarse (16 -y hasta 14, con autorización judicial-, o para el inicio
de las relaciones sexuales (13 años)...
Se
trata además de una decisión de carácter personal, en la que madres y
padres pueden aconsejar, acompañar, apoyar... No parece que sustituir u
obligar a una menor a ser madre en contra de su voluntad sea un buen
camino, habida cuenta de que será esa menor la que deberá hacerse
responsable en el futuro de la decisión que tomaron por ella o en su
contra.
- No estamos de acuerdo con que las 14 semanas sea el plazo para el aborto a decisión de la propia mujer, sin que necesite el visto bueno
de nadie más. Si bien es cierto que, según las estadísticas publicadas
anualmente por el ministerio de Sanidad y Consumo, el 80 y tantos % de
las mujeres que abortan lo hacen antes de las 12 semanas ¿por qué
fijarse un límite tan corto como las 14 semanas y no el de la
viabilidad fetal (22-24 semanas, según la OMS) que incluirían a casi
todas las mujeres, quedando las indicaciones para muy pocos casos
posteriores como cuando hay serio peligro para la vida o la salud de la
mujer embarazada...?
- Cuando hay tantas
malformaciones y lesiones fetales después de las 22 semanas ¿por qué
mantener ese límite para los abortos por malformación fetal ¿Por qué en
estos casos sólo se podrá abortar si consta un Informe con la inviabilidad fetal?
El gobierno y particularmente las autoridades sanitarias saben que
pocos facultativos se arriesgan a firmar esta incompatibilidad del feto
con la vida. Y que son precisamente éstas las mujeres que en los
últimos años se han visto obligadas a tener que irse a abortar
legalmente en Francia, Gran Bretaña y hasta en los EEUU porque aquí
nadie se hacía cargo de su dolor, de su desamparo, ni de su
desprotección.
- Si el gobierno se inclina por fijar tres días de reflexión
para toda mujer que solicite un aborto y antes de que se le sea
realizado con el fin de explicarle las ayudas que tendría si llevase su
embarazo a término, estaremos de nuevo ante la consideración de las
mujeres como las eternas menores de edad que necesitan protección hasta
para las cosas más elementales. ¡Como si una mujer que quiere tener una
criatura, teniendo pocos medios, no sabe a dónde acudir para pedir
ayuda! Una vez más la imagen de las mujeres incapaces de tomar
decisiones por nosotras mismas y necesitadas, por lo tanto, de tutelas
para hacerlo. ¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar esta minoración
de edad contra la que se levantó el movimiento feminista en sus
primeros años y encima ahora de la mano de un gobierno socialista?
- Si no fuera tan serio este asunto, podríamos pensar que se trata de una tomadura de pelo. ¿O es que el gobierno piensa que con tan publicitado cheque-bebé
y cuatro migajas más las mujeres embarazadas que demandan una
interrupción voluntaria del embarazo se van a echar para atrás? Además
¿no es un poco fuerte que esa información de las cuasi-inexistentes
ayudas, en lugar de que esté en manos de la ciudadanía en general por
los diversos medios públicos, se les plantee a las mujeres que ya han
decidido abortar...?
-
Creemos que es necesario y urgente la regulación de la objeción de
conciencia pero siempre garantizando la prestación del servicio de
interrupción voluntaria del embarazo en todos los Centros del Sistema
Público de Salud. De no ser así, seguiremos como estamos: las mujeres a
las Clínicas privadas acreditadas, la mayoría de ellas teniendo que
pagarse la prestación.
Somos
partidarias de que esta prestación sanitaria, al igual que otras, esté
garantizada en la sanidad pública y con iguales condiciones de acceso y
cobertura en todas las Comunidades Autónomas y que acabe ya la
vergonzosa inequidad que se da ahora. No se nos escapa que para que
esto sea posible hace falta mucha voluntad y la inversión de
innumerables recursos y esfuerzos: desde la modificación de los planes
de enseñanza que incluyan el aborto, hasta la adecuación de centros
ambulatorios y hospitalarios para la atención de esta demanda, que es
muy particular en relación a otras. Sin olvidar que las competencias en
materia sanitaria hace años que están en manos de los gobiernos
autonómicos...
En
cuanto al alcance la de reforma en el Código Penal, es innegable y
positivo como saludábamos al principio, que optar por un sistema de
plazos más indicaciones alivia mucho la situación. Pero mientras se
mantenga el actual Artículo 145 del C.P. la alegría se acaba pronto. Y
no vale con que portavoces gubernamentales se llenen la boca diciendo
que ninguna mujer irá a prisión por abortar porque lo que no dicen es
que sí podrá ser condenada (a multa o su sustitución con prisión si no
la paga, a inhabilitación para ejercer sus derechos ciudadanos, etc.) Y
¿qué pasará con los profesionales que hayan practicado esos abortos?
