El dato triste de la jornada estuvo marcado por los fuertes vientos en
la zona del aeropuerto que impidió la entrada de aviones después de que
las compañías aéreas dispusieran de más de ocho mil plazas extras para
dar cobertura a la demanda de pasajeros que reclamaban viajar a la Isla
para vivir la fiesta de Los Indianos. Sin embargo, a primeras horas de
la tarde algunos vuelo sí lograron entrar en la isla.
Una fiesta que ha transcendido más allá de la Isla, incluso algunos
extranjeros se dejaban ver ataviados con la indumentaria clásica y
dispuestos a disfrutar de la jornada carnavalera. El número de Los
Indianos tiene su origen a mediados de los años cincuenta del pasado
siglo, cuando unos amigos decidieron vestirse con la indumentaria
tradicional indiana para celebrar el carnaval convirtiéndose, con los
años, en el número estrella del carnaval palmero.

Una fiesta que, a la hora de hacer balance, resulta siempre positivo,
tal y como afirma el alcalde capitalino, Juan Ramón Felipe “es un
carnaval tranquilo en el que todo el mundo viene a pasárselo bien” y
donde no es habitual que se registren incidentes de importancia.
La ocupación hotelera se extiende más allá del centro neurálgico de la
isla y abarca a toda la geografía insular. Hoteles, apartamentos y
casas rurales registran un lleno absoluto y algunos reservarán ya para
la próxima edición que, como dice Juan Ramón Felipe “el que prueba
siempre repite”.
Pero fue sólo hace una década, allá por 2002 ó 2003, cuando Los
Indianos se popularizaron en todo el archipiélago. Un número que trata
de parodiar el regreso de los emigrantes palmeros que regresaban de
Cuba. Una exageración ya que no todos regresaban tras hacer fortuna
pero con el mismo sentimiento de “aparentar”, tal y como cuenta el
investigador Víctor Correa.
Una parodia en el que, poco a poco, se fue popularizando también la
figura de La Negra Tomasa, para muchos la sirvienta de la familia rica
que regresaba aunque, en realidad, según cuenta Víctor Correa,
“representa la negra que traía el emigrante que ni era mujer, ni era
viuda, ni estaba casada ni soltera” pero supuso un revuelo para la
época.
Los polvos de talco son también protagonistas en La Palma pero, más
concretamente de esta parodia de Los Indianos. Según cuenta Víctor
Correa, tienen su origen “en un barco cargado de harina que permaneció
en el muelle de Santa Cruz de la palma durante el Carnaval. Algunos
amanecieron animados por el alcohol y comenzaron a echarse harina como
parte de la fiesta” dando comienzo así a la historia de los
“enharinados”.
Pero también existe otra versión que apunta a los países europeos,
donde el maquillaje formaba parte del juego de la seducción. En una
época en la que los rostros pálidos de las mujeres eran más atractivos
y signo de distinción, llegadas de Cuba, las mujeres emigrantes, las
Indianas, lucían tostadas por el sol y abusaban de los polvos de
maquillaje para palidecer sus rostros. De ahí, y “en el juego
carnavalesco de lo flirteos, las mujeres empolvaban a los hombres que
consideraban atractivos, a los que les gustaban, y cuanto más les
empolvaban, era que más les gustaban”.
Se junta así una tradición histórica de la emigración palmera con la
fiesta del Carnaval. Un número, un aparodia del regreso de los
emigrantes palmeros a Cuba que, unos con más fortuna y otros con menos,
regresaban de Las Indias dispuestos a aparentar una fortuna que, en
muchos casos, nunca se había logrado.
A las 17 horas sale el desfile por las calles de la capital palmera en
una fiesta que siempre se alarga hasta la madrugada con una nube de
polvos talco en la que todos son protagonistas y no existen
espectadores.