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Michael Jackson, el llamado pomposamente Rey del Pop, falleció
el pasado jueves en Los Ángeles víctima, inicialmente, de un infarto.
Sí, se marcha uno de los grandes del panorama musical internacional,
pero en realidad me parece sorprendente como algunos medios acólitos
comienzan a sufrir una verdadera desmemoria a la hora de poner sobre la
mesa lo que ha sido la trayectoria del artista. Es gracioso que ahora,
una vez muerto, se esté generando una imagen idílica del cantante, casi
casi rozando lo canonizable, hablando de la mala infancia que tuvo, que
si su padre pegaba a todos los hijos, etcétera. No dudo de la veracidad
de estos aspectos, pero vamos, que el caballero tuvo tiempo más que
suficiente para reconducir su vida y lo único que ha hecho, a mi
entender, ha sido enlazar una extravagancia con otra.
Y miren, como señala en La Razón mi admirado Alfonso Ussia, a mí
me la refanflinfa lo que me digan, pero estoy totalmente de acuerdo en
que Michael Jackson ha sido uno de los racistas más activos que ha
habido sobre la faz de la Tierra. Para empezar, ha sido racista consigo
mismo al no aceptar su color de piel, someterse a multitud de cirugías
para conseguir una especie de faz parecido a un café con mucha leche
pasando por la tonalidad invisible con motitas. Dicen que murió
arruinado y que por eso pretendía ofrecer 50 conciertos en Londres.
Normal, su vida ha discurrido por la senda del despilfarro, de la
extravagancia, de sospechas más que fundadas de pedofilia porque, digo
yo, aunque salió absuelto de un juicio por esta acusación, sí que es
cierto que esquivó los tentáculos legales hace muchos años al dar más
de 20 millones de dólares a la familia de un menor para no tener que ir
a declarar a los tribunales.
Artísticamente, la verdad sea dicha, vivió de las rentas de su
etapa con los Jackson's Five y sus primeros pinitos en solitario, pero
pasada la década de los 80, sólo se dedicó a componer temas que no
tuvieron enganche para el público y enseguida se tiró al mundo de la
comodidad con los primeros discos de recopilaciones y de grandes
éxitos. Su carácter, cada vez más huraño, lo fueron alejando del gran
público y sólo los fans más exacerbados han seguido detrás del artista.
Sí, su muerte es una conmoción pero, salvando las distancias, ha sido
un deceso que se parece en el contexto con el de Elvis Presley. Ambos
fueron personajes que, teniéndolo todo a su alcance, no supieron
disfrutar del éxito y acabaron muriendo en extrañas circunstancias.
Claro, que hay quien dice que Elvis vive y trabaja en un supermercado.
Cualquier día algún iluminado afirma que Jackson también trabaja en ese
mismo establecimiento.
http://juanvelarde.blogia.com
Juan Antonio Alonso Velarde

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