Hasta ahora se habían conseguido diplomas y multitud de medallas en
Mundiales y Europeos, pero nunca se había logrado un podio en unos
Juegos. Había ganas, muchas ganas, y Pirri, como es conocido,
cumplió su sueño y el de toda la esgrima hispana, así como mostró el
camino a los sablistas Jorge Pina y Jaime Martí y el floretista Javier
Menéndez, que aún deberán competir en Pekín.
Abajo, nacido en Madrid el 26 de
enero de 1977, hizo una competición modélica hasta que se topó en
semifinales con el italiano Matteo Tagliariol, ante el que ya había
perdido en marzo en la final de la prueba de la Copa del Mundo de Berna
por 15-14.
Atrás habían quedado el surcoreano Won Jin Kim, el francés Jerome
Jeannet, número uno del ránking y el también italiano Diego
Confalonieri.
Gabor Boczko, que perdió en la otra semifinal frente al francés Fabrice
Jeannet, también por 15-12, se convirtió en su rival en la lucha por el
bronce y le superó en un dramático enfrentamiento en el tiempo extra
con un tocado de oro (8-7) tras acabar los tres periodos reglamentarios
con igualdad a siete.
El esgrimista español había asegurado días antes que si conseguían
tirar como sabían los componentes del equipo presentes en Pekín tenían
muchas opciones de medalla, el gran objetivo de este persistente
deportista.
Nunca se ha rendido y menos en esta que consideraba una de las grandes
oportunidades de su vida para alcanzar su sueño de colgarse una medalla
olímpica.
Lo demostró en su primera confrontación contra Kim, ante el que llegó a
ir perdiendo por 10-12, 12-13 y 13-14. No se descentró y acabó ganando
por 15-14.
Triunfo clave ante Confalonieri
En los cuartos de final frente a Confalonieri lo tuvo también
bastante complicado con un 10-11, pero a partir de ahí sacó a relucir
su esgrima, intensa, agresiva cuando lo requiere y muy técnica, para
remontar y meterse en la semifinal tras ganar por 14-13 pese al acoso
último del italiano, con el que ya había perdido este año en Legnano.
Curiosamente, el asalto en el que lo tuvo más sencillo fue contra el
menor de los hermanos Jeannet, Jerome, que partía con el número uno del
cuadro, y al que superó con una solvencia digna de todo un campeón
(15-9).
Su madre, su mujer, su hermano Juan y su grupo de mejores amigos festejaban enfrentamiento tras enfrentamiento y animaban a Pirri
constantemente desde la grada con cánticos que se han puesto muy de
moda durante la Eurocopa de Austria y Suiza en la que se impuso España.
Muy concentrado, Abajo superó
todos los obstáculos en actuaciones de gran nivel e incluso soñó con la
final cuando dispuso de un 4-1 en el inicio de la semifinal contra
Tagliariol.
El italiano, no obstante, demostró su categoría. Ganador este año en
las pruebas de la Copa del Mundo de Tallín, Berna y Montreal, fue
haciéndose con el control del asalto de forma paulatina.
Derrota en semifinales
Tras llegarse al primer descanso con 6-4 para el español, Tagliariol
inició su remontada para hacerse con el mando (8-11), porque aunque Abajo
no se rindió (10-12) casi lo tuvo que hacer a marchas forzadas y su
rival no perdonó para llevarse el enfrentamiento por 12-15 y meterse en
la final ante la mirada, entre otros, de Jaime Lissavetzky, secretario
de Estado para el Deporte, Alejandro Blanco, presidente del COE, y
Alberto de Mónaco.
Lógicamente quedó tocado, pero su maestro y la doctora
hicieron magia psicológica. Le aseguraron que su hija Lucía, de tan
solo cuatro meses, le esperaba en casa y quería que llegara con la
medalla.
Este mensaje le llegó y se levantó. Volvió a centrarse y, conocedor de
Boczko, arriesgó lo justo, como el magiar, para jugárselo a un último
tocado. A vida o muerte, a cara o cruz, y salió vida, salió cara.
La esgrima y el deporte español estallaron de júbilo. Pirri
lo festejó con los suyos al borde de la pista del Pabellón de Esgrima
del Centro Nacional de Convenciones de Pekín. Acababa de hacer historia.
Ya no importaba la derrota en semifinales ante el a la postre campeón,
Tagliariol, al que ya piensa en vencer cuando se vuelva a encontrar con
él. Acababa de encontrar el premio buscado desde que su padre,
fallecido hace años, le metió a los doce años el gusanillo de la
esgrima.