 El Aaiun/ Durante el día de
ayer, 18 de agosto, la policía marroquí "llevó a cabo una intervención brutal
en los alrededores del aeropuerto de El Aaiún, capital del Sahara Occidental,
par impedir el recibimiento popular que gran número de ciudadanos saharauis
había preparado a la activista de Derechos Humanos Sultana Jaya".
Sultana Jaya
regresaba de España después de varios meses de tratamiento
médico para las lesiones recibidas en Marrakech por las fuerzas de seguridad
marroquíes el 9 de mayo de 2007 y que le provocaron la pérdida de un ojo, según
comunicó el Comité para la
Defensa del Derecho a la Autodeterminación
para el Pueblo Saharaui (CODAPSO) en una nota remitida al Servicio de
Comunicación Saharaui en Canarias (SCSC).
La organización saharaui denuncia que "todos los accesos a
la capital saharaui permanecieron bajo un estricto control policial, militar y
de seguridad a lo largo del día en previsión de la llegada de Sultana" y lo
mismo sucedió en Bojador, ciudad a la que pensaba trasladarse la activista de
Derechos Humanos "y a lo largo de todo el trayecto que une ambos puntos".
Asimismo, "se produjeron varias cargas policiales con enorme brutalidad y se
violó el domicilio de numerosos ciudadanos saharauis, especialmente, aquellos
relacionados con la defensa de los Derechos Humanos en el territorio del Sahara
ocupado por Marruecos".
Entre los "numerosos heridos", CODAPSO cita a los
ciudadanos saharauis Fatma Amidan, Dhaiba Samhi, Izana Amidan, Sara Abdo,
Abdelghani Kabdana, Saadani Olaya, Said Hadad y Salha Boutenguiza y denuncia
que el hospital de la ciudad a la que fueron trasladados por familiares y
amigos "se niega a proporcionarles certificados médicos de sus heridas para
evitar que puedan llevar a los responsables ante la justicia", indica el
comunicado.
El caso de Sultana no es único. La mujer saharaui ha sido
desde la ocupación marroquí del Sahara Occidental en 1975 la piedra piramidal
sobre la que se ha asentado la resistencia de su pueblo. Violaciones, torturas,
malos tratos, detenciones arbitrarias, abortos forzosos, asesinatos de bebés,
secuestro de sus hijos o desapariciones son las armas que se despliegan contra
ellas un día tras otro desde hace 33 años, tal y como confirman organizaciones
internacionales de tanta credibilidad como Amnistía Internacional o Human Right
Watch. Sultana es una de ellas, un caso que simboliza la tragedia de todas y
cada una de las mujeres saharauis, sus madres, sus hijas y sus hermanas, una
tragedia que apenas despierta el interés de la comunidad internacional y de
aquellos gobiernos que se denominan democráticos.
El 9 de mayo de 2007, Sultana Jaya, una joven saharaui
natural de Bojador "desterrada" por las autoridades de ocupación en el Sahara
al territorio marroquí por su participación en manifestaciones pacíficas en
defensa de los derechos humanos, participaba en una sentada junto con sus
compañeros estudiantes de la
Universidad de Marrakech. Súbitamente, centenares de unidades
antidisturbios cargaban contra las pocas decenas de estudiantes saharauis que
coreaban consignas y Sultana era "salvajemente golpeada". Fruto de "la paliza"
la bella joven saharaui perdía un ojo.
Sujetándolo en su propias manos, era trasladada a la
comisaría de Jamaa Lafnaa. Sin recibir asistencia médica alguna, Sultana era
interrogada durante horas al borde de la inconsciencia. Aún así, todavía
recuerda a uno de los policías decirle a un compañero que le pegara más para
que perdiera su entonces ya único ojo y le viene a su mente la imagen de los
gatos de la comisaría lamiendo su sangre mientras permanecía tirada en el
suelo. Hoy, recuperándose en España de las secuelas de la salvaje agresión,
sólo espera volver al Sahara mientras intenta dar a conocer la situación que
viven los saharauis en su propia tierra.
En noviembre de 2008, Sultana Jaya declaraba al SCSC:
"Tenemos la suficiente convicción en la justicia de nuestra causa y podemos
resistir cien años, la paciencia es un `defecto de los nómadas del desierto
pero nunca nos van a doblegar".

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