 La Palma/ A las 6:00 horas del 16 de enero de 1957, despuntaba un día oscuro con una
niebla que apenas ofrecía una visibilidad de no más de diez metros. La noche
había sido lluviosa, de manera constante e intensa, pero nadie podía imaginar lo
que estaba apunto de suceder.
El alcalde de Breña Alta, Blas Bravo, tenía
entonces 8 años y, sin embargo, lo recuerda con claridad. “Se escuchaba un ruido
horroroso de mucha intensidad”. Fue entonces cuando recuerda que su padre dijo
“algo está pasando en el barranco”. La riada fue de tal intensidad que “algunas
casas perdieron hasta los cimientos”, recuerda Blas Bravo, “algunos vecinos
regresaron a sus casas para recoger alguna prenda y no los volvimos a ver más” y
entre los desaparecidos, “mi abuela y unos tíos que también perdimos”. Fueron 28
las víctimas mortales de aquella riada que, asegura, “sí puede considerarse como
la peor tragedia de La Palma en el siglo XX” por el número de muertos.
El
barranco de Aduares, en Breña Alta, arrastró árboles, piedras y todo cuanto
encontraba a su paso, incluido viviendas y personas que se encontraban en ellas.
El historiador Juan Carlos Díaz Lorenzo recoge algunas publicaciones de la
prensa local, entre ellas, el relato de Antonio Mendoza Cabrera que entonces
contaba con 19 años: “agarré a mi hermano pequeño y lo puse en la carretera.
Volví a mi casa para coger a mi hermana Elvira de nueve años y salimos todos
corriendo” con ellos una hermana en avanzado estado de gestación. Todo fue
inútil, “el agua nos cayó encima y sentí cómo se me partía la clavícula”. De
esta familia sólo lograron salvarse cuatro hermanos.
Otro de los
dramáticos casos fue el de un matrimonio y sus tres hijos. Todos murieron. Y así
son muchos los testimonios, todos apocalípticos de lo sucedido aquel 16 de enero
de 1957 en el municipio de Breña Alta.
También la Villa de Mazo sufrió
pérdidas personales y materiales, donde el agua se abrió paso a través de
cultivos y arenales provocando avalanchas de lodo y piedras que sepultaron
viviendas y animales. Cientos de personas fueron evacuadas. Juan Carlos Díaz
Lorenzo recuerda cómo en la edición del 18 de enero de 1957 del Diario de Avisos
se cuenta “es tal el duelo, que el más templado no lo contaría sin
lágrimas”.
Entonces fueron 15.000 pesetas el presupuesto estimado para
cada una de las cien viviendas que el Estado se propuso construir. Dos millones
de pesetas se destinaron para estas obras y otras consideradas de emergencia y
quince millones para hacer frente a las averías en carreteras y caminos.
Blas Bravo, actual alcalde del municipio, asegura que “es cíclico, se
produce cada cien o ciento diez años” incluso recuerda como en la anterior
ocasión “murieron unas diez personas”. Ahora los medios son otros, las
circunstancias diferentes pero, advierte “debemos estar preparados, miren lo que
ha sucedido en Fuencaliente, tenemos que estar atentos porque esto volverá a
repetirse”.

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