Pero tiene un fin solidario, tiene algo de esa solidaridad que hasta hace poco parece que podíamos desarrolarla o no, porque los destinatarios finales parecían estar muy lejos. Nunca estuvieron lejos, personas con necesidad ha habido siempre y al lado de nosotros, otra cosa es que se esconda o que no la hayamos querido ver.
Creo que al final quien más ha necesitado es quien más valores materiales ha tenido, porque eso es efímero. Lo que permanece es la actitud, la firmeza de nuestro espíritu cuando hemos hecho lo responsable, lo coherente. La recogida de las almendras para ayudar a los demás es una forma de crecer por dentro, proporciona una satisfacción que no tiene precio.
Una sola almendra que se recoja para este fin es un trocito de ayuda para alguien y una gran recompensa para nosotros. Seguramente la generosidad proporcione uno de los mejores estados de ánimo que pueda tener una persona y seguro que es la mayor enseñanza que se puede dar a la gente menuda. Por eso, esta apañada es una invitación para revivir un tiempo cada vez más ausente y una sensación cada vez más necesaria.