Ellos si pueden ser condenados, además de a inhabilitaciones
profesionales y ciudadanas, a penas de prisión. ¿En qué han quedado las
garantías jurídicas tan cacareadas por Dª Mª Teresa Fernández de la
Vega cuando hace más de un año estalló socialmente el tema del aborto?
4.-
El crecimiento de las cifras de abortos nos revela también el fracaso y
los límites de la educación sexual que se está llevando a cabo en
nuestro país. Escasa, prohibida de hecho en muchos IES y orientada casi
en exclusiva a la información biológica y anticonceptiva. No está
encaminada a reconocer la diversidad de expresiones de la sexualidad
humana, ni a fomentar en la sexualidad los mismos valores que
consideramos esenciales en otros ámbitos de las relaciones
interpersonales y sociales, como la igualdad, la autonomía -entendida
como tener capacidad, saber decidir y ser responsables con las
decisiones que se adoptan-, el cuidado de nosotras y el de los o las
demás.
A
pesar de quienes no ven más que miserias en la sexualidad humana, ésta
es una fuente de placer, de gozo y satisfacción. Necesitamos más
educación sexual y muchos cambios en el enfoque con el que se realiza
actualmente. Educación sexual no sólo en la enseñanza reglada sino
también campañas dirigidas al conjunto de la sociedad y, en especial, a
los sectores en situación de mayor vulnerabilidad. Campañas que no sólo
informen, que refuercen valores, que permitan avanzar en el respeto a
la diversidad de formas de vivir la sexualidad y también en el respeto
a la diversidad de opciones y comportamientos ante un embarazo no
planificado.
5.-
El gobierno Socialista ¡ojalá nos equivocáramos! está perdiendo, una
vez más la ocasión de dar solución al problema del aborto en nuestro
país. La falta de valentía con la que está acometiendo esta
responsabilidad gubernamental (que sabemos no es nada fácil) dejándose
amedrentar por la Conferencia episcopal y el Vaticano por miedo a
perder un determinado electorado (¿han pensado cuánto perderán por el
otro lado?) nos hace desconfiar en milagros de última hora.
Las Conclusiones de la Sub-comisión del Congreso de los Diputados
contenían elementos bastante más avanzados que las de la Comisión de
Expertos. Parece que el gobierno se está apoyando más en estas últimas.
Lo cierto es que, como dice el refrán
para este viaje no hacía falta estas alforjas. De hecho, si comparamos la legislación actual con la que se prepara, el saldo no es positivo:
- Con la despenalización parcial actual, en caso de grave peligro para la vida o la salud de la embarazada, se puede abortar sin plazo . Con la que viene, no.
- Actualmente,
en los casos de grave malformación o lesión fetal de más de 22 semanas,
la mujer puede abortar acogiéndose al supuesto de grave peligro para la vida o la salud de la embarazada.
La
experiencia acumulada en 1983 (año de la aprobación en las Cortes de la
despenalización parcial del aborto seguida del recurso de AP ante el
Tribunal Constitucional) y en cada una de las ocasiones en las que
algún gobierno socialista anunciaba su intención de ampliar la
legalidad vigente nos revela lo mismo: da igual que se pretenda mover
un solo ápice o el texto completo. La Conferencia episcopal, los mal
llamados pro-vida (en sus más diversas variantes) y el Partido Popular
saltan como si les hubieran tocado
las esencias y, más o menos, organizan la misma
marimorena.
Con los mismos contenidos engañosos, fraudulentos, hipócritas... El
gobierno de Zapatero debería haber sacado sus enseñanzas y, a nuestro
parecer, apoyándose en las mujeres, en las organizaciones feministas,
en la ciudadanía partidaria de la ampliación de la ley (mayoritaria,
según las encuestas), en las sociedades científicas, intelectuales...
progresistas, en las fuerzas sindicales, sociales y políticas de
izquierda, en la existencia de un Estado aconfesional, apoyándose con
firmeza y sin titubeos, haberle plantado cara a una jerarquía católica
rancia que quiere perpetuarse y perpetuar sus privilegios, caiga quien
caiga en el camino.
¡¡Vaya hipocresia la de la Jerarquia eclesiástica y sus acolitos!!