La monarquía es un anacronismo histórico, y antagónico a Democracia. También "ciudadano" y "súbdito" son términos antagónicos. Aunque por lo sucedido en el Congreso, nuestros políticos nos tratan como a súbditos que obedecen, callan y no participan del proceso democrático. Ya que si nos tratasen como a ciudadanos, siempre, siempre... para temas importantes nos pedirían opinión. Lo cierto es, que no nos tienen en ninguna estima, nos tratan como a menores de edad.
Lo sucedido fue parte de un cuento infantil sobre pleitesía de lacayos a príncipes, reyes, y princesas. No un debate sobre el rumbo la democracia y las libertades de sus ciudadanos. Y para qué los alumnos de nuestras escuelas y universidades se olviden de sentido crítico de su condición de ciudadanos, y aprendan cómo se debe portar un súbdito obediente y ejemplar, tuvimos la fabulosa actuación del Ministro de Educación, que en su función de paje real, acompaño al monarca, dos pasos por detrás, en todos los actos de despedida del monarca. La cabeza gacha del jefe de oposición ante el rey, mentón hincado en el pecho, dio buena muestra de lo sentido y vivido, en la letra y el espíritu de la Constitución "que nos hace a todos los hombres iguales". Las alfombras rojas puestas a los pies de los monarcas en todas las Universidades y centros de investigación, son sintomáticas del oscurantismo y sumisión de nuestras instituciones del saber a personajes mitificados.
A quedado claro, que a nuestros políticos, les da miedo la democracia, les da miedo preguntar al pueblo, les da miedo la sola posibilidad de cambios no previstos. Por eso temen al pueblo de quien emana la democracia. Los políticos, se han tomado la Constitución del 78 como un punto de llegada, en lugar de un punto de partida. Una justificación para acorazarse de privilegios y dejar los derechos de la ciudadanía a la deriva. Atte.
Un obrero de iglesia pobre
Antonio Cánaves Martín