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lLuis
Roldán, quien fuera
director general de la Guardia Civil, salió ayer por fin con la libertad
plena bajo el brazo y, a buen seguro, con el secreto a buen recaudo de
los millones que se levantó en su época de máximo exponente de la
Benemérita y que jamás confesó su paradero, algo normal por otra parte,
dado que los pocos años que ha estado en prisión, incluso en la última
época con el disfrute del tercer grado y de varios permisos, le suponían
poca tortura como para confesar dónde ocultó todo lo mangado a lo largo
de sus años en el cargo. El señor ya está en la calle y, por supuesto,
habrá quien se crea que Roldán (las mismas letras que ladrón, pero en
otro orden) es ahora el paradigma de la honradez, con zeta de Zapatero.
Lo cierto es que la
salida del ex director de la Guardia Civil ha servido para hacer un
largo y extenso repaso por los últimos años del felipismo, cuando la
corrupción campaba a sus anchas en este santo país llamado España. Era
la época de los pelotazos indiscriminados, de la guerra sucia, de meter
la mano en los Fondos Reservados hasta dejarlos sin ídem. Sin embargo, a
pesar de que todas estas mandangas y mangoneos eran totalmente
consentidos y aprobados desde el Palacio de la Moncloa por el señor X,
es decir Don Felipe González Márquez, aquí han sido pocos, muy pocos,
los que han tenido que pasar una temporada a la sombra. De hecho, como
jefes políticos más directos, Vera y Barrionuevo, que aceptaron la
humillación de tener que ingresar en la cárcel de Guadalajara para
salvar a su jefe de lo que hubiese supuesto una verdadera vejación, que
un ex presidente de Gobierno acabase entalegado por todos los casos de
corruptelas, amén de financiar ilegalmente un grupo de asesinos a sueldo
como los GAL (y encima para que, normalmente, acabasen confundiéndose
de objetivos).
Desconozco qué sucederá
con Roldán y sus secretas fuentes económicas, pero sería deseable una
vigilancia estrecha al patrimonio de este truhán profesional que, por
mucho que él sostenga lo contrario, posee propiedades inmobiliarias y,
lo que es casi un hecho irrefutable, cuentas en paraísos fiscales que le
habrán ofrecido cuantiosos réditos a lo largo de todos estos años. Eso
sí, aunque en algunas regiones ayer no fue festivo, curioso es, cuando
menos, que haya venido a coincidir el final de la estancia entre
barrotes de este personaje con un puente. No digo que no tenga derecho a
la libertad (al fin y al cabo, si sanguinarios como De Juana Chaos
están campando a sus anchas en Irlanda del Norte, Roldán también ha de
estar fuera), pero es que no es la primera vez que cuando el Ejecutivo
no quiere que nos enteremos de algo grave, lo ejecute durante un puente.
Cuando menos, qué quieren que les diga, resulta bastante sospechoso.
http://juanvelarde.blogia.com
Juan Antonio Alonso Velarde

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