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Me sorprendo muchas veces
de la respuesta que tiene nuestra sociedad ante determinados
estímulos o informaciones que recibimos de las noticias. Y
siempre me digo que escuchamos lo que queremos escuchar y nada más.
Si uno viaja por este mundo se da cuenta de que la misma noticia no
se interpreta igualmente según se encuentre en un sitio o en
otro. Lo que para nosotros es extremadamente serio, en otra nación
no pasaría más que a ser una noticia sin trascendencia
mayor. Lo puedo explicar con el siguiente ejemplo. En Camerún,
un hombre que no se haya casado con más de una mujer no sería
un “hombre”. Y el que lo haya hecho con seis o más mujeres
empezaría a ser respetado por la comunidad. Concepto
totalmente incomprensible para nosotros. Pero, ¿son menos que
nosotros o somos nosotros los que tenemos la razón?, ¿quién
de los dos la tiene?, ¿acaso somos el último reducto de
la sabiduría para poder juzgar su actitud?. Claro, nosotros
tenemos argumentos para discutir el tema, pero, ¿ellos no?
Con este breve ejemplo
quiero demostrar que las cosas no son blancas ni negras, sino que hay
matices en todo, en absolutamente todo. Y con este preámbulo
quiero empezar mi artículo.
Desde que hemos sabido de
la llamada gripe A no dejamos de preocuparnos de nuestra salud.
Parece que el mundo se haya acabado. Vivimos preocupados pensando en
que podamos infectarnos o nuestros hijos sean víctimas de esta
enfermedad. Se oyen quejas por todas partes de si el gobierno tiene
que vacunar a éste o al otro. De por qué unos sí
y otros no. Cuando una persona tose o estornuda a nuestro lado nos
alejamos pensando que podría estar infectado o le miramos con
ganas de decirle que, por favor, lo haga cuanto más lejos de
nosotros a ser posible. Nosotros, nosotros y después nosotros.
No sólo no somos
capaces de aceptar nuestro destino, lo rehuimos, lo evitamos. Todo lo
que pueda afectarnos lo tememos, como si yo, tú o él
fuéramos totalmente ajenos a la muerte. Entonces, ¿cómo
pretendo que la gente pueda preocuparse de aquél que está
a cientos, miles de kilómetros de mi casa?. O simplemente al
lado de nuestra casa, padeciendo, sufriendo una terrible soledad o
enfermando totalmente abandonado por los que nos encontramos cerca de
él.
Ahora hay miles, millones
de personas en el mundo que no tendrán acceso a esas vacunas.
Hay millones de personas que mueren de la malaria, niños
totalmente desprotegidos que no saben, siquiera, que existe la gripe
A. Niños que sólo quieren jugar y que morirán
porque no pertenecen a nuestra civilización. Porque nuestra
cultura se preocupará antes de nosotros que de ellos. Porque
ellos NO EXISTEN. Y porque no hay manera de hacer entender que la
vida que aquí tenemos no es real, que existe otra realidad
mucho más cierta que la nuestra (no olvidemos que somos una
inmensa minoría en el mundo que no padece lo que ellos) y que
los hemos olvidado.
¿Cree que es justo
quejarse porque el gobierno haya tomado la decisión,
equivocada o no, de quién tiene derecho a recibir la vacuna
gratuitamente?.
Saludos desde Camerún
Antonio Pérez (
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)
(A Victoria y Cecilia)
www.savecameroonchildren.org

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