En islas como Lanzarote, conscientes del problema, se han tomado medidas pero en otras como Tenerife, donde está entrando con fuerza al menos por Los Baldíos, El Rosario y partes de Candelaria, los poderes públicos no parecen prestar la más mínima atención al problema y no digamos nada de los colectivos ecologistas para los que especie introducida, sea gato o lo que sea, lo mejor es que desaparezca. Pero en fin, la realidad es que es una triste pena tener que contemplar el lamentable espectáculo que nos tocará vivir los próximos años viendo como una por una desaparecen las decenas o acaso cientos de miles de pencas o tuneras se irán secando y pudriendo una por una a lo largo y ancho de la Isla.
¿Soluciones? Las habría, pero requeriría de una vigilancia que ha la vista está que no ha existido y una intervención posible y viable que está claro que a nadie interesa pese a que en algunos casos pues sigue habiendo un aprovechamiento incluso económico mediante la venta del tradicional higo pico o tuno fundamentalmente. No parece, sin embargo, que los tiros vayan por ahí y ocurrirá lo mismo que ocurrió en La Palma sin ningún género de dudas pese a estar bien advertidos de lo que nos podía pasar y lo cerca que teníamos la amenaza. Ni caso.
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