 Canarias/ El cien por cien de los menores inmigrantes subsaharianos que llegó en cayucos a
Canarias en 2006, cuando se registró el mayor número, 928, arriesgó su vida para
conseguir un trabajo y sostener económicamente a sus familias, a las que ya
contribuían en su sustento el 80 por ciento.
Así lo recoge un estudio
elaborado por la Fundación Nuevo Sol, a partir de las encuestas que efectuó ese
año a los 475 menores que fueron trasladados desde Canarias a centros de acogida
de otras comunidades autónomas, que también revela que, pese a los problemas a
los que se enfrentan a su llegada, un 76 por ciento anima a sus compatriotas a
que les sigan.
El estudio, presentado hoy en la sede Casa África, señala
que el 56 por ciento repetiría el viaje, pese a la dureza y alto riesgo que
entraña la travesía, que el 92 por ciento llevó a cabo al menos en cuatro días,
pero que el 53 por ciento empleó ocho días, según los datos facilitados por la
Fundación.
La mayoría de los menores procedía de Senegal, el 65,7 por
ciento; de Mali, el 19,2 por ciento; y de Gambia, el 7,6 por ciento, y el 80 por
ciento de estos jóvenes tenía entre 16 y 18 años y trabajaba en su país de
origen.
Muchos de ellos, el 70 por ciento, no había completado la
educación primaria.
Entre los encuestados, el 33 por ciento se inició al
mercado de trabajo entre los 6 y los 10 años, mientras que un 56 por ciento lo
hizo entre los 11 y los 15 años, y sólo el 20 por ciento buscaba su primer
empleo.
Así mismo, los que ya contribuían al sostenimiento de sus
familias antes de emigrar, el 80 por ciento, desempeñaban trabajos precarios y
con escasa o nula remuneración, por los que percibían entre cuatro y seis veces
menos que en España.
El director de la Fundación Nuevo Sol, Carlos Javier
Molina, ha señalado que son múltiples los factores sobre los que habría que
incidir en los países de origen para frenar este fenómeno, pero ha subrayado que
las políticas educativas y laborales son esenciales para que los niños no
abandonen las escuelas y las familias no se apoyen económicamente en chicos tan
jóvenes.
Molina ha insistido en que la expectativa de estos jóvenes es
conseguir un trabajo para enviar remesas a sus familias para mejorar su calidad
de vida, y a medio y largo plazo regresar pero con mejores expectativas
laborales.
Ha destacado su facilidad de adaptación y que la mayoría habla
francés y sus dialectos de origen, pero aprende rápidamente el idioma español, y
que, pese a que al llegar a España se retrasa su incorporación laboral, no
desisten y se exponen al peligro de estos viajes.
La directora general de
Protección del Menor del Gobierno de Canarias, Carmen Steiner, ha subrayado que
entre las cuestiones que le han llamado la atención de este estudio es que el 64
por ciento de los jóvenes procede de una familia extensa y que se trata de un
"proyecto migratorio familiar", pues el 92 por ciento recibió apoyo económico de
sus allegados para emprender su viaje.
Para Steiner, el trabajo llevado a
cabo por la Fundación en colaboración con la Universidad Pontífica de Comillas y
por encargo de la Secretaría de Estado par la Inmigración ante la masiva
afluencia de menores, servirá para diseñar nuevas políticas para trabajar en la
integración de estos jóvenes.
Steiner ha manifestado que se han producido
grandes avances en las políticas de inmigración desde 2006 que se recogerán en
la nueva Ley de Extranjería y en el Tratado de Estocolmo de la UE, pero que uno
de los "escollos" sigue siendo su identificación.
Ha informado también de
que en lo que va de año han llegado a las islas 219 menores no acompañados
frente a los cerca de mil de hace tres años.
Canarias sigue teniendo bajo
su tutela 994 jóvenes, de los cuales más de 200 están en centros de acogida de
otras comunidades autónomas, que con la nueva ley podrán disponer de su tutela
como así lo han solicitado y ha defendido Canarias en su reforma, ha manifestado
Steiner.

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