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Dos investigadores participan en el primer viaje transoceánico para cartografiar el fondo marino

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ACN Press   
martes, 15 de diciembre de 2009
200912151203580.jpgCanarias/ Este proyecto realizado en colaboración con los Estados Unidos fue posible gracias al uso de un pequeño submarino no tripulado, que cruzó el Atlántico en algo más de siete meses.

Los investigadores Antonio González Ramos y Jorge Cabrera, adscritos respectivamente a los departamentos de biología e informática de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc), participaron recientemente en el primer viaje en la historia de la oceanografía que de forma submarina, gracias a una sonda no tripulada, conectó Estados Unidos y Europa con el fin de cartografiar en tres dimensiones el fondo marino.

La tarea fundamental del equipo de la Universidad canaria fue “el suministro de información de satélite en tiempo real”, según explicó González Ramos, que además integró la expedición que después de siete meses recogió en aguas españolas –frente a la costa gallega- el ‘Slocum Glider’, un mini submarino de dos metros de largo no tripulado que consumió en recorrer los 7.409 kilómetros que separan Baiona de Nueva Jersey 0,5 litros.

El investigador explicó que la misión –realizada en colaboración con la Nasa y la National Oceanographic and atmospheric administration (NOAA), además de la Universidad americana de Rutgers- comenzó el pasado 27 de abril, cuando desde la costa americana fue lanzada la sonda, que navegó todo el tiempo entre una profundidad de 40 y 120 metros. En su trayecto, este dispositivo fue lanzando vía satélite distintos parámetros que permiten ahora “tener el paisaje meteoceánico donde navegó”, según dijo.

La importancia de esta misión, indicó González Ramos, radica no sólo en los datos obtenidos del fondo marino, sino de la apertura de esta ruta en profundidad de la que hasta ahora se desconocía si era posible de cruzar. “No existía un sistema de guía por la falta de conocimiento de las corrientes”, dijo.

Precisamente estas corrientes han tenido mucho que ver en los bajos consumos de carburante del sumergible, ya que este dispositivo las aprovechó para ser arrastrado y “planear” gracias a sus aletas laterales. Los investigadores destacaron que los últimos 300 kilómetros “fueron los más difíciles”, ya que las fuertes corrientes “junto al lastre por culpa de los percebes” hicieron desviar el rumbo del aparato hacia el suroeste, lo que les obligó a salir a su encuentro el 4 de diciembre.

Durante los siete meses de recorrido, el aparato, de 60 kilogramos de peso y 2,40 metros y 100.000 euros, sufrió varias “amenazas biológicas”, ya que fue atacado presuntamente, según los datos de los integrantes de la misión, por varios calamares gigantes. Éstos, junto con la adhesión de percebes según avanzaba el recorrido, fueron dos de los principales riesgos que sufrió el pequeño submarino, que será colocado en un museo norteamericano al lado de la cápsula del Apolo XI, después de conseguir “un importante logro” para el mundo de la ciencia.

Con la apertura de este ‘canal submarino’ del que ahora se conocen sus datos esenciales, se inaugura una ruta que en el futuro podrá ser usada por otros dispositivos similares con equipos más avanzados que permitan recolectar datos sobre el fondo marino de forma mucho más económica y segura que los actuales barcos oceanográficos.
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