El mundo mágico de los niños
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Francisco Alberca
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viernes, 20 de noviembre de 2009 |
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De pequeños nos gustaba jugar fuera de casa, nos distraíamos con la arena,
las mariposas, las mariquitas y las piedras. Un mundo mágico que nos
envolvía y captaba nuestros sentidos abiertos al mundo. Pocos habíamos
escuchado hablar de seres de la naturaleza o ángeles guardianes, sin
embargo, nos sentíamos protegidos y albergados en ese mundo que nos
envolvía.
Hace pocos años cayó en mis manos un libro «Liobaní: Yo cuento. Y tú, ¿me
escuchas?» con unas palabras que según parece procedían de un ángel que
hablaba a los niños de esta Tierra. Sus palabras las encuentro muy valiosas,
no sólo para el desarrollo emocional y posteriormente espiritual de los
niños, sino también para padres y educadores que deseen transmitir a los
pequeños unos valores éticos más elevados. El ángel del que hablamos se
dirigía así a los niños : *«Querido niño, el espíritu protector no se aparta
de tu lado. Él se esfuerza por servirte y ayudarte, para que te conviertas
en un habitante útil de esta Tierra, que ame a los hombres, animales,
plantas y piedras, todo lo que la Tierra lleva de vida»*.
En la Declaración de los derechos del Niño, aprobada en 1959 por la Asamblea
General de la ONU, podemos leer algo parecido bajo el principio séptimo :
«Al niño se le dará una educación que favorezca su sentido de
responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro util de la
sociedad».
El espíritu altruista de esta declaración coincide aquí con
aquellas palabras del ángel, que más adelante continuará diciendo: «Tu
ángel guardián ha sido puesto a tu lado por Dios, tu Padre. Él desea que
hagas que tu alma luminosa se vuelva aún más luminosa y que la fuerza de tu
alma fluya al mundo».
¿Qué gran alivio para un padre terrenal saber que nuestros hijos tienen un
ángel protector? Y qué alegría saber por extraño que parezca que existen
testimonios escritos actuales de un ángel espiritual, llamado en este caso
Liobaní, que cuenta y aclara a niños, adolescentes y jóvenes cómo crecer y
avanzar en este mundo de una forma más positiva, abierta y alegre.
Si como adultos no nos olvidaramos de esa realidad espiritual, que nos sigue
acompañando de por vida, tal vez sería mucho más fácil afrontar los días,
envueltos de una fuerza espiritual diferente, la seguridad interna que nos
enseñan los niños por esa unidad natural con su entorno.
Francisco Alberca
www.vida-universal.org

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