"La sanidad y la educación son intocables", decía el candidato sin perturbar un músculo de su barbuda jeta, y sin esguince facial a la mayor de la desvergüenza, "no voy a subir los impuestos", "no voy a tocar la prestación por desempleo", "no voy a desarmar el estado del bienestar, ni la asistencia social, ni el amparo a los más desfavorecidos"..."es más gobernaré para todos, no para el sistema financiero"...
Y han bastado cien escasos días para precipitar con una rapidez inusitada y bastante sospechosa, muy pero que muy sospechosa, primero la caza, humillación y menoscabo al trabajador, despojándole de todos sus derechos históricos, sometiéndole al desprecio, al vasallaje y la rendición de su condición humana, esclavizando al mínimo detalle su independencia, su libertad de decisión e incluso su derecho a la defensa, sino que además intenta socavar principios de legitimación en la representación social y pública de los trabajadores a base de demonizar cualquier organización crítica al sistema que está torticeramente adoctrinando, con medios cada vez más poderosos y corrompidamente sometidos, cadenas fascistas y sectarias donde sólo cabe un mensaje: "el trabajador es el demonio".
Poderosos intereses manipulados, machaconamente desde la diatriba esquizofrénica de quien reparte moralina en púlpitos televisivos verbal y objetivamente violentos, que están asfixiando la capacidad para pensar, obrar o decidir del individuo. No vaya a ser que se monte una revolución y se les acabe el negocio. Así, amagos de crítica social de masa "indignada", han quedado en mera retórica populista sin trascendencia, ni eficacia, ni decisión, ni siquiera la del valor al cambio de sistema, cómo, anulando la capacidad de manifestar libremente aquello que pienso, luego...sibilinamente... no existo.
Y dos, cargarse el sistema desde la base, ahora tras el anuncio de ayer, de forma unilateral, con alevosía y nocturnidad, "sisarnos" a todos el sistema sanitario universal y gratuito, e implosionar por defenestración -recorte salvaje que lo convierte en insostenible y lo sabe- al propio sistema educativo. Educar, para la derecha decimonónica es el mayor de los peligros, siempre lo han visto como un derecho de y para la élite, lejos del alcance y las posibilidades del común de los mortales, cómo, impidiendo el derecho a la igualdad de oportunidades. Ejemplo de la nueva justicia sólo para ricos que están implantando, copago incluido. Justicia de calidad a quien pueda pagarla; ellos naturalmente.
Rápido, preciso, eficaz... una máquina engrasada y perfectamente dirigida desde la cúpula Neocón que gobierna el mundo. Un Rajoy que agazapado esperó el mejor momento para asestarnos a todos el golpe definitivo, convertirnos en meros espectadores de nuestro destino. Eso sí espectadores mudos, sordos y ciegos, sin derechos y con todos los deberes que nos impongan. Que para eso tienen una aplastante mayoría.
El futuro ya está aquí: una élite minúscula, soberana, dominante, autoritaria y despótica que esclavizará por inacción y asfixia intelectual a una masa de autómatas; enganchados todos a Intereconomía.
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