Pero eso es una cosa, que habla acaso de escasa profesionalidad, pocos recursos e interés o lo que sea. Pero otro cosa muy distinta es tener que soportar la falta de respeto y el desprecio con el que determinados agentes de este benemérito cuerpo se permiten tratar a un ciudadano que con toda normalidad intenta ponerles en su conocimiento la presencia de este tipo de residuos en un contenedor y sin control alguno frente a la puerta de entrada al campo de fútbol de San Isidro, en Granadilla, como ocurriera la mañana de este 31 de diciembre. Y es que el personaje que atendió la llamada de este ciudadano trató de torearlo al revés y al derecho convirtiéndolo durante nada menos que media hora al teléfono en una especie de sospechoso de no se sabe muy bien qué.
Y ya les digo yo que las personas que hemos tenido la oportunidad de escuchar semejante conversación, donde el guardia comenzó cachondeándose con el lugar (que manifestaba desconocer), con la cantidad de amianto, con el supuesto aislamiento en el que se encontraba de la lluvia, con sus sospechas de que el interlocutor conocía la identidad de la empresa responsable, con el anonimato del interlocutor que siempre estuvo dispuesto a identificarse sin problema alguno, con lo de que eso se solucionaba llamando al Ayuntamiento para que los operarios municipales trasladasen esos residuos peligrosos a un punto limpio (tremendo disparate), con lo de que el Seprona no estaba para retirar residuos, con lo de que el interlocutor se contradecía sobre el lugar donde se encontraba el contenedor con el amianto y otros aspectos (cuando siempre dijo exactamente lo mismo) y una larga lista de disparates que llevaron al interlocutor a repetirle en varias ocasiones al guardia que procurara no faltarle al respeto, cosa que no fue suficiente para que siguiera quedándose con él con un descaro que pareciera impropio de un funcionario público ante la llamada de un ciudadano que sólo pretendía colaborar para que el desastre de la gestión ilegal de los residuos de amianto en Tenerife, que pone en riesgo la salud de mucha gente comenzando por los trabajadores de las propias empresas o particulares que actúan de esta disparatada manera, fuera a menos mediante la correspondiente actuación de las autoridades que supuestamente están para eso.
Pero nada más lejos de la realidad, al menos desde el Seprona este individuo ha dejado claro que el tema les importa un carajo en base a que según ellos estos es una asunto que viene de una directiva europea reciente pero que bueno, la cosa no es tan grave porque con el amianto se ha trabajado toda la vida y tampoco es que haya pasado nada (no es textual pero casi). Y, en todo caso, estarían dispuesto a tramitar una absurda denuncia de un ciudadano que identifique al responsable perfectamente de tal forma que la Guardia Civil actuaría como mera tramitadora de una denuncia que quedaría en nada porque sería la palabra del denunciante contra la palabra del supuesto infractor dado que a ellos se la trae floja llevar a cabo cualquier tipo de investigación sobre situaciones de este tipo. Y así de clarito lo dijeron y se quedaron más anchos que largos.
En fin, que se le cae a uno el alma a los pies cuando tiene la oportunidad de observar, en este caso con nuestros propios oídos, en manos de quién estamos y no es de extrañar que ni un solo guardia civil se haya percatado de la presencia masiva de canteras ilegales para la extracción de piedra para el puerto de Granadilla. Ni de las canteras ilegales ni de los camiones con aparente sobrepeso que destrozaban carreteras y que sorprendentemente se dedicaron a escoltar durante la huelga general de marzo sobre unas carreteras convertidas ya en pedregales como la de Chimiche. Eso sí, aunque no sirva de nada tampoco, la queja por escrito irá a donde tenga que ir para que al menos quede constancia de que hay ciudadanos que no consideran adecuada ni la falta de respeto ni la alegría con la que estos guardias se toman las denuncia sobre estas malas prácticas que suponen, entre otras cosas y además de un disparate, una competencia desleal hacia las empresas constructoras y de gestión de residuos (seguramente pocas dadas las circunstancias) que actúan correctamente y cumplen con la legislación vigente en materia del debido control en la gestión de los residuos de amianto que, pónganse como se pongan los picoletos, no pasa por ponerse unos guantes y una mascarilla y ya está. Pónganle el cuño que eso no se hace así, que el respetito es más bonito que el carajo.
Foro contra la Incineración