Lunes, 23 de Noviembre 2020 

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06 Abr

Vivir en estas islas comporta cosas buenas y malas. A mí me gusta tanto ser canaria, que he de confesar que me fijo solo en las buenas. Hay alguna de esas cuestiones que son buenas y malas a la vez, como lo es la virtud/defecto de vivir el momento y, derivado de ello, especialmente, es el lamento o la crítica que leemos o escuchamos sobre lo que sucede en un hoy que indudablemente es el mañana de ayer.

Salvo que se tuviera una bola de cristal full credit, esta coyuntura no la pudo prever nadie ni en sus peores sueños. Y mucho menos previsible era conocer qué íbamos a necesitar para afrontarla: recursos, personal, energías; qué recursos, qué personal, qué energía. Y es que este mandato se estrenó con acontecimientos colocados como auténticas pesadillas uno detrás de otro (incendios, cero energético, COVID-19) y dejando en evidencia un HOY, insisto, MAÑANA DE AYER.
¿Quién no se ha topado alguna vez con ese entrenador de fútbol practicante del sillón ball, que lo mismo vocifera contra el televisor con el mando a distancia en la mano que se transforma en responsable de gobierno con un teclado que lo aguantan todo? No sé si me explico con suficiente claridad. Podemos opinar y escribir en redes o chats, pero hagámoslo con transparencia y honestidad. Para empezar, dejemos los seudónimos para que, cuando se critique que este gobierno no está preparado o no lo hace bien, sepamos si formas parte de ese ayer que no nos preparó para este hoy; cuando se desprecian decisiones e instrucciones, sepamos que tuviste responsabilidades en ese ayer que tomó decisiones y dictó instrucciones con la bola de cristal desactivada. No sé si me explico. Por lo menos, la ultraderecha dice burradas a pecho descubierto (nunca mejor dicho).
Y lo segundo, con honestidad. Resulta surrealista que, mientras nos preparábamos para hablar mil lenguas para viajar por el mundo, nos hemos visto obligados a quedarnos en casa conviviendo 16 horas, sin apenas costumbre de comunicarnos en nuestra lengua, cantando con una oreja frente a la otra y pintando con la psicomotricidad alterada. Que mientras se invertía en videosports, bandas anchas y fibras ópticas, queriendo llegar al nivel 4 de gestión, crecía, soterrada, una brecha digital familiar e individual en medio de una realidad que, por cierto, es muy variable. La recesión y las sucesivas crisis ponen a la ciudadanía contra las cuerdas. Quienes hoy pueden afrontar el coste de los soportes digitales o del acceso a la red, mañana, terminados los recursos, es posible que se sumen a aquellas familias que no pudieron acceder nunca. Hemos ido poniendo calificativos a la pobreza: económica, energética, digital. Pero nadie nos preparó para afrontarla. Otra vez el mañana de ayer.
Hay cosas que sí, hay cosas que podíamos haber tenido en cuenta, que pudieron haber tenido en cuenta quienes gobernaron y sus mimbres de años de decisiones, de inversión, de recursos, de instrucciones. Pero no voy a caer en el síndrome de tertuliana con teclado que lo aguanta todo. Creo que he sido en estos meses bastante elegante políticamente, reconociendo aciertos y asumiendo errores de los equipos anteriores. Parto de la presunción de inocencia: todas las personas hacemos todo lo que podemos. Pero si alguien ha visto una rendija por la que colar la patita, que la retire discretamente. Mucha gente me conoce. Ante la crítica injusta, partidaria, ante la insolidaridad, el egocentrismo o el oportunismo político de quienes forman parte del ayer, me vuelvo muy intransigente. Dicen que estamos experimentando, que vamos a ensayo-error, lo dicen quienes tuvieron responsabilidad y su "atado y bien atado" se quedó justito... tirando a corto.
No son tiempos de miseria, no son tiempos de guerra sucia. Muchos dramas familiares en forma de duelos y de ruinas económicas para sacar de contexto decisiones y declaraciones. Llevo 33 años en esto durante lo que se podría denominar tiempos corrientes, soportando mucha bobería, expresando mi opinión con mi nombre y apellidos y lo más respetuosamente que he podido. No hagamos sangre de la educación en tiempos de pandemia.
Pero hay algo en lo que hemos demostrado que estábamos preparados: las personas. Los trabajadores y trabajadoras de las administraciones públicas en general y el personal sanitario y docente en particular. Es la gente que tiene claro que su función pública es reforzar los pilares de la sociedad. Que no le hace falta más que reconocimiento de lo imprescindible de su trabajo, que les resuelvan sus aspectos de gestión cotidiana y que los dejen en paz. El personal que ha sabido estar donde tiene que estar, hacer lo que tiene que hacer, reinventarse, aprender, coordinarse y tirar pa'lante.
Y como no puedo aplaudirles en persona, vaya mi humilde homenaje a los equipos directivos de los centros educativos y a los compañeros y compañeras docentes. Intento imaginarme impartiendo docencia ahora – yo, que no soy precisamente una Bill Gates–, teniendo que actualizarme en los cursos de Moodle, recuperando Classroom, aprendiendo Zoom y Meet. Me pongo en la piel de quienes, queriendo llegar a 140 alumnos y alumnas, solo le responden 14. Me imagino dirigiendo CCPs (comisiones de coordinación pedagógicas) o reuniones de departamento. Y todo al mismo tiempo.
Como administración también nos estamos adaptando, se admiten sugerencias. El que haya pasado por algo siquiera similar, que nos eche una mano. Lo pongo a mi vera. Pero el que cuando pudo no quiso, es seguro que, ahora que quiere, no pueda: ¡haber activado ayer la bola de cristal full full credit para este mañana! En el canario de un compañero de Matemáticas jubilado en una cena de Navidad ya en la prehistoria de los tiempos esto se quedaría en un "bé venío más luego".

Marisol Collado Mirabal
Directora General de Personal
Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes

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