En una
entrevista con el diario argelino "El Watan", Haidar aseguró que la
"intransigencia" de las autoridades marroquíes y su rechazo a permitirle
regresar a su ciudad de El Aaiún representan una prueba de que el Gobierno de
Rabat desea verla muerta.
"Ninguna duda sobre eso. Marruecos quiere mi
muerte, es eso lo que quiere, esa es su gloria. Su testarudez, su huida hacia
adelante no pueden ser interpretadas de otra forma", recalcó.
La
militante de derechos humanos explicó que, pese a que su estado de salud es
inestable y sufre varias dolencias, mantiene "una moral muy alta" ya que eso le
"ayuda a resistir".
"A estas alturas de la huelga, el corazón, los
riñones pueden abandonar en cualquier momento. En los próximos días, no respondo
de nada", dijo.
Haidar lamentó que las potencias mundiales ejerzan sobre
ella múltiples presiones para concluir su huelga de hambre "que deberían ejercer
sobre Marruecos", al tiempo que se mostró determinada a continuar su
protesta.
"Mi resolución es firme. Me he dado cuenta desde que he
comenzado esta huelga- en España, un país defensor de los derechos humanos- del
predominio de los intereses económicos. Éstos últimos son decididamente
superiores a los ideales sagrados de los derechos humanos", dijo, aunque añadió
que mantiene una "total confianza" en la solidaridad
internacional.
Respecto a las acusaciones marroquíes sobre que su caso es
una "manipulación orquestada por Argelia y el Frente Polisario", la activista
consideró que se trata de "alegaciones infundadas" de Rabat para "camuflar sus
crímenes".
"Si existe un complot, no puede ser otro que marroquí-español.
España ha aceptado mi expulsión de El Aaiún cuando ésta es ilegal y contraria al
pacto de derechos civiles y políticos de Naciones Unidas", afirmó.
Haidar
enmarcó su situación en el contexto general del Sahara Occidental y subrayó que
lo que pasa con ella "no es más que una vaga apreciación de la situación
dramática, alarmante que prevalece en los territorios ocupados" y la de un
pueblo "dividido" entre el "yugo de la ocupación" y las "difíciles" condiciones
de los campos de refugiados de Tinduf (Argelia).
"Considero que el
silencio de la comunidad internacional ha ido más allá de todos los límites. El
pueblo saharaui no puede soportarlo más. La comunidad internacional no debe
permanecer indefinidamente impasible, con las manos cruzadas, ante una situación
de violación del derecho internacional", insistió.
Aún así, la militante
pacifista confió en que el Frente Polisario no regrese a la lucha armada y
destacó que "la guerra no arregla ni los intereses del pueblo saharaui ni los
del pueblo marroquí, que es también víctima".
Sin embargo, recalcó que la
decisión de volver o no a las armas depende del movimiento independentista, "el
sólo y único representante legítimo del pueblo saharaui".
"Yo lanzo un
llamamiento a la comunidad internacional para encontrar, con toda urgencia, una
solución para poner fin a este conflicto y no empujar al Frente Polisario a
retomar la lucha armada", advirtió.

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