Partiendo de la base clara de que a ninguno de nosotros nos gusta que nos toquen nuestros consolidados derechos salariales, también tenemos que ponernos en la tesitura de que estamos en una situación de crisis, de que a veces es mejor ceder un tanto por ciento a cambio de asegurarse la continuidad y estabilidad laboral que forzar tanto la cuerda que al final termina por romperse y dejar un panorama desolador. Sin embargo, esta norma no parece que estén por aplicarla los sindicalistas del suburbano madrileño, unos auténticos privilegiados que parecen no darse cuenta de que a veces la fiesta no puede durar toda la noche a base de Chivas Regal y de que igual toca pasar a JB.
Los sueldos de los trabajadores del Metro, sin añadirles complementos, pluses y toda una serie de prebendas, vienen rondando de media los 30.000 euros anuales, una cantidad importante, sobre todo en los tiempos en los que estamos. Luego nos quejaremos de la privatización de servicios públicos, pero es que lo que estos tipos están provocando es que los usuarios de este medio de transporte aboguen por su privatización.
No es de recibo que millones de personas paguen su abono mensual (el más barato algo más de 52 euros y el más caro por encima de los 110 euros) para que tengas que aguantar jornadas de paros, retrasos, de tenerte que hacerte un sudoku para saber si ese día podrás ir o no a tu casa a comer porque a estos iracundos sindicalistas se les haya ocurrido la genial idea de parar o, incluso, dejar bloqueado un tren en plena túnel.
Los trabajadores del Metro lo cobran muy bien y a todos en nuestros trabajos nos encantaría disfrutar de tales prebendas salariales, pero evidentemente nos conformamos y somos felices con lo que percibimos al final de cada mes (e incluso muchos somos conscientes de que si se nos pidiera un sacrificio de recorte salarial en el caso de que las cosas vengan mal dadas, pues oye, habrá que esforzarse por mantener el puesto de empleo aunque sea con menos sueldo). Sin embargo estos señores viven en otra realidad y creen que todo el túnel es orégano...hasta que se topen de bruces con la vía muerta.
Juan Antonio Alonso Velarde