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Lanzarote/ Bachir Rajaa tenía veintisiete años cuando decidió embarcarse en una patera
rumbo a Lanzarote. Salió de su pueblo, en la región de Gulemin y zarpó de la
costa africana el 14 de febrero de 2009. Llegó a Los Cocoteros (Teguise) un día
después, junto con otras 31 personas. Sólo hubo seis supervivientes y Bachir no
fue uno de ellos.
El lunes se cumple un año de la peor tragedia que ha
vivido la inmigración en Lanzarote. La barquilla, cargada hasta los topes, volcó
a sólo unos metros de la escarpada costa de Los Cocoteros, una pequeña
urbanización junto al pueblo de Guatiza. Veinticinco muertos: muchos de ellos
adolescentes, dos mujeres y tres niños. La tragedia aún pudo ser peor pero
gracias a la ayuda de los vecinos hubo supervivientes.
Un año después de
aquel día, Suelim, uno de los hermanos de Bachir que vive en Arrecife, recuerda
que vio la noticia del naufragio en una tienda y no prestó mucha atención. No
sabía que su hermano venía embarcado. A los cuatro días su madre le llamó porque
Bachir, que siempre dormía en casa, no aparecía.
Suelim se presentó en
el cuartel de la Guardia Civil de Costa Teguise. Allí se enteró del destino de
su hermano, que traía consigo su carné de identidad. Después tuvo que
identificar el cadáver y una semana después acompañarlo hasta Marruecos para
darle sepultura junto a su familia.
“Tardamos un día entero en llegar”,
recuerda. La salida del avión se pospuso en el último momento. La repatriación
la sufragó el Cabildo de Lanzarote pero el Gobierno de Marruecos, nacionalidad
de todos los ocupantes de la patera, puso todas las trabas posibles hasta el
final. Los Rajaa son de origen saharaui, al igual que muchos de los que venían
en la patera.
SIN FUTURO
Ser saharaui en Marruecos es una losa
más que se suma a la pobreza extrema en la zona de Gulemin, donde los jóvenes ni
tienen trabajo ni esperanzas de conseguirlo. “Se levantan, se juntan, se sientan
y se fuman un cigarro entre cuatro o cinco”, dice Suelim, que lleva doce años en
Lanzarote y que llegó a Europa gracias a que obtuvo un visado para viajar a
Francia.
Bachir era uno de esos jóvenes y como tantos, también era uno de
los que tenía en mente salir de allí. “Yo siempre le decía que no viniera, que
se jugaba la vida en el mar”, dice su hermano”. Suelim no sabe lo que pagó su
hermano y nunca le ha preguntado a su madre si sabe cómo contacto con los
patrones. No quiere hablar con ella de eso.
El padre de Suelim nació en
Smara, la única gran población del Sáhara sin costa. Era pastor nómada y acabó
recalando en Gulemin, mucho más al Norte. Allí compraron un pequeño terreno pero
las cosas no fueron demasiado bien. Murió hace cuatro o cinco años. Desde
entonces, y ya antes, Suelim sustenta a la familia con el dinero que envía.
MANTIENE A LA FAMILIA
Trabaja en una lavandería en Playa Honda,
cobra menos de mil euros al mes, tiene dos hijos, paga el alquiler de una casa
en Arrecife y desde agosto, una hipoteca por una casa en El Aaiún, la capital
del Sáhara occidental. Después de la muerte del hermano, la familia se ha ido a
vivir allí. “Está más cerca de Lanzarote y allí tenemos más familia”, dice
Suelim. En El Aaiún la vida tampoco es fácil para los saharauis. Un familiar
suyo cumple trece años de cárcel “sólo por hablar”, apostilla.
Con la
madre de Suelim vivía su hermano Bachir y sus tres hermanas, que siguen viviendo
con ella. Las expectativas son igual de malas para ellas y su futuro depende de
que Suelim no pierda el trabajo. Se añade, ahora, eso sí, al tristeza por la
pérdida de Bachir.
SUEÑOS DE SALVACIÓN
“Siempre que voy yo se
acuerdan más de él —dice— aunque mi madre piensa continuamente en Bachir”. En su
última visita a casa, en septiembre, una de sus hermanas, soñando, se incorporó
de un salto de la cama para agarrar a su hermano, para evitar que cayera al
agua, cuenta. Y cuando se topó con el vacío de la cama se echó a llorar.
Para Suelim, el motivo por el que su hermano se jugó la vida está claro.
“Si hubiera trabajo y un futuro en Marruecos no habría intentado venir”. “En el
fondo al culpa es del gobierno, —dice – les interesa que se vayan todos los
jóvenes”.

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