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27 Ago

Otro caso de cómo malversar caudales públicos sin que se note mucho: siete años después se deciden a retirar el adoquinado del tranvía que mostraba deficiencias desde el minuto cero

Desde el minuto cero, incluso antes, los adoquinados del tranvía comenzaron a dar todo tipo de problemas y nadie jamás cogió el toro por los cuernos -tratándose de la mayor inversión pública jamás acometida en Tenerife hasta esa fecha- y las prisas electorales, entre otras cosas, hicieron que todos los responsables miraran respetuosamente para otro lado. Justo lo contrario de lo que hubiera hecho en el caso de que el adoquinado lo estuvieran pagando de su bolsillo el Melchior, el Alonso y demás para el patio de su casa, que en tal caso ya les digo yo que los responsables técnicos y las constructoras hubieran tenido que solucionar esa clarísima deficiencia constructiva sobre la marcha. Pero es lo que ocurre cuando se dispara con pólvora ajena y cuando los interesas que se esconden detrás poco tienen que ver con el interés general de todos los ciudadanos.

En este sentido todos los adoquinados del tranvía están remendados a diestro y siniestro básicamente con piche ¡pagamos piedra y tenemos piche que también hemos vuelto a pagar nosotros! y representa un peligro para los usuarios en todo el trayecto del tranvía. Acaso donde menos es en la Avenida de La Trinidad -aquello es llano y la velocidad a la que se circula escasa- porque estos adoquinados en mal estado son especialmente peligrosos en otras zonas como la Avenida de los Menceyes para motoristas y ciclistas especialmente, así como muy molestos para los usuarios de coches y especialmente guaguas que han sufrido en sus sistemas de amortiguación lo que no está en los escritos durante estos años. Pero ya se sabe que la guagua, que ha perdido nada menos que 22 millones de usuarios desde que comenzaran las obras del tranvía (cerca de la mitad de los que tenía en 2004), no ha sido nunca un tema prioritario ni para Melchior ni para Alonso. Que este último debe haberse hecho más de cien fotos propagandísticas presentando carísimas campañas, en ocasiones ridículas, junto a la catenaria cuando ni una sola se ha hecho junto a la guagua que es el medio de transporte público que atiende al conjunto de la Isla y no a una pequeña parte privilegiada.

Pero el caso es que parece que poco a poco, para que no se note mucho tampoco y para no reclamar nada a los responsable pese a que por vicios ocultos tendríamos quince años para denunciar, se van a ir cambiando todos los adoquines por piche y José Alberto Díaz, sustituto de Calvijo en La Laguna, ha anunciado que va a comenzar no por lo más peligroso sino por un pequeño tramo de La Trinidad porque es la entrada a La Laguna y se acercan las elecciones: "estas obras mejorarán la avenida de la Trinidad, no solo su estética como puerta de entrada a la ciudad, sino también se verá mejorada la seguridad de los vecinos y comerciantes de la zona". Es más, la obra no tiene nada que ver con eliminar el grave problema de encharcamiento que se produce a la altura de la Librería Lemus, porque dejaron aquello sin drenajes, o con recuperar el espacio público de la parada que se eliminó frente a la Universidad y de la que Metropolitano se aprovecha para instalar carteles publicitarios. No, es una carísima cuestión de estética con fines propagandísticos. 139.000 euritos de nada que se han levantado del programa sectorial para la potenciación de zonas comerciales abiertas de Canarias a fin de encubrir vicios ocultos de la urbanización del tranvía que nunca se reclamaron ni se reclamarán a los Plasencia y compañía.

El día que tengamos políticos (tanto en el gobierno como en la oposición que sobre este dispendio no chista tampoco) que miren el euro ajeno como si fuera propio, y lo defiendan como defienden los que van a parar a sus cuentas corrientes, ya les digo yo que lo que hoy son deficiencias constructivas y presupuestos que se se disparatan y que se modifican al alza una y otra vez pasarían pasarían a la historia las más de las veces, liberándose ingentes cantidades de recursos para atender necesidades básicas de la gente. Otra cosa es, eso sí es cierto, que sería imposible mantener esas multimillonarias financiaciones ilegales de partidos que permiten esos impresionantes dispendios en campañas (algunos de los adjudicatarios de la urbanización del tranvía lo han reconocido públicamente).

Eso también se acabaría para el bien de la democracia, pero está claro que el asunto no interesa para nada ni a esta corrompida clase política ni a este sistema judicial tan estricto y fuerte con el débil y tan enclenque a la hora de plantar cara definitivamente a la corrupción, principal amenaza desde siempre para los sistemas democráticos. Y la urbanización del tranvía de Tenerife es un ejemplo clarísimo de lo que estamos hablando y denunciando.

Foro contra la Incineración Tenerife

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