Eso por un lado. Por otro está el durísimo espectáculo mediático que ha padecido este país en lo que se refiere al calvario al que ha sido sometido el maquinista y su familia con ocasión de este accidente a fin de desviar la atención de la irracionalidad que representa las paupérrimas condiciones de seguridad de esta parte oscura de la alta velocidad española que pone en manos de un conductor, que puede sufrir una fatiga o lo que sea en un momento dado, la vida de centenares de personas cuando hasta la guaguas tienen limitadores de velocidad que incluso se pueden adaptar a las indicaciones de las señales de tráfico con un simple lectoro vía GPS. ¡Qué no puede hacer un tren que siempre va por el mismo sitio y donde la figura del maquinista debe ser básicamente de supervisión porque las decisiones que toma son mínimas!
Pero el caso es que, después del linchamiento, se empiezan a conocer datos concretos basados no en especulaciones (ni en chivatazos de la casi siempre indecente policía) y resulta ser que el propio Presidente de Renfe mintió al decir que había habido comunicación posterior al accidente vía telefónica, que fue lo que estos sinvergüenzas aprovecharon para sacar extractos de las supuestas afirmaciones del maquinista, no sólo conmocionado sino con la cabeza abierta, porque en realidad el maquinista lo que estaba era atendiendo una llamada de su compañía, la misma que le ha dejado tirado como agua sucia, que según El Mundo estuvo en contacto con él desde un par de minutos antes del siniestro por una coñada.
Claro que los golfos de ABC, que ha enfilado al maquinista de la forma más despiadada desde el minuto uno, se resisten a soltar a su presa y siguen titulando "El maquinista iba hablando por teléfono a 192 Km/h", sin aclarar nada en portada sobre si quedaba con algún colega para unas cañas o si estaba negociando un apartamento para el fin de semana. Eso sí, todo ello aderezado con la foto que les preparó a los medios la policía al exhibir a un maquinista esposado y demacrado, lo que dice mucho de la atención que se le dio a este hombre en la comisaría de donde no sólo no se sacó nada en claro sino que se produjeron filtraciones verdaderamente inmorales e intolerables viniendo de funcionarios públicos. Pero esta es la realidad mediática que nos ha tocado padecer, máxime en el asunto AVE donde el dinero que han chupado los medios en publicidad ha sido proporcionalmente tan descomunal como la propia inversión y, lógicamente, esos favores hay que pagarlos aún a costa de crucificar al maquinista y a su familia (para este no hay presunción de inocencia como esos mismo medios exigen para políticos y banqueros) y someter a todo el país a un dantesco espectáculo no sólo inmoral e indecente sino que tropieza de bruces con los principios básicos del sentido común.
FORO CIUDADANO CONTRA LA INCINERACIÓN DE RESIDUOS
TENERIFE