Jueves, 15 de Abril 2021 

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05 Oct

Después de Pedro de Vera y de Alonso Fernández de Lugo no hemos visto otro Adelantado con tanto afán de poner orden en la colonia como el almirante Guillermo Bueno. Algo raro pasa, pues no se entiende tanta premura en llevar a cabo un asunto que no es de la competencia del Reino de España y que, por su interés, debería eludir, ya que a veces es mejor callar que decir mentiras que puedan revelar la verdad al pueblo canario.

Este personaje, recién nombrado primer jefe de la marina española en Canarias, a priori, se ve dispuesto a soltar por la boca todo lo que le dicten los políticos de la metrópoli (como el desatino esgrimido por el Ministerio de Defensa para solicitar a la ONU ampliar la Zona Exclusiva de Canarias a 350 millas) y aunque no creo que esté él nada convencido de lo que tiene que declarar, pues un almirante debe conocer –digo yo– sobre materia de fronteras marítimas y del Derecho Marítimo Internacional, hace su labor, tal le encomiendan, porque para eso le pagan: con dinero y honores. Se desconoce si lo que España propone con esta reclamación ante las Naciones Unidas es darle la independencia a la nación canaria, por alguna razón que desconocemos o porque se lo exigen los nuevos acontecimientos mundiales y estratégicos. En tal sentido utiliza, el Adelantado, los argumentos y denuncias que, basadas en la legalidad, planteamos los independentistas canarios contra el intrusismo español en el conflicto de las fronteras marítimas del archipiélago –delimitación solamente aplicable cuando Canarias alcance su soberanía nacional y se convierta en un estado archipielárgico–, que evidencia la ocupación y el colonialismo en nuestra nación y de forma particular la injerencia de su Reino en un territorio que está fuera de su jurisdicción. El asunto de las fronteras en Canarias, dado su enclave geográfico –en África–, siempre deja a España fuera de juego, por lo que ésta quiere comprar al árbitro y al juez de línea para que le meta en el territorio, y nada menos que exigirle que le ruede la línea de fondo hasta 350 millas marinas, más allá de las 200 de Zona Exclusiva Económica hasta ahora reconocible a los estados soberanos. Sin embargo, hay mucha gente mirando el partido que la metrópoli juega suciamente, mas, si pudiera, lo ganaría sin la participación del rival, pero semejante fraude no se lo va a permitir la Organización
Internacional: en primer lugar, es una ilegalidad manifiesta del derecho internacional; segundo, pone en riesgo los intereses de otros territorios limítrofes (es mentira que España haya acordado ni trazado con Marruecos mediana alguna a 60 Km., además de que si, en un futuro, se concertara la frontera marítima entre Marruecos y el Estado Canario, única forma legal y posible, esa línea estaría a 48 Km.); porque se enfrenta al derecho de otros países a navegar por estas aguas, que no le reconocen a España por estar fuera de su dominio marítimo y en un limbo jurídico; en tercer lugar, Canarias no tiene reconocida ni las 200 millas, dado que sus aguas ni siquiera son internacionales sino que están dentro de la Zona Exclusiva de Marruecos; porque España está en otro continente y, sobre todo, porque Canarias ha sido invadida por su Reino a través de la fuerza de las armas y ha sometido a su pueblo durante más de quinientos años. Ya que se está en ésas, pidan también la Zona Exclusiva de la Guinea, Cuba, Puerto Rico, Filipinas... ¡qué más da!, todavía llevan la pérdida de las excolonias en el alma. Seguro que la Asamblea General de las Naciones Unidas cambiará el Derecho Internacional y la Declaración del Mar de Montego Bay porque España está de moda, su selección de fútbol es campeona del mundo, porque es un país solvente y, si no lo es, paga sus desmadres mediante una sutil depuración de los más débiles.
También, porque la ONU es conciente de que el pueblo español está muy identificado con su Borbonato y de lo emprendedora e íntegra que es la Familia Real..., en fin, porque España así lo desea y el mundo tiene que plegarse a sus pies porque lo ordena su historia. No obstante, en lo que sí acierta el Adelantado, Guillermo Bueno, es en «el valor estratégico del archipiélago como plataforma avanzada para proyectar el poder nacional como en la época de los descubrimientos y del imperio hispano atlántico o, más recientemente, para el sostenimiento y apoyo de las colonias y provincias africanas». ¡Que bonito! Pero ahí es sincero el almirante, y aunque es seguro que le han advertido que use eufemismos para referirse a Canarias, si lo ha intentado, le ha traicionado el subconsciente porque ha llamado a las cosas por su
nombre: colonia. Es de suponer que detrás de todo esto hay una gran operación militar ordenada por los yanquis y España, cual turiferario, va esparciendo el incienso.
De lo desembuchado por el militar, al parecer cuenta el Reino con derechos históricos del renacimiento y de su expansionismo, porque llevaron la civilización a los bárbaros de Canarias y de América, haciéndoles, además, el favor de retirarles el oro de sus territorios por ser un mineral tóxico para los indígenas. En sintonía, declara el Adelantado, "que llega a la colonia para robustecer la seguridad marítima, por ser la parte más alejada de la Península –se desconoce si se refiere a la Península Escandinava– y a la vez por ser frontera meridional de la OTAN y de la UE". Sí me gustaría aclararle, por si se refiere a la Península Ibérica, que estamos, con mucho más precisión, en la parte más al sur de esta península: en el Reino Unido (Gibraltar).
De todas formas, me pregunto por la utilidad de aquel reconocimiento y delimitación del Mar canario, humo que, a bombo y platillo, también de forma unilateral, hizo Paulino Rivero con el anterior gobierno del PSOE, paripé propagandístico que lanzó junto al ministro Moratino.
Creo recordar –vagamente– un gran titular de portada que decía "Canarias ya tiene aguas propias" a lo que yo manifesté que sí: la de Firgas, la de San Roque y la de Teror. Lo mismo que le digo al instruido Ministerio de Defensa que las únicas aguas que tiene España en Canarias son las embotelladas.
Sin embargo, el señor Presidente del Gobierno de Canarias no habla nada de este asunto que se está tejiendo, más que dentro de un marco diplomático y legal, en una oscura y tétrica junta militar. Si el mar de Canarias ya se lo reconocieron al archipiélago, como dijo Paulino y el ministro, ¿por qué tanto apuro ahora, por parte de España, para que le concedan unas aguas y un territorio que está fuera de su dominio jurisdiccional? ¿Es que se le va de las manos? ¿Es que otra vez nos ronda la independencia y los canarios no nos damos cuenta? ¿O es que la deuda la va a pagar España con su colonia, con su puta, con Canarias...?

A lo que no se pudo resistir el Adelantado fue a insinuar la progresiva reducción presupuestaria –aún quieren estos mamomes más estipendios–, además de que el único presupuesto que se incrementó sustancialmente fue el del Ministerio de Defensa. Lo cierto, es que el asunto de la mal llamada crisis no va con ellos, porque, ciertamente, en crisis siempre hemos estado los mismos: los que producen para engordar parásitos.
Gracias a estos periódicos digitales se puede opinar, porque los del sistema y de papel son una ignominia, un obstáculo a la libertad de expresión, pues sólo dejan publicar la demagogia y manipulación de los que están en el poder. Demasiada cancha y pábulo para quienes entierran el futuro de las venideras generaciones y ninguna línea rebelde, digna, por lo menos para replicar las patrañas de la casta dominante. ¿Libertad de expresión? No sólo es vergonzosa, da asco.

Isidro Santana León

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