¿Por qué se producen estas transformaciones en determinadas personas? Quizá porque no están preparadas para esas funciones y por baja autoestima. Piensan que ser jefes les hace ser alguien en la vida y pueden pisotear a otros. La altanería no es recomendable para nada y menos para puestos de mando, ya que lo que se genera es mal ambiente y desconfianza en el entorno laboral con repercusión negativa en el rendimiento y en la motivación de los trabajadores.
Para ser jefe, tanto en el sector privado como en el público, habría que estar en posesión de una idoneidad y de una ética humana y profesional que fomentara las buenas relaciones y el buen ambiente en el centro de trabajo. Hablando en castellano llano, para ser jefe hay que valer para ello. Además,un jefe amargado amarga al personal que tiene alrededor y puede ser una auténtica bomba de relojería.
Jesús Manuel Díaz Lorente.
Delegado de CSIF Canarias