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Hoy me he sentido
muy triste. De repente he visto con una claridad meridiana, lo mal que funciona
nuestro sistema democrático, desde las más altas instituciones europeas, hasta
la más cercanas al ciudadano.
Me ha impactado mucho ver en la prensa, pagadas a golpe de
talonario, fotos de gente desesperada
haciendo colas en esa nueva multinacional que acaba de clavar sus garras en
nuestro territorio. Me recuerda a las de
racionamiento post guerra civil española. Sí, es casi lo mismo. Mucha gente
necesitada que hace cola para comprar productos "LOW COST", porque sencillamente
no tiene la posibilidad de comprar en mejores condiciones.
Es el más claro
ejemplo del fracaso de nuestras políticas. De las políticas neoliberalistas de
un Parlamento Europeo que hace lo contrario de lo que piensan sus ciudadanos.
De un Gobierno Español que les hace el juego, y de unas instituciones canarias
que simplemente no se esfuerzan por proteger a sus ciudadanos de las
multinacionales depredadoras que están
acabando con el sustento de miles y miles de familias, y que indudablemente se
verán abocadas, paradójicamente, a incorporarse a una de esas colas, de quienes
precisamente habrían antes acabado con su derecho a la igualdad de oportunidades,
expulsándoles a codazos del mercado, a la espera de que puedan comprar, lo que
sea, con tal de llegar a final de mes.
A lo largo de
la historia, el ser humano ha cometido muchos errores, uno muy importante es el
deterioro de nuestro medio ambiente. Han tenido que pasar muchos años, y vernos
prácticamente ante el colapso de nuestro
ecosistema, para darnos cuenta de que cuando estudiamos la rentabilidad de las
cosas, no es suficiente analizarlo sólo y exclusivamente desde el más estricto punto
de vista económico, sino que hay que hacerlo, además, desde el punto de vista
ecológico y de sostenibilidad. Por primera vez, estamos dándonos cuenta de que esa
rentabilidad es, incluso, más importante
que la puramente económica. Nuestra sociedad ya no es tolerante con políticas
energéticas que dañen al medio ambiente, por muy baratas que sean. Aceptamos de
buena gana, por ejemplo, que se paguen con nuestros impuestos unas importantes
primas a las renovables. Pero hemos
tardado demasiado en aprender algo que parece tan obvio.
Yo reivindico la
misma política hacia el que quizás sea el valor más importante que tenemos
después de nuestro ecosistema. Nuestro estado del bienestar. Y ¿qué significa
esto? Significa que mi bienestar y el de mi familia, tiene mucho que ver con el
derecho al trabajo, a un trabajo digno y adecuadamente remunerado, que me dé la
posibilidad de pagar holgadamente los servicios en los que se sustenta ese
bienestar familiar. Tener derecho a un
sistema que respete mis libertades e independencia, que propicie la igualdad de
oportunidades, que luche contra las diferencias sociales y que establezca reglas que impidan que el más
débil sea pisoteado por el más poderoso.
Me gustaría que
no tuvieran que pasar tantos años para que nos demos cuenta de lo importante
que es hoy en día la "rentabilidad social" y que cuando a nuestros políticos se les llena
la boca incluso acudiendo a las inauguraciones de estas grandes
multinacionales, mintiendo a sus ciudadanos cuando les dicen la cantidad de
nuevos puestos de trabajo que se van a crear, y omitiendo lo que hoy es más que
evidente, que destruyen cuatro veces más empleo del que generan, que
descapitalizan a nuestra economía, desertizan
nuestros centros de ciudad, que nos lavan el cerebro con sus engañosas campañas
de marketing, convirtiéndonos en fieles clientes consumistas, sencillamente
porque antes han destruido nuestra economía familiar y por lo tanto, ya no
podemos optar a comprar libremente las marcas y en los lugares que consideremos
más adecuadas. Nos obligan a comprar las suyas, las llamadas marcas blancas, que a su vez, han sido producidas en fábricas donde
normalmente los trabajadores rozan la esclavitud, cargándose luego toda la
cadena intermedia de distribución, volviendo a destruir empleo, con lo cual se cierra el círculo vicioso, engrosando
nuevamente las colas y colas de gente desesperada por comprar al "LOW COST". Ya
da igual la calidad del producto y del servicio, lo importante es poder llegar
a final de mes, como sea.
Cuánto tardaremos
en aprender que lo más importante no es
el valor de un producto, sino lo que la "sociedad" tiene que pagar por él. Que lo que a primera
vista pueda parecer beneficioso puede ser la peor de las enfermedades de
nuestro sistema, o es que somos tan ingenuos que pensamos que la enorme
concentración de poder que han conseguido algunos grupos, llegando incluso a
superar al de muchos gobiernos, será inocuo para nuestra sociedad. No, no lo
será ni lo es. Estos grupos apátridas,
sin corazón ni sentimientos, son los que generan las necesidades para
luego vendernos las soluciones. Recuerden la vergonzante historia de la gripe
A, o la cantidad de guerras artificiales que buscan hacer más ricos a los
ricos, a los de siempre.
Por ello pido a
todos nuestros políticos y a los ciudadanos en general, que de una vez por todas aprendamos el
significado de la expresión "Rentabilidad Social". No es tan difícil, sólo hay que meter, a
partir de ahora, en la fórmula del cálculo de la rentabilidad económica, las
consecuencias sociales que tienen determinadas políticas, por ejemplo, el que
en 15 años se haya puesto en manos de apenas cinco multinacionales, más de la
mitad de la cuota de distribución alimenticia en Canarias. Años en los que por cierto, nunca ha bajado la
cesta de la compra y se ponía una parte importantísima de nuestra economía en
manos foráneas, se han sacrificado a
miles y miles de negocios que daban puestos de trabajo dignos y cercanos a
cientos de miles de canarios, que hoy no tendían la necesidad de hacer vergonzantes
colas para comprar productos "LOW COST" y que en definitiva hubieran tenido la
oportunidad de ser más libres, más independientes y más felices.
Jordi Esplugas Ramos
Presidente
de la Asociación
de Empresarios, Comerciantes y Profesionales de Adeje y Vicepresidente de la Federación de Comercio
de Tenerife.

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