fundamentalmente porque en estas últimas décadas se encuentra en un lugar aislado de la masa forestal y, por tanto, en una situación en la que a nadie se le pasó por la cabeza que hubiera 'responsables' técnicos y/o políticos con la suficiente falta de escrúpulos como para dejar quemar, como si tal cosa y durante horas, tan imponente árbol estableciendo la línea de defensa no antes sino después pese a la presencia de pistas que prácticamente rodean al árbol. Pero así lo hicieron y se quedaron más anchos que largos.
Es muy probable que más del 90% de los pinos del entorno, mucho más jóvenes, se recuperen sin mayores problemas de esta nueva catástofre, que si se hubiera producido con las condiciones meteorológicas de 2007 en el Norte hubiera pasado sobre el pueblo de Vilaflor como si tal cosa en cuestión de horas, pero el magnífico ejemplar de pino canario jamás se recuperará no sólo porque lo dejaron quemar sino porque lo dejaron arder durante más de 2 horas según cuentan testigos presenciales que, además, hacen referencia a las dificultades que se presentan porque todo el mundo tiene una cadena en la entrada de su propiedad en estos entornos forestales lo que dificulta muy mucho no sólo la acción rápida de los medios oficiales sino, además, la tradicional colaboración voluntaria de los vecinos (los que más conocen el monte) que no sólo se enfrentan a estas cadenas sino a la actuación inmediata de la Guardia Civil que "encamina" a todo el mundo acaso para que no haya testigos, porque en la mayor parte de los casos no existe la más mínima justificación. De hecho si el municipio de Fuencaliente salvó casi todas sus casas en el dantesco incendio del 2009 fue porque el fuego llegó primero que los picoletos y los vecinos pudieron defender sus casas como dios les dio a entender y sin ayuda oficial de ningún tipo.
Ejército, Medio Ambiente, Brifor, Ayuntamiento, Cabildo, Gobierno de Canarias, Guardia Civil, Policía Canaria, helicópteros e hidroaviones... nada fue suficiente para salvar al Pino Milenario de Vilaflor que cayó víctima de la ignominia a la que tanto nos tienen acostumbrados estos 'patriotas' canarios que por lo único que tienen respeto es por sus cuentas corrientes. Lo demás les importa todo un carajo, y si es algo relacionado con lo más valioso de nuestro patrimonio natural, como se están encargando de demostrar en la costa de Granadilla, pues peor me lo pintan: ¡Qué arda!
Pero pese a todo, y aunque el Cabildo ande enredado con unas absurdas y falsas estadísticas en las que un día dice que el fuego afectó al 1% de la masa forestal de la Isla y el otro que a un 2% del pinar, tratándole de quitar importancia a lo que ha sido una catástrofe ecológica en toda regla por lo delicado de esos ecosistemas que no tienen nada que ver con las posibilidades de recuperación y a la riqueza de suelos del Norte, ya les digo yo que la tragedia del Pino Milenario de Vilaflor, que pereció a manos de estos desalmados probablemente sin precedentes en la historia de Canarias porque nunca se había visto a nadie con tantos recursos y con tan pocos escrúpulos, puede que sea coña marinera comparado con el peligro cierto y real al que se encuentra expuesto todo ese Sur turístico como le dé, él altísimo no lo quiera, por venírsenos encima un invierno chungo como el que afectó a El Hiero en 2007, al sur de La Palma en 2009 o en Tasarte también en 2009. A advertir sobre ese peligro y a adoptar todo tipo de medidas preventivas es a lo que debería estar dedicado ese Cabildo en lugar de a seguir sacando absurdas estadísticas porque no sólo es falso que la superficie afectada represente el 1% de la masa forestal o el 2% del pinar (datos ya en sí contradictorios) sino que por el riesgo que representa para el motor económico de la Isla (más expuesto que ningún otro lugar a estos riesgos fruto de una política urbanística irresponsable y disparatada) en caso de lluvias torrenciales y, por otro lado, la dificultad de recuperación para esos ecosistemas más áridos, algunos de ellos no hace tantos años afectados por otro incendio del que aún no se habían recuperado ni de lejos, hablar de porcentajes del 1% o el 2% de afección no deja de ser otra cosa que un acto más de irresponsabilidad política sin límites, además de una vulgar estafa a la inteligencia de las personas.